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19/6/10

¿Cómo saber y qué hacer si mi hijo consume drogas?


Cuando hablo de drogas me refiero a aquellas sustancias aceptadas socialmente como el alcohol o el tabaco, hasta las consideradas ilegales como la marihuana, pasta básica, cocaína, las de diseño como el éxtasis, entre otras.
No siempre es fácil detectar las señales que indican que nuestros hijos están usando drogas, ya que algunos de éstas son comunes en el comportamiento de adolescentes normales.
Los efectos de las drogas dependen de varios factores: qué droga se consume, la dosis, la frecuencia y las características de quien las consume. En general todas las drogas son peligrosas para ciertos individuos a determinadas dosis, incluso pequeñas, algunas son más peligrosas que otras. El uso de cualquier droga significa asumir un riesgo.
Aunque no hay ninguna señal instantánea y concreta que indique claramente que un joven pudiera estar consumiendo drogas, las siguientes que les expongo pueden ser indicios de un posible problema con nuestros hijos, y pueden ser el inicio para que usted haga un seguimiento muy cuidadoso:
Cuando hablo de drogas me refiero a aquellas sustancias aceptadas socialmente como el alcohol o el tabaco, hasta las consideradas ilegales como la marihuana, pasta básica, cocaína, las de diseño como el éxtasis, entre otras.
No siempre es fácil detectar las señales que indican que nuestros hijos están usando drogas, ya que algunos de éstas son comunes en el comportamiento de adolescentes normales.
Los efectos de las drogas dependen de varios factores: qué droga se consume, la dosis, la frecuencia y las características de quien las consume. En general todas las drogas son peligrosas para ciertos individuos a determinadas dosis, incluso pequeñas, algunas son más peligrosas que otras. El uso de cualquier droga significa asumir un riesgo.
Aunque no hay ninguna señal instantánea y concreta que indique claramente que un joven pudiera estar consumiendo drogas, las siguientes que les expongo pueden ser indicios de un posible problema con nuestros hijos, y pueden ser el inicio para que usted haga un seguimiento muy cuidadoso:
. Inasistencias al colegio o bajo rendimiento académico.
. Desmotivación, aislamiento, depresión o fatiga.
. Falta de interés en su apariencia personal.
. Hostilidad o falta de cooperación.
. Comportamiento violento, con sus compañeros y profesores.
. Falsificación de notas o firmas tanto de profesores y/o directivos como de familiares.
. Permanentes dificultades. A causa de mentiras, robos en su aula u otras aulas, peleas, citas a los padres.
. Pedir dinero prestado con frecuencia o tener dinero en efectivo extra.
. Alejamiento de la familia, de los amigos o de los pasatiempos y deportes favoritos.
. Guardar “secretos” sobre sus acciones, posesiones, su paradero o amistades.
. Cambios físicos (nariz persistentemente congestionada, ojos rojos, pupilas dilatadas o contraídas, dedos amarillos).
. Cambio en los hábitos de comida y sueño (hacerlo más o menos de lo normal) o en el peso.
. Jergas que aluden al consumo
. Cambios en su círculo de amistades. Los compañeros que permanecen mayor tiempo con el estudiante en riesgo tienen características peculiares como: bajo rendimiento, dicen ser los más “bacanes” del aula, son repitentes o han llevado cursos de cargo, manejan dinero, carecen de normas de convivencia, etc.
. Evidencia de drogas o de accesorios asociados al consumo (por ejemplo, papeles para enrollar cigarrillos o cigarrillos sin filtro, goteros, encendedores, palos de fósforo rotos, pipas, colirios, etc.).
. Desaparición de objetos de casa.
. Olor a alcohol en la respiración.
. Uso repentino y frecuente de caramelos de menta para mejorar el aliento.
. Uso de incienso o desodorantes ambientales o uso repentino de perfumes o colonias fuertes.
. Hallazgo de botellas con licores diluidos en agua.

Las acciones para observar como para intervenir en estos problemas deben respetar la dignidad de nuestros hijos. Es preciso que usted esté siempre dispuesto para recibir toda la información que su hijo le dé. Pero también debe dejarle en claro que continuará manteniendo su actitud frente al uso de las drogas (eso depende de cuál sea el nivel de tolerancia suya o el de su familia frente a ellas, quizá sea preciso pensar eso entre los adultos del hogar).

Su primera reacción podría ser angustiarse y no saber qué hacer. Lo primero que debe hacer es averiguar por qué su hijo está consumiéndolas. Quizás está pasando por un momento difícil en casa o en la escuela. El siguiente paso es hacerle saber a su hijo que usted no aprueba su uso o posesión de drogas, que está realmente desilusionado (que sepa que usted no está de acuerdo con el uso de drogas y que no aprueba que él las use). Que sepa que lo ama y siempre va a apoyarlo y guiarlo, pero no quiere que consuma drogas. Explíquele que no quiere que tome decisiones malas y que por ello le sucedan cosas malas en su vida.

Convérsele que con las drogas nunca estará saludable, ni será feliz, que puede perder muchas cosas. Señálele que aunque esté decepcionado con él porque las usó, le agradece que confíe en usted. Que quiere que le diga siempre la verdad. Que a usted no le interesa si otros lo hacen. Que su labor es asegurarse que tenga una infancia y juventud felices, pero que su principal labor es que llegue a ser un adulto responsable, y sabe que está seguro que lo podrá hacer. Pero si usa drogas, no lo logrará.
Este tema es difícil de abordar en pocas líneas, por ello sugiero busque información adicional en Internet, tanto de los efectos de las drogas legales (alcohol y tabaco) así como de las ilegales en jóvenes. Además es preciso estar alerta a cómo nosotros mismos solemos ser quienes propiciamos el consumo de drogas legales en nuestros hijos a edades tempranas, cuando sus cuerpos aún no se hallan maduros para metabolizar, por ejemplo, alcohol. Las estadísticas señalan que a menor edad de inicio en el consumo de drogas (tanto legales como ilegales) mayor riesgo de tener posteriormente problemas con ellas o generar adicciones.

Es fundamental, por lo tanto, tratar de retrasar lo más posible el momento del primer contacto.

17/11/08

Data versus El Klingon en Star Trek

Expresar mis emociones con libertad no significa trasformarme en el Klingol (personaje dominado por sus emociones violentas) de Star Trek, y por el contrario conocer lo que siento y controlarlo no significa transformarme en Data de la misma serie (androide incapaz de entender un chiste o leer entre líneas las palabras de las personas, pero, increiblemente inteligente). Ambos personajes ejemplifican formas extremas de vivenciar la dimensión emocional humana, de formas de conectarse con la riqueza de los sentimientos.

Lo real es que, es posible no pueda controlar el momento en que mis sentimientos aparezcan, pero, que sí puedo controlar el tiempo que permanecerán conmigo, evitando la furia, la angustia, la depresión, el aburrimiento o el tedio. A eso se llama autocontrol.


Una de las formas de no alentar el autocontrol en la escuela es, evitando o limitando que los chicos o las chicas expresen sus emociones, argumentando que es inapropiado por su sexo o que constituye falta de respeto, o no estimularlos hablar responsablemente acerca de lo que sienten, cuando uno habla de lo que siente, tiene mayor control sobre sus emociones, porque finalmente al verbalizarlo, se lo está diciendo así mismo, y eso permite un manejo o entendimiento diferente de lo que sucede.

Otra forma de no alentar el autocontrol es permitir que los chicos responsabilicen a otros de sus emociones. A ello lo llamamos el “Síndrome Ranma y ½”, personaje de anime japonés, que al mojarse cambia de sexo, y al mojarse con agua de otra temperatura, vuelve a su estado original.

Con esto quiero referirme a que para muchos la percepción del control de la vida es externo, está fuera de ellos.

Frases como: ”tú me haces sentir mal”, “no soporto a este compañero, me hace sentir un tonto”, “la profesora se la ha agarrado conmigo”, “él tiene la culpa, porque me provocó”, son frases comunes en este síndrome, pues todo lo que le pasa a uno es responsabilidad o culpa del resto.

Lo cierto es que cada uno genera sus emociones, de acuerdo a como percibe el entorno. Por otro lado, es útil dejar que los jóvenes asuman responsabilidades. Estas les permite ganar control sobre su cuerpo, esforzarse para vencer su fatiga, controlar sus pensamientos pesimistas, que les pide abandonar o tolerar las críticas sin explotar. Eso sí le ayudará para el futuro y no tendrá que olvidarlo.

23/10/08

Disciplinando la disciplina en la escuela

La escuela es un espacio privilegiado para el aprendizaje de la disciplina, y más aún cuando otras instituciones como la familia cifran expectativas altas respecto de lo que puede hacer el colegio, en un contexto social de violencia, crisis de autoridad, quiebre del sentido de autocontrol personal, entre otras situaciones. Una de las características de los chicos actuales es la horizontalización respecto de los padres, lo cual consiste en que el poder de los chicos en el hogar se equipara al de los padres, pareciendo éstos últimos más amigos que padres, más hermanos que padres.

Esto se ha hecho muy común y se viene generalizando a otros ambientes como la escuela, pero, es preciso ver que la horizontalización es muy común en ambientes donde hay poca claridad en la estructura de autoridad, o la autoridad es poco significativa o poderosa, o existe en la autoridad o cuerpo de autoridad sistemáticas contradicciones, desautorizaciones, desacreditaciones, lo cual les otorga una imagen de poca solidez , y brinda un ambiente propicio para que el joven con tendencia a horizontalizar sus relaciones mantenga o desarrolle dichas actitudes.

El maestro debe sentir que tiene poder, que es capaz de persuadir, que es capaz de dirigir un grupo, que puede liderar procesos, que puede marcar límites, que puede motivar al cambio, que tiene el respaldo de su inmediato superior, que junto con sus colegas organizadamente forma un cuerpo sólido e influyente en la escuela, el “empowerment” del maestro es fundamental para explicar la disciplina de los chicos. Poco se puede esperar si el maestro entra en una cadena de auto-desacreditaciones, como por ejemplo:

* Plantear reglas poco claras o hepáticas (que dependen del estado de ánimo del maestro, pero no producto de una reflexión, y no especifican una consecuencia)
* Respuestas poco claras, tardías, derivaciones, o ausencia de respuesta para enfrentar los desafíos por parte de los chicos
* Los chicos sienten que “no pasa nada”


El maestro se verá entrampado en un círculo en el cual no se sabe dónde comienzan las cosas, una cadena de mutuas “echadas de culpa”, pero, en donde claramente se puede observar que todos contribuyen, y en el cual se observa que el punto crucial por parte de los adultos es la estructuración de reglas. Si él mismo no las tiene claras, es muy difícil que los chicos las vayan a tener así.

Los chicos de por sí son inestables, alguien tiene que ser estable ante este panorama, si el maestro se descontrola, “perdió”, por ejemplo, si son púberes o adolescentes, son más inestables que en otro momento, y por cuestiones propias de su desarrollo intentarán construir parte de su identidad en la oposición al adulto y lo que significa él, el trabajar con adolescentes implica conocer esto y conocer también que a nuestra edad vivimos las crisis de la mediana edad, en que somos más susceptibles de vernos afectados por la forma como nos perciben los demás, un comentario crítico nos afecta más que en otras etapas de nuestra vida, y los chicos tratarán de demostrarnos que somos imperfectos, y si nuestros encuentros tratan de demostrarles que somos perfectos, como en una especie de competencia, resultarán más desafiantes aún. La inteligencia, la agudeza, el liderazgo, el equilibrio entre manejo disciplinario y afecto, entre reglas claras y consecuentes en mezcla con presencia cercana y respetuosa, tienen mejor efecto en la relación con los chicos. El populismo (que refleja carencias emocionales), la rigidez (que refleja incapacidad para confiar), la humillación (como un alarde del poder del adulto) han demostrado no contribuir a la formación de los chicos. El primero provoca abusos de confianza, el segundo genera mentirosos muy astutos y chicos que aprenden a jugar a ser disciplinados delante del “estricto” y pensar que la siguiente vez “tiene que ser más audaz para no ser atrapado”, y el tercero, daños emocionales, desvalorización, y en algunos casos insensibilidad y sentimientos de venganza.

La gestión o dirección es una prioridad en el aula. Esta gestión eficiente se puede efectuar a través de un modelo disciplinario que desarrolle el respeto mutuo, mejore la cooperación, que fomente la responsabilidad, que promueva un sentido de identidad en el aula, y tenga en especial, un sistema de consecuencias a las conductas de los alumnos. Jane Nelson autora de Disciplina Positiva sugiere que este manejo eficiente se puede dar:

1.Creando una atmósfera de amabilidad, firmeza, dignidad y mutuo respeto. Esto es muy importante para crear un ambiente propicio para aprender y educar.
2.Manteniendo reuniones periódicas de aula. Esto ayuda a crear un sentimiento de comunidad al interior del aula y ayuda a los estudiantes a desarrollar sus habilidades para comunicar.
3.Entendiendo el sentido de los cuatro objetivos equivocadas de una conducta: 1) obtener exceso de atención, 2) poder, 3) vengarse y 4) eludir responsabilidades / asumirse incapaz.
4.Utilizando el aliento más que el elogio o la alabanza. Alentar reconoce cualquier esfuerzo hecho por los estudiantes, aunque no resulten en logros o triunfos.
5.Asignando responsabilidades en el aula.
6.Manteniendo reuniones entre padres, maestro y estudiantes. Este punto ayuda a que el estudiante se sienta más involucrado en sus metas de aprendizaje.
7.Practicar los pasos de resolución de problemas en el aula. Estos pasos involucran a los estudiantes en la solución de sus problemas de una manera sistemática, que implica la guía inicial del maestro.

La niñez y al adolescencia son etapas irrepetibles, hermosas, en que esa imagen de la oruga convirtiéndose en mariposa deja de ser una metáfora para hacerse una pintura, son etapa con sus propias crisis y como todas las crisis, tienen muchos riesgos pero a la vez cada una de ellas es una etapa de muchas oportunidades. Es preciso ver al niño y al joven desde su otra cara, desde la cara de la posibilidades que brindan estas etapas: energía, creatividad, lealtad, reflexividad, criticidad, sensualidad, competitividad, etc. y no solo desde el lado del adulto desafiado, que puede llegar a ver al estudiante como problema y dolor de cabeza. Asimismo es preciso darles espacios en la escuela que les permitan plasmar ese otro lado de la luna, en una contribución funcional para la convivencia, actividades que los desafíen y pongan en relieve todas sus capacidades, usualmente no registradas o consideradas.

Es paradójico, pero tanto en maestros como en alumnos, el sentirse empoderizados los hace madurar, a los primeros como personas en una responsabilidad de alto impacto social como es la educación integral de sus alumnos (misión) y a los segundos al ponerlos en la ruta de su desarrollo (lo cual no significa restringir su posibilidad de participación a través del consejo estudiantil, sino explotar y desafiar las posibilidades de las organizaciones estudiantiles en las aulas, en las bases más próximas a los chicos, y en el plano individual la capacidad autocrítica, su compromiso consigo mismo y con los demás, y la lealtad) he ahí la responsabilidad de la dirección de la escuela y de los directivos: dar los espacios para empoderizar a las personas, pero también, preparar a ambos grupos para el uso del poder y para asumir la responsabilidad del crecimiento y formación de otros, y el propio desarrollo personal.