29/3/12

Mensajes vivientes: los agresores en el bullying

Entre el año 2000 y el 2011 el número de denuncias por violencia familiar en el Perú llegó a aproximadamente 300,000 (lo cual no incluye la violencia vivida en secreto). Ante este registro me preguntaba por las personas involucradas tras estas situaciones denunciadas: hombres y mujeres, padres e hijos, agresores y víctimas, personas reales. 300,000 agresores que alguna vez fueron niños, que se sentaron en una mesa familiar, que fueron a una escuela, que estuvieron en contacto con adultos, los cuales, en alguna medida, vivieron atentos a ellos, algunos desconectados, otros “atentos”, pero, sin decir una palabra, minimizando, justificando o negando las faltas mientras sus niños iban entrenándose en maltratar a otros de acuerdo con su edad y perfeccionándose en sus formas de hacerlo.

Es que los humanos vivimos siempre con la posibilidad de ser dañados, es innegable, pero tenemos a la par una gran capacidad para dañar a otros. Creo que hay algunas acciones que pueden ayudar desde el hogar para disminuir las probabilidades del uso de esa capacidad en nuestros hijos. Enfatizo en el poder de nuestras acciones y de los diálogos (preventivos algunos y otros de confronte cuando la situación lo requiera) para orientarlos y acompañarlos en el proceso de aprender a convivir con las personas que los rodean.


• Enseñarles que siempre es posible controlarse: la ira, la envidia o, los celos son emociones de todo ser humano. Es imposible controlar la aparición de estas fuerzas de la naturaleza humana en nosotros, pero sí podemos decidir qué tiempo se quedan con nosotros y cómo manejarlas.
• Reflexionar con ellos acerca de cómo podrían estar viviendo a diario de acuerdo con la “ley del embudo”, todo lo ancho y cómodo para que pase yo, pero el paso angosto y difícil para los demás, o tratando de quedar bien a costa de dejar mal a otros (difamando, ridiculizando, manipulando, subestimando, discriminando, incluso golpeando); o todo lo bueno para mí y lo menos bueno para el otro; sintiéndose orgullosos de su hazaña. Denles la oportunidad o fuércenlos a hacer acciones en beneficio de otros. Complaciéndose de cooperar con otros, de ser artífices de la alegría de otros, les ayudará a descentrarse de sí mismos, pues, los que viven la “ley del embudo” como filosofía de vida, suelen pensar que son “el último chizito de la matiné” o “la medida de todas las cosas”.
• Reflexionar con ellos acerca de que el otro es un bien en sí mismo, que es amado por muchas personas como lo son ellos, y que tiene el derecho a estar bien. Al hacer algo en contra de una persona, están yendo en contra de la gran fuerza de amor de todos aquellos que lo respaldan.
• Muchos niños tienen la idea de que “si no ataco primero, los demás siempre van a abusar de mí”. Es importante reflexionar con ellos al respecto, nuestros hijos podrían estar viviendo asustados, tratando de asegurarse de que nadie los trate como tontos o débiles, llegando incluso a dudar de las buenas intenciones de la gente, todo el perfil de una persona paranoide. A partir de la pubertad cuando se inicia el interés por desarrollar amistades genuinas, su soledad podría agudizarse, pues los demás ya no lo aceptarán como amigo, porque es (dentro de su esquema) incapaz de confiar en los demás, y la confianza es un elemento fundamental para la construcción de las amistades.
• Encender el radar ante la manipulación de cerebros maquiavélicos. Aunque no los exime de responsabilidad, nuestros hijos muchas veces hacen daño manejados por otro que odia a la víctima. Ellos creen todo lo que les dice el manipulador. Si observamos en nuestros hijos esta fragilidad para dejarse envenenar, debemos actuar pronto. Quien ahora cede con facilidad ante la presión o a la persuasión absurda y falaz, más adelante será candidato a ceder rápidamente ante la presión para realizar acciones más dañinas. Hay que fortalecer su capacidad de autonomía, incluso su capacidad para valientemente decir “yo pienso diferente y por lo tanto hago diferente”.
• Estar atentos a cómo nosotros podemos ser modelos o incitadores de aquellas actitudes o acciones que precisamente intentamos que nuestros hijos no posean. Si hablamos mal de otros padres o de los compañeros de nuestros hijos, ellos pueden sentir que al maltratar a estas personas están siendo leales con nosotros. También podemos ser modelos de violencia cuando maltratamos a personas que viven en el hogar o incluso a nuestros propios hijos, a través de la desaprobación, las amenazas, la falta de disponibilidad en la vida de ellos, al exponerlos a corrupción, al pedirles resultados más allá de la perfección, al privarlos de cuidados básicos (teniendo el dinero para hacerlo) o al programar su vida, sin considerar su opinión.


Formar una actitud a favor de la convivencia positiva es un ejercicio que demanda un autoanálisis acerca de cómo actuamos para prevenir y de cómo intervenimos cuando hay incidentes. Por su parte, a nuestros hijos les demanda valentía para detectar y enfrentar o abandonar discursos violentos a tiempo, so pena de convertirse desde ya en un candidato óptimo a formar parte de una estadística como la expuesta al principio, y peor aún, arrastrando a otros a su infelicidad. Los niños son mensajes vivientes que enviamos al futuro, en ese sentido, creo que hay mucho por hacer tanto en la escuela como en la familia; estamos a tiempo, total, aún son niños.


Recomiendo ver estos videos:
Los niños ven, los niños hacen
Make your influence positive

21/9/11

El circuito del bullying y las emociones asociadas

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Cyberbullying: ¿En qué orientar a nuestros hijos o alumnos?


El cyberbullying es el uso de internet, celulares y videojuegos online para atormentar, amenazar, hostigar, humillar o molestar a otro. Al igual que el bullying, es sistemático, busca dañar a propósito, provocar un daño evitable, es injusto, reivindica la superioridad del agresor y provoca sufrimiento sin consentimiento y con indefensión en la víctima.

Según estadísticas, el 12,1% de los chicos entre 10 y 18 años de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela ha experimentado alguna forma de cyberbullying; y el 13% de los chicos de las mismas regiones reconoce haber realizado bullying con su celular o en la red.

Este es un tema que debe considerarse más como de sentido común y comunicación que como uno de tecnología. Aquí algunas sugerencias acerca de cómo intervenir.

Identificar si es cyberbullying o un conflicto entre compañeros

Tome las cosas con serenidad. Evite, a partir de tomar conocimiento del incidente, iniciar una batalla en la red. Trate de identificar si es acoso o un conflicto ocasional entre compañeros. Trate de descubrir quién o quiénes están detrás del supuesto acoso.

Tenga en cuenta que el lenguaje usado en la red puede confundirse con acoso, quizá se trate solo de una broma o burla que podría ser pasada por alto. La mejor medida para identificar de qué se trata es ver cómo se siente su hijo respecto de ello. Si hay amenazas, se debe informar a las personas pertinentes para tomar medidas preventivas. Si es un compañero del colegio, adviértalo al tutor.

Para mayor claridad, aquí algunas formas que puede tomar el cyberbullying:

  • Mandar mensajes amenazantes por e-mail o mensajes de texto.
  • Colgar una imagen comprometedora montada o real, difundir información personal que pueda avergonzar o dañar, individual o públicamente.
  • Crear o participar en grupos o páginas donde se inste a votar en una elección sobre quién es el más feo, tonto o cualquier otro calificativo.
  • Crear un perfil falso como si fuera de la víctima, publicando “confesiones” y afectando la reputación de esta.
  • Usar la dirección de correo electrónico de la víctima para que esta reciba spam o correos no deseados de desconocidos.
  • Hackear el correo electrónico para impedir su uso, leer sus mensajes violando la intimidad.
  • Provocar a la víctima y luego denunciarla por las agresiones que dio en respuesta.
  • Envenenar con rumores sobre un supuesto comportamiento dudoso o desleal de la víctima, de forma que otros asuman, sin dudar, hacer represalias o exclusiones.

Supervisar el uso de la red
Ayude a su hijo a conocer mecanismos para tener seguridad de relacionarse con quienes realmente desea y con quienes quiere que se comuniquen con él. Estas funciones se encuentran usualmente en la configuración de privacidad de sus cuentas de Facebook u otras redes sociales. Otra forma de acompañarlo es hacerse amigo de su hijo en la red.

“Googlee” a su hijo
Haga un seguimiento de cómo se comporta su hijo en la red. “Googlee” a su hijo a través de sus nombres, nicks, correos, dirección, números de teléfono, blogs creados por él. Puede usar la función Google Alertas para que periódicamente le llegue información a su correo de lo que publica su hijo en línea.

Orientar acerca de lo que publica, coloca o trasmite en las redes sociales
En los jóvenes hay un afán por exhibirse, ser popular o figurar. Es preciso que sepa
que eso puede llevarlo a excederse en aquello que publica o hace en la red. Hay que conversar acerca de cómo lo que publique, coloque o trasmita (textos, fotos, videos, grabaciones de voz) puede hacerlo más vulnerable al acoso si alguien tuviera la intención de dañarlo.

Bloquear al remitente
Indique a su hijo el bloqueo inmediato del remitente del acoso, si le pareció agresivo o no respondió a su petición de silenciarse o a la advertencia de ser bloqueado. Los Instant Messenger, en general, tienen la función de bloqueo de remitentes o con-tactos. Si el acosador cambiara de nick o enviara mensajes a través de otro contacto, proceda de la misma manera.

Informar al proveedor de Internet

El uso de una red social implica la aceptación expresa de un conjunto de políticas de respeto y responsabilidad en el uso del sistema. La violación de esas políticas implica la cancelación de la cuenta. Cuando suceda un incidente, denuncie al remitente ante el proveedor. En Facebook, puede hacerlo con el comando “denunciar”. Puede leer con su hijo http://www.facebook.com/safety/ El acosador debe saber que estar delante de la pantalla no lo protege de ser denunciado.

Conversar acerca de los límites de la lealtad
Muchos jóvenes, en aras de mostrar lealtad o amistad, intercambian sus passwords. El hacerlo le confiere una responsabilidad sobre la eventual suplantación y mensajes que se envíen a partir de la cadena que se puede iniciar. El password debe ser siempre mantenido en reserva.

Informar a la escuela
La escuela continúa más allá de timbre final de clases por la tarde. Sigue en los celulares, en la movilidad, a través de los smartphones y las redes sociales. El cyberbullying puede ser un camino para llevar situaciones que se dan dentro del colegio a la red. Notifique al colegio. Ello puede darle más seguridad a su hijo. Si lo acosan, guarde las pruebas.

Conociendo a los acosadores
Basado en las ideas de Parry Aftab de WiredSafety.org

El ángel vengador
Es quien alguna vez fue víctima y quiere dar una lección o quiere proteger a alguien que está siendo acosado. Usualmente aparece cuando no hay formas de expresar o denunciar acosos. Suele actuar solo.

El hambriento de poder
Interesado en demostrar que tiene poder y los compañeros hacen lo que él o ella quiere, o que puede controlar a través del miedo. Suele rodearse de audiencia, con la cual alardea de su poder. Disfruta de ver cómo se afecta la víctima y cómo los demás espectadores son manipulados en sus percepciones.

La venganza de los nerds
Su intención es asustar o avergonzar a sus víctimas y se ampara en el anonimato de internet y en el hecho de que nunca tiene que enfrentarse a ellas. Suele dedicarse a su víctima solo y mantiene sus acciones al margen de sus amigos. No tiene conciencia de la gravedad de lo que hace. Recurre al cyberbullying por poder. Debido a este impulso y a su dominio técnico, puede ser el más peligroso de todos los acosadores cibernéticos.

La regia
Busca acosar por entretenimiento, motivada por el ego y la inmadurez. Usualmente sus víctimas son otras chicas y se reúne en la habitación (pijamada) o la sala de la casa para cometer cyberbullying. Busca el reconocimiento de su poder intimidante. Cuando no resulta divertido, termina.

El acosador involuntario
Puede haber reaccionado a un mensaje de odio o de provocación recibido. No tiene intención de atacar, solamente responde sin pensar en las consecuencias de “presionar enter”. Los demás suelen sorprenderse de él cuando es identificado. Nadie lo podría creer.

16/4/11

Bullying: Dragones y Ratones


“No hay necesidad de apagar la luz del prójimo para que la nuestra pueda brillar”

El dragón y el ratón simbolizan los modos en que nuestros hijos pueden enfocar su mundo de relaciones sociales.Por un lado, el dragón es un animal que va dañando por ahí con el fuego de su boca y que puede simbolizar: la posición “yo gano, tu pierdes” el intento constante de conseguir las cosas por la fuerza la imposición de los propios intereses sobre los demás la agresividad y el descontrol en el cuerpo y la boca la dificultad para comprender el impacto de la propia violencia sobre los otros.

Y, por otro lado, el ratón es un animal tímido que puede simbolizar: la posición “yo pierdo, tú ganas” la dificultad para expresar las insatisfacciones la vergüenza y el susto el abandono o postergación de los propios intereses, priorizando los de los otros el ser víctima del abuso de otros la dificultad para reconocer y detener la violencia de otros.

Ambos estilos (agresivo y pasivo) dificultan la posibilidad de llevarse bien con los demás y de convivir saludablemente en el mundo. La manera más adecuada de prevenir estos estilos es, ante todo, observarlos en los hijos, así como constituirnos en observadores de nosotros mismos y nuestras formas de proceder y concebir las relaciones sociales de los niños y jóvenes.
¿Qué situaciones podemos evitar o promover en el hogar para que no se consolide el estilo dragón o el estilo ratón? Aquí un listado de aquellas que parecen tener más peso:

Dragón

1. No permitir la exclusión de compañeros de las invitaciones a casa. Si hay una fiesta, estar alerta cuando de todos excluyen a uno o dos.
2. Evitar hacer comentarios negativos o desvalorizantes de otros niños o jóvenes frente a los hijos, éstos últimos podrían tomar acciones en aras de ser leales a sus padres o sentir que es válido sentir ira en nombre de sus padres.
3. No ser permisivos con la conducta agresiva de los hijos; la violencia usualmente se incrementa cuando no hay nada que la detenga.
4. No mezclar los problemas personales con otros padres de familia con las relaciones que puedan tener sus hijos o viceversa.
5. Estar alerta a los mensajes que envían a través del Facebook cuando estos son ofensivos, discriminatorios o estimulan a otros a unírseles en contra de alguien.
6. Acordar pocas reglas familiares. En caso de no cumplirlas, aplicar una consecuencia siempre. Es útil que los hijos sientan responsabilidad sobre sus actos y que sean conscientes de que éstos afectan a otros.
7. Evitar el uso excesivo del castigo o el hostigamiento (a través de un exceso de reglas), ya que los hijos suelen desplazar las acciones frente a ellos hacia otras personas.
8. Estar alertas a cómo los hijos perciben nuestros conflictos conyugales, cómo perciben nuestra forma de resolverlos: si es asertiva o si es quizá agresiva (como dragón) o pasiva (como ratón).
9. Estar atentos a cómo llegan a los hijos los mensajes de motivación al éxito y la concepción de competencia. Verificar si estos significan opacar a otros para sobresalir, para así evitar este tipo de mensajes.
10. Quizá algunas veces se vean provocados por algunos compañeros, pero deben comprender que no pueden evitar que sus compañeros se comporten como lo hacen. Sin embargo, él o ella sí puede controlar sus respuestas frente a estas situaciones.
11. Evitar mensajes en casa que estimulen, validen o alienten la violencia (física, verbal, psicológica o virtual) contra otros.
12. Si saben que sus hijos han ofendido a algún compañero, no dejen de intervenir, es una oportunidad para ayudarlos. Un niño o joven agresivo expresa la necesidad de ser ayudado a través de su conducta.


Ratón


1. No ignorar las señales de aviso como aislamiento y molestias sistemáticas de otros niños.
2. Estar alertas a mensajes que en el hogar intimiden, ridiculicen o desvaloricen a los propios hijos (todas ellas formas de rechazo), haciéndolos tolerantes a la violencia y a la exclusión de otros contra ellos.
3. Felicitar sus logros, pues al minimizarlos los invitamos a ser incompetentes o a ser alumnos brillantes, pero a un costo emocional alto. En ambos casos el mensaje es uno solo: “no eres suficientemente bueno para nosotros”.
4. Estar alerta en casa a acciones que perpetuán la pasividad (limitarles la independencia, liberarlos de responsabilidades, sobreprotegerlos, etc.), ello genera inseguridad en su propia capacidad de resolver sus problemas.
5. Observar las interacciones agresivas entre hermanos, verificar qué rol asume cada hijo en esos enfrentamientos y qué sentimientos tienen al final (estar atentos a sentimientos de sumisión o impotencia, o a molestar más para ganar atención de ellos).
6. Estimular respuestas de protección rápidas y seguras frente a la agresión (“No te permito que…”).
7. Conversar con los hijos acerca de lo que es permitido y no permitido en la relación con los compañeros, enseñarles acerca de sus derechos personales o derechos asertivos.
8. Lograr espacios con los hijos para conversar acerca de cómo se sienten y qué los estimula a sentirse así (no basta con respuestas de” bien”, “mal”, o ”más o menos”, es útil ir ampliando el lenguaje que describa sus emociones ). Hay que hacerles notar que sus padres son personas con las cuales pueden contar para hablar, con entera confianza, de lo que sienten y lo que les sucede.

Convertirse en humano es un proceso de aprendizaje de la tolerancia, del respeto y del amor, y un estar alerta a las ofertas de convertirse en dragón o ratón, para despercudirse de ellas. Este proceso de aprendizaje descansa en gran medida en la familia, otro tanto en la escuela y otro en la comunidad.

8/3/11

Quien piensa claro, siente claro

Desde muy niño eres capaz de sacar conclusiones de la interacción con tu mundo, de las experiencias, del contacto con los demás, y de los mensajes que recibes. Así se va generando tu forma individual de pensar y enfocar las cosas, lo cual constituye tu lenguaje interno, el que usas en tus conversaciones contigo mismo. Tú eres la persona a las cual siempre estás oyendo, nunca cesas de hablarte.

Pero, ¿Qué es lo que sueles decirte? ¿Qué has aprendido a decirte? ¿La conversación contigo mismo está llena de pensamientos positivos? ¿O por el contrario llena de pensamientos negativos que no proyectan la realidad?¿Cómo saber si nuestros pensamientos son negativos?


Los pensamientos negativos no se refieren a “malos pensamientos”, aunque sí pueden causar efectos desagradables, éstos suelen:


1) Usar muchas suposiciones no demostrables (“Voy a equivocarme, estoy seguro”).


2) Hablar de la realidad como si fueran catástrofes o dramas (“Es terrible no ser perfecto”)


3) Expresarse en términos de exigencias o demandas (“Los demás deben ayudarme”)


4) Producir emociones negativas de larga duración e intensidad (“Si no controlo todo será un caos”)


5) Interferir con la solución de los problemas o el logro de nuestras las metas (“Será mejor dejarlo para otro día”)


¿Pensar exageradamente puede ser considerado negativo?
Nuestros hijos, al igual que nosotros, también generan sus enfoques del mundo y los usan en sus diálogos internos.


He observado que uno que se presenta con frecuencia es el pensamiento EXTREMISTA. Este tipo de pensamiento se caracteriza por:


1) Ver las cosas en blanco y negro, sin considerar la existencia de intermedios o grises: bueno/malo, feliz/infeliz, amado/odiado, popular/impopular, perfecto/imperfecto, etc. Es un pensamiento de todo o nada, si algo no está perfecto está terrible y fatal. Por ejemplo: Papá me llama la atención, mamá sale en mi defensa, y pienso “mi padre es malo y mi mamá es buena”, me invitan a una fiesta del aula y pienso “soy popular”.


2) Desesperanzarse y abatirse por un solo hecho negativo que ocurre, y concluir que a partir de ello todo saldrá igual de mal o equivocado. Las palabras con las que suelen empezar estos pensamientos son: “siempre” o “nunca”, por ejemplo, salgo desaprobado en un curso y pienso “nunca voy a mejorar en este curso”, no encuentro mi hoja de trabajo para una tarea a entregar al día siguiente y pienso “ya repetí el año”.


3) Una pequeñez negativa oscurece los otros aspectos de la realidad, como un pequeño punto negro en una hoja blanca, como un poco de tinta negra en el agua clara, por ejemplo: comienzo una exposición con un error y pienso “ya fregué todo”, o sólo hay un compañero a la fiesta donde llego y digo “no la voy a pasar bien, esto va a estar monse”.

Me he dado cuenta de que esto me pasa a mí… pero también a mis hijos. ¿Qué puedo hacer frente al pensamiento extremista?


Así como te hablas, así sientes, actúas y decides. Nuestro lenguaje extremista tiene un poder tremendo en nuestra autoestima, a través de él podemos, programarnos para fracasar, perder, desesperarnos, juzgarnos y sancionarnos, descalificarnos, desvalorizarnos o angustiarnos.
Es prioritario, por salud emocional, aprender a modificar nuestros pensamientos para hacerlos más realistas, proporcionales a lo ocurrido y más estimulantes para enfrentar las situaciones o alcanzar nuestras metas.


1) En la vida no hay absolutos: entre el blanco y el negro tenemos una serie de matices extraordinarios. Nadie es completamente infeliz o feliz, bueno o malo, amado u odiado, popular o impopular, todos tenemos un poco o algo de todo. En lugar de calificar a la experiencia desde una visión total (“todo me sale mal”) es mejor optar por un visión puntual (“no me fue bien en el coloreo”, “creo que no expresé con claridad lo que le quise decir”). También ayuda mucho a evitar las calificaciones extremistas, medir en porcentajes el concepto que usamos, por ejemplo: si piensas “soy un completo inútil” podrías decir “soy un 30% inútil”.



Además ¿para qué esforzarse en hacerlo todo bien y perfecto? O ¿lo mejor posible y más aún?, mejor solo hacer esfuerzo en las cosas que son importantes y todo lo demás solo hacerlo, y disfrutar de aquello que nos gusta y vale la pena.

2) Si te sientes derrotado, busca pruebas –a ver si encuentras- que evidencien que siempre va a ser así. Por ejemplo: Cambia el pensamiento “nunca voy a ser feliz” por “hoy ha sido un día difícil” o “esta semana ha sido dura”. Convierte lo aparentemente estable en temporal.


3) Cambia el radar que selecciona sólo lo negativo y el error, para que alcance a todo el panorama. Considera que si usas contigo mismo el radar negro, lo más probable es que afectes tu sensación de valor personal, y para los otros será difícil valorar a alguien que no se valora.


4) Ten en cuenta un listado de tus habilidades y cuando tengas la tentación de usar tu radar negro, léela o recuérdala. Agradece cuando alguien te haga un cumplido, acéptalo como parte de la percepción positiva que el otro tiene de ti, quizá has hallado una nueva habilidad para poner en tu lista.


La salud mental no solamente se construye acumulando experiencias agradables, creándolas y viviéndolas intensamente. Es fundamental también tener pensamientos e interpretaciones claras y realistas acerca de lo que experimentamos, pues quien piensa claro, siente claro también. Enséñales a tus hijos a hacer lo mismo.

17/10/10

La moda es estar flaca

Bombardeadas por mensajes de “la moda es estar flaca”, las chicas pueden llegar a desarrollar una imagen distorsionada de su cuerpo, viéndose a sí mismas gordas, a pesar de llegar a estar peligrosamente delgadas. Cuando comparan la propia imagen corporal con el ideal interiorizado, surgen sentimientos de insatisfacción, ansiedad y una necesidad compulsiva de cambio físico.

Entonces, aparecen los trastornos (anorexia o bulimia), las jóvenes recurren a dejar de comer, a someterse a purgas mediante vómitos, diuréticos o laxantes; realizar ejercicios físicos de manera compulsiva o desgaste de zonas específicas de su cuerpo, poniendo en peligro su salud física y psicológica. Los adolescentes varones también pueden presentar estos trastornos, aunque en menor número.

Debemos estar alertas a los signos que nos indican que nuestra hija puede estar desarrollando un trastorno de este tipo, estos signos sugieren que se puede haber instalado una asociación estrecha entre delgadez y bienestar emocional. Algunos que voy a mencionar se detectan al dialogar y al estar atentos a sus emociones:

•Preferir comer a solas.
•Contar las calorías o gramos de grasa en los alimentos.
•Decir que se siente gorda, a pesar de no ser así.
•Realiza dietas excesivas.
•Comer grandes cantidades de alimento en un periodo corto de tiempo.
•Inducirse a vomitar después de comer o tomar algo.
•Pesarse varias veces al día.
•Manifestar tristeza o desagrado cuando se observa en el espejo.
•Comer cuando está ansiosa, deprimida o se siente sola.
•Hacer ejercicio en exceso.
•Utilizar laxantes, pastillas para bajar de peso o diuréticos cada semana.
•Sentirse frecuentemente deprimida o infeliz consigo misma.
•Considerar como muy importante el tema del peso en sus conversaciones con el grupo que la rodea.
•Observarla preocupada o con sentimientos de culpa acerca de lo que come y cuánto come.
•Aislarse de la familia y los amigos. Dejar de participar en actividades que solían ser de su agrado.
•Alterarse cuando hacemos comentarios relacionados con su alimentación
•Manifestar que siente que otros lo presionan para que adelgace.
•Expresar de alguna manera que el peso es una de las pocas cosas en las cuales puede tener control. Expresar que las personas pueden “meterse” en todo, menos en lo concerniente a su alimentación.

¿Qué podemos hacer los padres para prevenir estos trastornos?
Oriente a su hija para que:
•Reconozca y exprese sus sentimientos.
•Identifique sus necesidades propias y las satisfaga sin perjudicar a otros.
•Aprenda a vestirse cómodamente, antes que a la moda.
•Rompa el hábito de comparar su apariencia con la de los o las demás.
•Acepte su cuerpo, lo cuide y lo quiera.
•Acepte que nadie es perfecto y que toda persona comete errores.
•Cuando se mire al espejo, se asegure de percibir qué es lo que le gusta y se lo recuerde a sí misma.
•Cuando conozca a otros se centre en algo concreto al margen de su apariencia: esforzarse por ser interesante, ingeniosa, agradable o receptiva.
•Elogie a las personas por otras razones que no sean la apariencia física.
•Cuide entrenamientos y dietas, sobre todo si es atleta.
•Evite hacer dietas sin el consejo de un médico.
•Participe en las comidas familiares que estrechan los lazos de afecto entre los miembros.
•Rechace la moda de la delgadez como una llave al éxito y a la aceptación social.
•Critique aquellos mensajes (en medios de comunicación o a su alrededor) que la hagan sentir mal con su cuerpo y su aspecto.

Por otro lado, hay que:
•Estar alerta a los mensajes que le damos a nuestra hija, que de alguna manera la programen o estimulen a la delgadez como patrón de salud o como medio de aceptación social: “Si sigues comiendo así, te vas a convertir en una gorda”, “Deja ya de comer, después no te quejes si no te invitan a…”, etc.
•Observar en nosotros mismos, si como personas estamos muy pendientes de nuestra figura, y eso puede también crear una expectativa en nuestra hija.
•Velar porque la familia consuma alimentos sanos.
•Evitar sobredimensionar la apariencia física de su hija como factor de valor personal, apréciela por lo que es, más que por la forma en que luce.
Los trastornos alimenticios provocan un deterioro de la autoestima, de los sentimientos de independencia y del control de la propia vida, de los vínculos familiares y sociales y pueden, incluso, provocar la muerte.
Por ello es importantísimo observar y detectar sus signos a tiempo, dándoles su real magnitud. No sirve de nada encubrir el problema.

17/7/10

¿Cómo ayudar a mis alumnos que no atienden en clase?

Aquí les listo algunas sugerencias que se pueden utilizar desde el rol como maestro para ayudar a los estudiantes con dificultades atencionales, su uso puede ayudar significativamente el aprendizaje de ellos

1. De las instrucciones de una en una, éstas deben ser concretas, cortas y en un lenguaje positivo. Con el objetivo de facilitar el cumplimiento de las instrucciones por parte del alumno será necesario, en primer lugar, que se establezca contacto ocular o proximidad física con é, asegurando así su atención, y en segundo lugar, pídale de vez en cuando y privadamente que las repita, para asegurarse de que ha captado la información, no de por hecho que la ha captado. Esta sugerencia puede ayudar con todo el aula, incluso con aquellos que no tienen dificultades atencionales.

2. Explique a todos el vocabulario empleado en las instrucciones de los ejercicios o fichas, eso implica verificar si tiene claros los conceptos previos.

3. Asegúrese de que su alumno dispone de todo el material necesario para realizar la tarea y así evitar que se levante o se disperse.

4. Acuerde con el adolescente una clave gestual para cuando necesite llamarle la atención. Si interrumpe mucho ofrézcale la norma por escrito o a través de un dibujo en un lugar visible para él (“para intervenir es necesario estar en silencio, bien sentado en la mesa y con la mano levantada”) ó pacte con él señales silenciosas como recordatorio (tocar, mirar, hacer un guiño) y mantenerse a menudo cerca de él.

5. Incentive el subrayado.

6. Divida la presentación de tareas en pequeñas partes y pídalas en cortos espacios de tiempo. Eso le ayudará a que se marque objetivos concretos y cortos.

7. Promueva las actividades visuales y dinámicas en la metodología de clase. Identificar el estilo de aprendizaje del alumno, si es un aprendiz visual le será útil practicar el uso de esquemas y resúmenes previa a las evaluaciones, si es auditivo las conversaciones acerca de los temas son un interesante medio y si es kinestésico les será funcional el hacer cosas o experimentar con la información para aprender.

8. Intente prever momentos clave en que sabe que pierde fácilmente la atención: los momentos de transición de una clase a otra, tareas en aula poco planificadas, introducción a un tema nuevo, recordar algo que ya se hizo, momentos sin actividad, etc.

9. Si está llevando terapia, pactar previamente con el adolescente señales de recordatorio para aplicar las técnicas de autocontrol o relajación, cuando observemos que es necesario ejecutarlas, el maestro puede ofrecerse para funcionar como un radar. Una de las características de las dificultades atencionales es que imposibilita la capacidad para ser consciente del propio descontrol.


10. Revise con frecuencia sus tareas, establecer comunicación con los padres para la supervisión por ambas partes.

11. Animar a utilizar la agenda de forma sistemática, supervisarle y felicitarle por su uso.

12. Asegurarse de que dedica un tiempo al estudio, al repaso diario y a organizar sus apuntes y tareas diarias en casa, en muchos casos los papás no están en casa y hay poca o ninguna supervisión, tenga la garantía que quien le ayuda en casa no le está dando demasiadas ayudas para hacer sus tareas, que enfatice más en enseñarle estrategias más que darle respuestas.

13. Una estrategia escolar para el manejo de la desconcentración en la resolución de tareas en clase consiste en: Parar, Mirar alrededor, Qué tengo que hacer, Cómo lo haré, Me concentro, Lo hago, auto-reforzamiento o Repaso desde el punto de fracaso. Ser guía de sí mismo es uno de los desafíos de los alumnos con dificultades atencionales. Dele el modelo a todo el aula y hágala ejercitarse. En gran medida las dificultades atencionales obedecen a una dificultad para hablarse a sí mismo y darse instrucciones para alejar los distractores y persistir en una tarea no obstante el tedio, es preciso ayudarle a saber qué es lo que va a hacer antes de iniciar algo, a pensar en las consecuencias (qué ocurriría si ...), guiarse a sí mismo, pensar en cómo puede corregirse a sí mismo cuando va haciendo las cosas (tengo que ir más lento, cálmate ...), y de auto-elogio (¡lo estoy haciendo “bacán”!).

14. Es preciso vigilar la ingesta de alimentos ricos en azúcar tanto en la lonchera como los que compra en el kiosko; el azúcar, la comida chatarra o el exceso de calorías provee de una energía adicional que en un alumno con dificultades atencionales no lo predispone a mantenerse tranquilo.

9/7/10

Las Vuvuzelas y el poder del lenguaje positivo

Este Mundial se recordará por las sorpresas, pero también por el sonido de las vuvuzelas, una especie de trompetas que usaban los hinchas sudafricanos para alentar a su equipo, y que cuyo uso se ha generalizado en gran parte de la hinchada.

A veces como un zumbido de abejas, a veces como un coro de elefantes, todo ello para influir positivamente en su equipo, para motivarlos a emprender la batalla como abejas o como elefantes, organizados y enérgicos, con un solo objetivo y bajo una misma estrategia.

Los deseos positivos tienen un poder inmenso sobre quienes los reciben. De alguna manera programan sus mentes y los predisponen al éxito. El lenguaje tiene un gran poder: el poder de invitar al cambio.

En esta corta nota, quiero reflexionar acerca de cómo venimos usando nuestra vuvuzela en los diálogos con nuestros hijos, dicho de otra manera, cómo venimos usando nuestro lenguaje, este delicado instrumento, para alentarlos al cambio.

Los padres tenemos una influencia intransferible sobre nuestros hijos. Según un estudio que llegó hace unas semanas a mis manos, hemos vuelto a ser los principales referentes de nuestros hijos (hinchas y directores técnicos) aún por encima de los amigos. Nuestro lenguaje y nuestra forma de actuar son los medios privilegiados para comunicar y moldear una visión del mundo, pero también, moldean la visión de sí mismos que tienen nuestros hijos. Luego, desde ese molde valoran y juzgan al mundo y, también, a sí mismos.Si nuestros hijos experimentan con frecuencia la motivación positiva de nuestras palabras, éstas les sirven de modelo para expresar más fácilmente el afecto y aliento a otros a través de las propias, así como a hablarse positivamente a sí mismos, y en esos momentos difíciles, a través de su propio lenguaje alentador y optimista, a sobreponerse a las adversidades.

Las palabras expresadas en sentido positivo, imprimen una energía especial y permiten acceder a una lectura o percepción diferente de las cosas, usualmente más intensa y estimulante, como el mapa de la búsqueda del tesoro en vez de un mapa de secretos mortales que evitar.

Aquí pongo algunos ejemplos, que tienen las limitaciones del lenguaje escrito, pero que con las inflexiones emotivas de su voz podrían invitar a sentir y a hacer diferente. Intentemos probar un uso diferente de nuestro lenguaje en situaciones en las que acostumbramos usar un lenguaje atemorizante, desalentador o sarcástico. Evitemos el uso de la palabra “no” (que suele tener un efecto boomerang) al inicio de nuestros diálogos:

“La siguiente vez no salgas jalado” cambiarla por “La próxima vez seguro que tus notas mejorarán”

“No sé cómo lo lograste” por “Eso es lo que yo esperaba de ti”

“No te equivoques” por “Yo sé que lo harás”

“Es bien raro que hagas eso, ¿qué te pasó?” por “¡Qué sorpresa tan buena me diste!”

“No deseo que te pase nada malo” por “Quiero para ti lo mejor”

“No demores” por “Sé puntual”

“No estuvo mal lo que hiciste” por “Me siento orgulloso de ti”

“No te quedes callado” por “Dile lo que piensas”

“No noto avances rápidos” por “Cada día eres mejor”

“No sé si creerte esta vez” por “Creo en lo que me estás diciendo y sé que lo lograrás”

“Nunca cambias” por “Intenta una vez más. Estoy seguro de que te saldrá mejor esta vez”

“¿No entiendes, caramba?” por “Ven y te explico”

“Cállate y no llores” por “Ven, cálmate, respira y explícame lo que deseas”

“No te distraigas ni canses” por “Mantente atento a cada detalle y participa”

Vuvuzela significa en lenguaje zulú “baño de sonido”, ¿qué tanto nuestro lenguaje es un baño de sonidos y mensajes alentadores para nuestros hijos?. Intentemos probar el uso de un lenguaje positivo en algún momento en que nos hayamos acostumbrado a no hacerlo y observemos el efecto que tiene este cambio.

19/6/10

Si todas las teclas del piano sonaran igual …


Hay ocasiones en que nos quedamos absortos mirando el sueño de nuestros hijos y nos preguntamos cuán amados serán en el futuro, deseando que hallen personas que los quieran tanto como nosotros. Sin embargo, lo real es que a medida que los hijos crecen, perdemos el control del mundo en el que viven. De hecho, este no es tan protector como el de la familia o la escuela. Por esto es importante que los ayudemos a reducir los riesgos que implica este “salir afuera”. Ser tolerante hoy en día es remar contra la corriente. Ayudarlos a forjar compañerismo y amistad mutua es una empresa complicada cuando los mensajes que se reciben en los medios de comunicación sobre la forma de relacionarnos tratan de excluir, chismear, “maletear”, “franelear”, aprovecharse del otro, coludirse en contra del diferente o fanatizarse en una especie de logia, distorsionando el sentido de la amistad y las relaciones sociales, y adjudicándole al niño o joven un rol equivocado que puede asumir como su estilo de vincularse con las personas. 

¿En qué medida nuestras acciones contribuyen a que esos mensajes calen más rápido o se agudicen en nuestros hijos? Evitemos apoyar acciones o actitudes en ellos que, a corto o mediano plazo, inviten a que las personas que los rodean les muestren lo peor de sí mismas.Ayudémosles a ser tolerantes con los demás. Tolerar es una forma de invitar al otro a “ser parte de”. Cuando nuestros hijos están en contacto con diferentes formas de ser y vivir, aprenden a aceptar con naturalidad las diferencias y los enfoques diversos de las personas. Estas podrían tener razón además de una propia concepción especial de la felicidad.

Si todas las teclas del piano sonaran igual, no se podrían crear armonías musicales. Quizá por ello, cuando se compone una pieza musical, se habla de “arreglos”, pues las notas deben “arreglárselas” para armonizar en una hermosa convivencia. La posibilidad de la convivencia radica en el respeto y la valoración de las diferencias, en aceptar que los demás son como son y no en pretender que sean como nosotros quisiéramos que sean. Cuando tratamos de descubrir lo mejor que hay en los demás, esa visión selectiva nos abre el panorama hacia nosotros mismos, como un boomerang, permitiéndonos hallar lo mejor de nosotros mismos también. En ese sentido adquiere valor el pensamiento “dime qué odias en los demás y te diré qué es lo que no aceptas de ti”. La tolerancia es una invitación para el afecto y aprecio de los demás.


Es una fuente de integración que permite forjar amistades íntimas y de apoyo mutuo. Educar a nuestros hijos en tolerancia implica estimularlos a entender a los demás, a cooperar, a ser sensibles a las necesidades del otro. También supone enseñarles a estar alerta y ser críticos ante la intolerancia, la discriminación y los abusos. Quien aprende a pensar de forma tolerante nunca deja de pensar así.

“Los problemas eran los mismos, queríamos paz en la tierra, amor y tolerancia entre las personas de todo el mundo. Hemos aprendido que el cambio es lento”. Paul McCartney

Autoestima = Aceptación incondicional

Las primeras imágenes que forman nuestros hijos de sí mismos y de sus acciones son construidas con información que viene del mundo que los rodea. Nuestras palabras para ellos no son meras opiniones y críticas, son sus realidades. Por ejemplo, las apreciaciones de que es “lento, enfermizo ó inútil” o la forma en que los demás se relacionan con ellos, les llegan como verdades, más aún si se trata de personas significativas. La autoestima no solo se refiere a las características que definen a alguien, sino también a cómo se siente acerca de esa imagen que va construyendo de sí mismo, es decir uno se puede sentir contento y satisfecho con esa imagen, quizá no tanto, o quizá la mire con desagrado. La principal alerta de una baja autoestima es la necesidad imperiosa y excesiva dependencia de la aprobación o afecto de parte de los demás. El niño o joven con baja autoestima crea formas en aras de lograr aprobación y el afecto que desea. Lo hace a través de formas que van de lo agresivo a lo sutil, usando: el chantaje, el alarde, la lástima, la transformación, la exigencia de justicia, o por medio de amenazas.


Estos pensamientos se expresan a través de auto críticas e insatisfacción consigo mismo, mostrando sensibilidad a la crítica (resintiéndose con quien hizo la crítica o achacando la responsabilidad a otros), evitando arriesgarse o tomar decisiones, tratando de hacer todo con perfección obsesiva, explotando en cólera por cosas de poca importancia, expresando que nada le es suficiente (todo le decepciona, nada está a la altura de como quiere las cosas), viendo todo oscuro, incluso a sí mismo.

Cuando la capacidad de razonar se va desarrollando con el paso de los años, sucede algo eminentemente humano, el niño se habla a sí mismo, su propio lenguaje se convierte en una gran influencia, entonces es preciso en
señarle a tener cuidado acerca de lo que dice sobre sí.

Hay que enseñarle a juzgar sus conductas y actitudes pero no su esencia, él es valioso incondicionalmente. Y para ello, tiene que aprender a cambiar en su lenguaje el verbo “ser” por el verbo “tener”. Por ejemplo:

Si el niño califica o juzga su esencia, se invita a sí mismo a reflejar eso al mundo, se inhibirá de hacer algunas cosas, justificándose en que “soy así”, “es mi manera de ser”.

En los diálogos que tenga con su hijo dele la esperanza o la realidad de no reconocerse permanente en algo (como una etiqueta), de que diferencie sus acciones de su persona, si ha incurrido en un error, no es un tonto o un fracasado; si ha obtenido bajas calificaciones, no es un flojo; si le ha ido exitósamente en algo, nos pone cont
entos como padres, pero no significa que va a tener éxito en todo, ni tampoco se debe sentirse obligado a ello; etc.

Si se cree las etiquetas que él mismo generó sobre sí mismo y que lo califican negativamente, no hará esfuerzos por aprender formas nuevas
de comportarse, porque irán en contra de su “forma de ser”. Ayúdele a valorarse comenzando por enseñarle a diferenciar sus conductas de su persona, sus conductas pueden ser juzgadas como buenas o malas, productivas o no, exitosas o erradas, útiles o no, en algún porcentaje y bajo ciertas condiciones, pero, su esencia como persona es valiosa incondicionalmente.