Este BLOG está orientado a exponer recursos para las distintas dimensiones de vivencia y necesidad de las comunidades educativas. Este BLOG contiene investigación y opinión en psicopedagogía y problemáticas escolares, recursos de capacitación con alumnos, padres, maestros y organización, así como en consejería con los diferentes grupos del contexto escolar. Bienvenidos a Zkuela.
Gina, una adolescente, descubrió esta semana que sus padres han leído su diario; Sebastián se queda callado después de que su profesor lo ha castigado injustamente; Andrea se da cuenta de que una compañera ha estado regando información falsa sobre ella, afectando su reputación, y Alonso es segregado por su compañeros porque dicen que “al participar en clase los opaca y los hace quedar mal delante del profesor”. En todas estas pequeñas historias, los protagonistas experimentan la trasgresión de sus derechos: el derecho a la intimidad, a protestar cuando se es tratado de manera injusta, a ser tratado con respeto y dignidad, y a progresar, aun superando a los demás.Sin embargo, estos jóvenes pueden asumir como tolerables, aceptables y normales esas maneras con que el mundo se relaciona con ellos. Es preciso evaluar cómo los contextos que los rodean, tanto familiar como educativo y amical, pueden contribuir a esta forma de pensar.Sólo el niño o joven que siente que no es correcta la forma en la que es tratado podrá expresarse al respecto. Muchos no reconocen que deben ser tratados con igualdad y que son sujetos de múltiples derechos: derecho a que los demás preserven su integridad física y emocional, su honor y reputación, así como su intimidad y secreto; derecho a expresarse libremente de manera oral y escrita, así como a crear; derecho a la paz y tranquilidad, a la defensa de sí mismo, a tener una oportunidad, a equivocarse y corregirse, a que respeten su propiedad, a ser y pensar de acuerdo con sus propias convicciones, derecho a la libertad y a la vida.
Algunos chicos se inundan de miedo al ser expuestos a circunstancias de trasgresión de sus derechos; se paralizan y silencian, se muestran temerosos y sumisos y postergan sus propios intereses. Otros responden de manera agresiva y violenta hacia los demás con explosiones de cólera, aparentemente más seguros, pero culminan en trasgresiones mayores a las que lo provocaron a actuar de esa manera. No es raro que encuentren que el ser más violento es un medio para obtener un cambio rápido en las situaciones y personas, pero con un costo social tremendo. Aprenden que para ser escuchados, debe gritar y, prontamente, que para escuchar deben ser gritados.
Uno de los aspectos que podemos desarrollar en nuestros hijos, como parte de su crecimiento en autonomía, seguridad en sí mismos y ciudadanía es la habilidad de expresar sus quejas e insatisfacciones, así como a defender sus derechos de manera clara, enérgica y respetuosa.
Hay un dicho en Perú, “el que no llora no mama”, que refiere a esa relación condicional que hemos establecido de que hay que quejarse para ser sujeto de un trato igualitario. Algunos amigos y yo coincidimos en que la cantidad de estímulos que recibimos para poner en uso la habilidad de “expresar una queja” es mayor acá que la experimentada en otros países, lo cual puede ser un indicador de cuán trasgresores podemos ser.
Pero ¿habrá un punto de partida, un proceso para enseñar a nuestro(a) hijo(a) a expresar insatisfacciones o defender sus derechos? Esbozaré un proceso:
Paso 1. El cuerpo suele avisar que está insatisfecho con algo o que está siendo tratado de manera injusta: hay tensión muscular, sube la presión arterial, cosquillea el estómago. En el caso de los chicos, es preciso hacerle pensar en qué ha sucedido para que se sienta así: ¿están dejándole de lado, faltándole el respeto, tomándole el pelo, aprovechándose de él?
Paso 2. Que decida ante quién se quejará, ya que los problemas se intentan arreglar primero con el infractor. Nuestros hijos a veces conversan de sus insatisfacciones con otros amigos, los cuales suelen coludirse con él; en otros casos, en aras de sentirse más tranquilos o con poder sobre esa persona, hablan a sus espaldas o, en otros casos, no le cuentan a nadie, sufren y alimentan su inseguridad.
Paso 3. Quejarse ante esa persona teniendo en cuenta cómo lo hará, si será amable, sereno, pausado o enérgico; en el acto o en otro momento; si lo hará en privado o en público; mirándolo a los ojos o a través de una llamada telefónica, etc.
Paso 4. Plantear una sugerencia para resolver lo que está sucediendo. Esto marca una diferencia frente al solo hecho de lamentarse; refleja nuestras expectativas sobre el comportamiento de la otra persona. Finalmente, para cerrar, puede preguntar si el trasgresor está de acuerdo con lo propuesto.
Cuando oriento a los chicos acerca de este punto en particular, enseño la técnica de cuatro tiempos, que consiste en: Yo me siento (emoción)…, cuando tú haces (describir el comportamiento del que trasgrede…, pues eso significa que (qué mensaje o interpretación le atribuimos a dicha conducta)…, por lo tanto necesito que (sugerencia)… .
Ejemplos: “Papás, me siento muy decepcionada desde que supe que ustedes revisan mi diario, eso significa que no confían en mí y que no respetan mi privacidad. Si ustedes desean saber algo personal, pregúntenmelo a mí, yo les responderé”.
“Profesor, me siento muy confundido cuando usted me responsabiliza sin escucharme de algo en lo cual, estando cerca, no tuve nada que ver. Eso para mí significa que no respeta mi derecho a ser escuchado y defenderme, déjeme explicarle lo sucedido”.
“Yo me siento molesto cuando me pateas como broma. Yo creo que no te importa si me dañas; si quieres bromear, que sea solo de palabras”.
“Yo me siento presionado cuando ustedes dicen que me quede callado en clase porque los hago quedar mal, cuando en realidad deseo preguntar y participar. Para mi familia, es un gran esfuerzo que yo venga acá y he venido a aprender. Creo que a ustedes eso les importa poco, yo respeto que ustedes se queden callados, ustedes respeten mi deseo de participar”.
Defender nuestros derechos exige más valentía, audacia, rapidez, inteligencia y a veces picardía que las expresadas por los que los trasgreden. De hecho, esto es mejor que quedarse en silencio o responder con una agresión física o verbal.
Esto que he esbozado es solo una forma de hacerlo. Imagino que usted tendrá otras estrategias, pero ya sea de una u otra forma, hay una secuencia que incluye: un reconocimiento emocional y mental del abuso, la puesta en evidencia de la conducta del otro como trasgresora y la exigencia de un cambio.
Es preciso recordar que toda habilidad social mientras más sea practicada, llevará a que más cómoda y hábil se sienta quien la ponga en práctica. Cuanto más modelos eficientes haya, más fácil se aprenderá y, si se obtienen resultados positivos modificando las actitudes del otro, mejor aún; sin embargo, aquí el objetivo es quedar bien con uno mismo y defender las propias convicciones acerca de lo se cree que es lo correcto y justo.
Enseñarles a nuestros hijos a defender sus derechos y manejar estas situaciones les ayudará a construir seguridad y respeto por sí mismos. Un requisito para “rebelarse” es tener conciencia de que hay algo que no están haciendo bien con nosotros las personas que nos rodean, de que estamos siendo objeto de abuso o coerción, de que está siendo trasgredido un derecho y que eso no es normal ni tolerable. El otro lado de todo esto es enseñarles a nuestros hijos que hay también deberes para con los otros. Esto les enseñará a respetarlos y considerarlos también como sujetos de derechos. Esto se llama reciprocidad.
Un hermano es un amigo obligado, un amigo es un hermano elegido.
Al hablar de amistad, no puedo evitar filtrar mis propios conceptos respecto de esta, basados en los vínculos construidos con aquellas personas que, con el tiempo, he venido a llamar amigos. Uno no puede predecir con quiénes crecerá. El inicio de una amistad, así como la manera de enriquecerla y las formas como alcanza su madurez son variadas. Sin embargo, creo identificar algunos elementos que, como un patrón, permanecen relativamente constantes en este proceso que hace que un desconocido se constituya en un hermano elegido.Indagué con respecto de la historia de algunas amistades célebres y hallé las de Plácido Domingo y José Carreras, Leonardo Da Vinci y Nicolás Maquiavelo, Albert Einstein y Marcel Grossmann, Papa Juan Pablo II y el Cardenal Ratzinger, Ludwig van Beethoven y Franz Schubert, entre otras.En estos vínculos percibí algunos puntos de partida y motivaciones interesantes para la amistad: la gratitud profunda, la admiración mutua, el servicio desinteresado al otro, la responsabilidad asumida en la misma fe, la estimulación y el aprecio constantes. Nos toca como padres revisar nuestras propias concepciones y vivencias acerca de la amistad, y orientar a nuestros hijos en el momento en que les ha tocado vivir dentro de su proceso de maduración social. En esta etapa les toca aprender a ser amigos, y es una gran responsabilidad educarlos en la confianza, el compromiso, la reciprocidad, y en el brindar y recibir afecto.
Una de las actividades que trabajo en los talleres que realizo consiste en la construcción de un radar de confianza. Es común hallar que quienes no tienen a nadie o muy pocas personas en su círculo más cercano tienden a ser desconfiados de los demás y, por lo tanto, resultan menos confiables a los otros. He observado que son personas más enfadadas, molestas con el mundo, irritadas o cínicas, y tienden a echarles la culpa a los demás de sus problemas. Cuando uno confía en otro lo inspira e invita a hacer lo mismo; la imagen de confiabilidad no se gana “contando la vida”, lo cual hasta puede resultar sospechoso. Más bien, se construye sobre la base a la credibilidad, en el proyectar que tenemos buenas intenciones con el otro, en la amabilidad y la lealtad. Si uno muestra poca confiabilidad, recibirá desconfianza de los demás. Mahatma Ghandi expresó:”Si confías, puedes ser herido, pero si no confías, nunca aprenderás a amar”. ¿Cuán confiables son nuestros hijos a los ojos de sus pares?
La sociedad nos impulsa (y a veces no hacemos mucho para detenerla) a chocar con las personas más que a comprometernos con ellas, lo cual limita nuestra posibilidad de construir relaciones significativas. Una amistad se compromete, pero no hace las cosas por el otro, no recorre la vida por el prójimo, no lleva a la persona a traicionarse a sí misma. ¿Cómo se comprometen nuestros hijos con los otros?, ¿expresan lealtad, servicio y dan lo mejor de sí o priorizan lo material a las personas?, ¿tienden a valorarlas por lo que son o por lo que significan? Si están dando más importancia a las segundas opciones de cada dilema, hay más posibilidades de que sus vínculos sean superficiales y frágiles.
En la infancia y la adolescencia uno perfila lo que puede esperar de las personas, pero también lo que les puede brindar a las personas. Es un tiempo de excelencia para desarrollar la habilidad de relacionarse, y también es donde suceden las fracturas del aprendizaje de dichas habilidades.
La historia de Pinocho describe bien ese proceso de convertirse en persona. Desde mi punto de vista el hada real de Pinocho fue Gepetto, pues el carpintero le dio la oportunidad de experimentar lo más sublime que alguien puede hacer por otro: arriesgar la vida al ir en su búsqueda. Pinocho, al impactarse y sensibilizarse por ese gesto y al decidir hacer lo mismo en reciprocidad al altruismo del anciano, se trasformó cualitativamente, dejó de ser de madera para ser humano, dejó de ser el títere que otros movían para ser el niño con motivaciones internas. El hada solo validó lo que ya Gepetto había hecho con la magia de su amor. Es importante que en muchas ocasiones los padres hagamos de Pepe Grillo para interpretarles a nuestros hijos el significado de las acciones positivas de quienes los rodean y, sobre ello, educar la gratitud y la reciprocidad. ¿Qué tan expuestos están nuestros hijos a la bondad de otros y qué tanto están aprendiendo a ser recíprocos?
La amistad es una gran oportunidad para crecer como personas y hacernos cada vez menos egocéntricos, al impulsarnos a salir de nosotros mismos. La enemistad sostenida, el abuso, la indiferencia, el poco respeto, la insensibilidad y marginación hacia otros en la infancia y adolescencia significan un retraso en la oportunidad de crecer emocional y socialmente. Ante ello hay que estar atentos pues nuestros hijos pueden estar aprendiendo mal la lección de cómo ser amigo y ser persona.
Un amigo es leal. Es confiable, pues puedes estar seguro de él y de que pensará en cuidarte, incluso sin que tú lo sepas. Siempre hace más de lo que le pides o esperas, incluso disculparte o sacrificar su propio tiempo y beneficio. Es fácil ser trasparente con él, pues te sientes aceptado como eres, quizá no avalado en muchos casos, pero sí comprendido. Entre amigos hay admiración, hay un reconocimiento de las cosas que te hacen y lo hacen valioso. Entre amigos se prioriza el afecto y el vínculo frente a los errores y malos entendidos. La maduración de la amistad toma su tiempo, estimula lo mejor de las personas y, en verdad, quien la halla, encuentra un tesoro, un ángel, un hermano.
Deseo comenzar hablando sobre una frase de Paracelsus (Suiza 1493 – Austria 1541): “Que no sea de otro quien puede ser dueño de sí mismo”. Este grito de batalla me lo imagino en boca de personas que lideraron a otras para lograr la libertad de sus pueblos, para que estos se hicieran dueños de sus destinos. Ser dueño de uno mismo, dentro del marco de responsabilidades que te confiere ser hijo, hermano y alumno, implica tener la sensación de:
* ser protagonista de tu propia historia, único, sin ser copia de nadie, con amor, protección (amable contigo mismo) y respeto hacia ti mismo, con un cuerpo que te obedece en las cosas que te propones y que no te controla. * conocerte a ti mismo (por un lado, tus fortalezas, las cuales cultivas y, por otro, las cosas que debes cambiar). * ser responsable de las consecuencias de tus actos (al no pertenecer a nadie), centrado en hacerte cada vez más dueño de ti que en adueñarte de los demás. * tener fe en ti mismo (tú eres uno de tus mejores amigos) y, como te sientes así, exigir a los demás el respeto hacia ti. * ser generoso (pues te conoces lo suficiente como para reconocer con facilidad lo que sienten los otros). * encolerizarte por la injusticia hacia alguien y tratar de hacer lo correcto a pesar de que no es fácil.
¿Algunas de estas características ya las tienes?, ¿piensas que falta algo aquí?. Esto es progresivo y se va aprendiendo. ¿Y qué significará no ser dueño de uno mismo?
* quizá ser esclavo de los otros –lo que suele ser agradablemente engañoso-. Puedes ser esclavo de tus amigos, de tus impulsos o esclavo de los objetos con: * poca autoestima y respeto por ti mismo (te desanimas rápido de ti mismo o cedes a pesar de que no estés de acuerdo). * descontrol de boca y acciones (tu cuerpo no te obedece). * pobres aspiraciones. * poca fe en ti mismo (no te arriesgas, pues sientes que te va a ir mal de todas maneras). * poca responsabilidad sobre ti (echándole la culpa a los otros de las cosas que haces o que te pasan producto de tus decisiones, o evadiéndote).
Pero lo más fuerte es que pierdes la esperanza de que algo mejor está por venir. Como ya está todo determinado y sientes que no podrás lograr mucho, te dejas arrastrar por las decisiones o manipulaciones de otros, incluso las de la TV.
Como ves, hay mucho que perder si uno no se hace dueño de uno mismo.
En tu adolescencia exiges libertad, pero tienes que tener claro de qué quieres liberarte. Me atrevo a plantearte esto: ¡Libérate de todo aquello que pone freno a tu desarrollo personal y a tus talentos!
La adolescencia es el periodo donde se construye tu personalidad. Elige, como sugiere Judy Garland, ser “… siempre una versión de primera clase de ti mismo, en lugar de una versión de segunda clase de otra persona”.
Paracelsus no fue un líder de guerras, fue más bien un científico, pero su frase es inspiradora para las batallas más fuertes: las batallas interiores.
Como ciudadano y educador considero que un maestro de policías tiene la función y obligación de entrenar a su grupo de policías en formación en: estrategia, justicia, autocontrol, liderazgo, respeto, prevención del delito, inteligencia, amor a sí mismo, honor, servicio, esto que vi el no se qué tanto contribuye con dicho aprendizaje.
En época de guerra, no creo que en condición de prisioneros sean sometidos a rampear en basura o les obliguen a tragar tierra, no podemos negar que en esos momentos quienes pasen a dicha condición sean maltratados, pero, para poder sobrellevar dichas torturas -imagino- se realizará un proceso de preparación física y psicológica, de “vacunación” contra el estrés asociado a dicha experiencia, esa preparación también imagino se dará durante el paso de los años, no como parte de su ceremonia de bienvenida. Esto que se difundió sólo fue una expresión de la deplorable situación de la vocación docente de algunos maestros en el Perú, quieralo o no estos tipos al mando son docentes, docentes que permiten que un alumno superior abuse de uno menor, amparados en la tradición y la diversión.
Por el lado de los perros, esta experiencia afianza la idea de que el abuso es normal, relativiza el sentido de respeto a sí mismo, y por el lado de los “amos”, refuerza la sensación de poder, de dominio, de gozo en el abuso, incrementa la desensibilización (pérdidad de sensibilidad) por el dolor del otro, esta última es la emoción base o requisito para dañar a otros con facilidad o menos escrúpulo.
Hay investigaciones que sostienen que los juegos de video violentos no instigan a las personas a ser más agresivas, pero, sí las hacen menos sensibles a los sentimientos de los otros, los hacen menos empáticos, imaginemos el impacto de este tipo de actos en los “amos” y la calidad de relación que establecen con las personas dentro de su institución y fuera con la comunidad, por ejemplo Ud. o yo.
Este año, quienes fueron “perros” serán “amos” de otros “perros”.
En estos sucesos, considero que tanto “perros” como “amos”, ambos fueron víctimas de algo peor: de un maestro que enseñó mal su lección.
Esta semana realicé un algunos focus groups con jóvenes desde los 11 hasta los 17 años, y entre otras conclusiones, me atrevo a decir que se ha incrementado el porcentaje de adolescentes que viven una especie de estilo clandestino, es decir, adolescentes que viven en el hogar, pero, evitan involucrarse con los miembros del hogar pues tienen demasiados secretos. Y es paradógico, los adolescentes ya no escapan del control, como sucedería hace algunos años, sino más bien el control y la protección sobre ellos de parte de sus padres han disminuído. Los progenitores que no tienen control, evitan tener algún problema doméstico, muchos están cansados de ser padres, y entre sus deseos y prioridades personales no figuran sus hijos, y en las crisis (que suceden cuando se enteran de lo que sucede con sus hijos) les es difícil reanudar su paternidad, desconocen de la importancia de su rol como padres luego de la pubertad o cuando el niño o niña tiene más de 10 años, creen que los chicos deben crecer de una manera mágica y sin que la crianza implique algún compromiso de ellos.
Los adolescentes rara vez están muy contentos con su vida, muchos de ellos no ven nada tentador en la vida de su padres y no quieren ser como ellos. Son jóvenes decepcionados de sus padres, a los cuales sólo les queda utilizarlos o exprimirlos, a veces castigarlos y degradarlos, este año más que en otros he visto jóvenes con profundo sentimientos de abandono, desconexión y soledad en la relación con sus padres, pero, también vengo observando esta sensación en chicos cada vez menores de 10 años. Estos es algo urgente por resolver, pues la clandestinidad no es mas que la expresión de profundas insatisfacciones. Nunca es tarde para expresarles cuánto nos importan y los amamos. Ver el video a continuación.
Vivir optimistamente, es distinto a mirar las cosas color de rosa. Optimismo implica tener una visión clara de las dificultades y ver las cosas con probabilidad de solución, y si no hay, no hacer que de eso dependa mi vida o mi futuro, sintiendo las cosas como desgracias insalvables y catastróficas. Ver las cosas color de rosa es distorsionar la realidad, afirmando que la vida es un paraíso. ¿Cómo los chicos no aprenden optimismo?: teniendo maestros que se hacen mártires, viviendo en constante lamento, la abnegación y la fácil resignación, así como la pasividad. Expresando que el sentido de sus vida en otras personas.
Por el contrario, una manera de modelar el optimismo es planificar ante las dificultades: estoy temeroso, voy a organizarme para enfrentarlo y vencerlo. Valore en su aula la persistencia y el esfuerzo; que los jóvenes conozcan la relación entre trabajo duro y éxito. Ellos no van a aprender a ser persistentes si no aceptan que el fracaso es algo que acompaña muy de cerca al éxito. Optimismo no es sobredimensionar lo hermoso de la vida, es tener una visión real, pero con esperanza de que puede ser mejor. Es cierto, la vida no tiene porqué ser hermosa y paradisiaca, pero en gran medida eso depende de la actitud que tome cada uno hacia ella, no es que la vida sea mala, depende de cómo la valore y eso sí depende de uno.
Lo que he mencionado pone en relieve la importancia de la presencia de los adultos en la vida de los jóvenes. Para ilustrarles, una breve historia: Un padre que lleva a sus hijos, uno de tres y otro de siete al parque de diversiones. En la entrada se lee un cartel que dice:”mayores de 6 pagan entrada”. Al llegar a la caja el boletero le pregunta por las edades de los niños, a lo que el papá responde “el doctor tiene tres y el abogado siete”. El boletero le dice soprendido “si usted me hubiera dicho que el mayor tenía seis, no me hubiera dado cuenta y no le hubiese cobrado por él” el padre le da el pago de dos entradas, le dice “así es, pero él si se hubiera dado cuenta”. Ver el video a continuación.
Expresar mis emociones con libertad no significa trasformarme en el Klingol (personaje dominado por sus emociones violentas) de Star Trek, y por el contrario conocer lo que siento y controlarlo no significa transformarme en Data de la misma serie (androide incapaz de entender un chiste o leer entre líneas las palabras de las personas, pero, increiblemente inteligente). Ambos personajes ejemplifican formas extremas de vivenciar la dimensión emocional humana, de formas de conectarse con la riqueza de los sentimientos.
Lo real es que, es posible no pueda controlar el momento en que mis sentimientos aparezcan, pero, que sí puedo controlar el tiempo que permanecerán conmigo, evitando la furia, la angustia, la depresión, el aburrimiento o el tedio. A eso se llama autocontrol.
Una de las formas de no alentar el autocontrol en la escuela es, evitando o limitando que los chicos o las chicas expresen sus emociones, argumentando que es inapropiado por su sexo o que constituye falta de respeto, o no estimularlos hablar responsablemente acerca de lo que sienten, cuando uno habla de lo que siente, tiene mayor control sobre sus emociones, porque finalmente al verbalizarlo, se lo está diciendo así mismo, y eso permite un manejo o entendimiento diferente de lo que sucede.
Otra forma de no alentar el autocontrol es permitir que los chicos responsabilicen a otros de sus emociones. A ello lo llamamos el “Síndrome Ranma y ½”, personaje de anime japonés, que al mojarse cambia de sexo, y al mojarse con agua de otra temperatura, vuelve a su estado original.
Con esto quiero referirme a que para muchos la percepción del control de la vida es externo, está fuera de ellos.
Frases como: ”tú me haces sentir mal”, “no soporto a este compañero, me hace sentir un tonto”, “la profesora se la ha agarrado conmigo”, “él tiene la culpa, porque me provocó”, son frases comunes en este síndrome, pues todo lo que le pasa a uno es responsabilidad o culpa del resto. Lo cierto es que cada uno genera sus emociones, de acuerdo a como percibe el entorno. Por otro lado, es útil dejar que los jóvenes asuman responsabilidades. Estas les permite ganar control sobre su cuerpo, esforzarse para vencer su fatiga, controlar sus pensamientos pesimistas, que les pide abandonar o tolerar las críticas sin explotar. Eso sí le ayudará para el futuro y no tendrá que olvidarlo.
El Liderazgo es distinto a la manipulación, uso o chantaje. Lo entiendo como la influencia positiva sobre otra persona. Usualmente Líder se asocia o confunde con movimiento de masas o a caudillaje. Prefiero entenderlo como una influencia inicialmente sobre la propia vida. Ello implica que el joven o la joven construya una convicción, una filosofía, a través de la cual mirar e influir sobre su mundo y dejar que esa convicción dé sentido a su vida y a lo que hace.
Aprovechemos los espacios que en el colegio se dan para la formación de convicciones. sin dejar de considerar que el hogar es un lugar propicio también para aprender el estilo de comandar las vidas.
Escuchar las distintas opiniones del joven (quien no tiene que pensar necesariamente igual que nosotros, pues, la información puede ser rebatible, pero las opiniones son puntos de vista respetables), hacer preguntas abiertas (evitando hacer preguntas camufladas que les lleven a pensar como nosotros, o a las cuales sólo pueda responder con Sí o No), ayuda mucho.
Por otro lado, no nos inmutemos o adoptemos una actitud de indiferencia ante lo que pasa alrededor. La sensibilidad y reflexión crítica con él o ella sobre los sucesos genera posiciones, y sobre ellas convicciones. Expresar discrepancias con tolerancia (pero con argumentos), dejarles ver cómo nos conducimos cuando tenemos problemas (no cómo los evitamos), dejar que descubran en lo que cree, que se haga consciente de las cosas que son importantes para él o ella, también ayuda mucho. No temamos hacerles ver, ahora más que nunca, sus contradicciones entre lo que piensa y lo que hace, pero no con el afán de culminar en “ves te lo dije”, sino para generar conciencia sobre sus actos. Dejarlos en evidencia no es malo, bien usado puede ser constructivo para que aprenda de sus errores y genere conciencia moral. El concepto de liderazgo que propongo es un liderazgo en constante construcción desde "dentro hacia fuera", es un liderazgo sobre la propia vida. Lo otro, me refiero al liderazgo sobre grupos, se sustenta en este poder personal: las propias convicciones y la persuación que se hace de ellas a otros, a través del lenguaje y las relaciones. siendo el protagonista de mi vida, puedo inspirar a que otros sean las estrellas en la propia.
Hay muchas escuelas que consideran el Liderazgo como parte de la oferta formativa de sus proyectos, antes considero preciso observar el concepto que de ello se propone, cómo se sabe que se está alcanzando ello, pero en especial, cómo se logrará.
Habrá alguna escuela que proponga el Trabajo en Red como parte de su oferta formativa, creo que ello en este punto de la historia y en el funcionamiento de los sistemas humanos actuales de trabajo, sería lo más acorde.
Hace un tiempo pregunté a un grupo de estudiantes acerca de cuáles creían que eran los factores que aseguraban el éxito personal, y encontré las siguientes respuestas: Dinero, Tecnología, Familia estable, Salud, Ser inteligente, Información, Tener vínculos. Los factores señalados pueden agruparse en dos: recursos e inteligencia. Destaca que muchos de los encuestados consideraron a la inteligencia como el factor más relevante para alcanzar el éxito, sin embargo, gente que no posee una inteligencia superior ha alcanzado mucho éxito y gente con altos niveles intelectuales, que en su momento fueron los mejores de la clase, han tenido una vida de constantes fracasos. El éxito es muy relativo, pero podría hipotetizar desde mi muy limitada subjetividad y humana experiencia que se refiere una percepción de haber logrado algo un estado de felicidad o satisfacción, productividad o entrega, asi como, de pertenencia a alguien o a grupos humanos, esta lista está abierta y creo no agotar el tema con esto. ¿Cuánto tu escuela propicia estas percepciones de logro?, ¿Cuánto tu escuela propicia el éxito?.
En realidad, uno es infinitamente más importante que sus limitaciones, sin embargo, podemos concentrarnos en todo lo que no hemos logrado, en todo lo que se nos ha negado en la vida, en todo lo que nos falta, en todo lo que se me ha hecho, y vivir en un estado de perpetua tristeza y resentimiento; o podemos concentrarnos en todo lo que sí se nos ha dado, en las bendiciones, los dones, la vida, y vivir más esperanzados y dispuesto a la bondad. Uno puede ser el protagonista y constructor de su felicidad, la cual no depende de lo que vivas, sino de cuanto y qué significado le demos a las cosas que nos suceden. En el último trabajo de proyección social del Colegio en Ventanilla, hallé familias inmensamente pobres, pero no puedo negar que algunas de ellas vivían profundamente felices. “Usa la semilla que se te ha dado” le digo a mis estudiantes mayores cuando dialogamos sobre decisiones vocacionales. Cada vez me convenzo más de que la oscuridad convive con su opuesto y de que en condiciones más terribles se hallan bendecidas por los tesoros más grandes: las fortalezas humanas. Uno de los textos que considero más esperanzadores sobre esto está en Romanos 5:20 “mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.". A veces en medio de las dificultades y el peligro es difícil ver lo maravilloso y las oportunidades que se abren, pero siempre están ahí y en ese contexto confuso se pone en funcionamiento nuestra condición humana: la decisión, puede uno confundirse y unirse a la oscuridad o rebelarse contra ella. Mucho se nos ha dado, poco tiempo debemos tener para pensar en todo lo que se nos fue negado. Rebélate con las formas que el mundo tiene para destruir y anular la identidad y el amor. El mundo dice “vístete igual a otro” vestido o vestida como otros, rebélate siendo una versión de ti mismo; el mundo te dice “aprovéchate de los demás” rebélate siendo solidario; el mundo te dice “llama la atención” haz que otros sean las estrellas; el mundo te dice que “cuando te vaya mal, échale la culpa a otros” rebélate asumiendo la responsabilidad; el mundo te dice “busca que los demás te hagan feliz” rebélate buscando hacerlos felices; el mundo te dice “tu vida no vale si no es divertida” rebélate haciendo con creatividad y pasión tu trabajo; el mundo te dice “no te esfuerces para dar ese último aliento” sacúdete de ello, inspira a otros a triunfar; el mundo te dice “las cosas son primero que las personas” rebélate y coloca las personas antes que a las cosas. El mundo te dice que odies, abuses, destruyas, mates, rebélate amando y buscando lo mejor para los que te rodean y para ti mismo. El mundo te dice que postergues tus afectos, que lo digas otro día, que no lo digas nunca, rebélate, diciéndolo ahora. Quizá sus actitudes no te gustan, pero hay cosas más importantes ¿quién eres tú para juzgarlo?. Se te ha dado tanto que debes tener poco tiempo para pensar en todo lo que te fue negado.