miércoles 21 de septiembre de 2011
Cyberbullying: ¿En qué orientar a nuestros hijos o alumnos?
El cyberbullying es el uso de internet, celulares y videojuegos online para atormentar, amenazar, hostigar, humillar o molestar a otro. Al igual que el bullying, es sistemático, busca dañar a propósito, provocar un daño evitable, es injusto, reivindica la superioridad del agresor y provoca sufrimiento sin consentimiento y con indefensión en la víctima.
Según estadísticas, el 12,1% de los chicos entre 10 y 18 años de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela ha experimentado alguna forma de cyberbullying; y el 13% de los chicos de las mismas regiones reconoce haber realizado bullying con su celular o en la red.
Este es un tema que debe considerarse más como de sentido común y comunicación que como uno de tecnología. Aquí algunas sugerencias acerca de cómo intervenir.
Identificar si es cyberbullying o un conflicto entre compañeros
Tome las cosas con serenidad. Evite, a partir de tomar conocimiento del incidente, iniciar una batalla en la red. Trate de identificar si es acoso o un conflicto ocasional entre compañeros. Trate de descubrir quién o quiénes están detrás del supuesto acoso.
Tenga en cuenta que el lenguaje usado en la red puede confundirse con acoso, quizá se trate solo de una broma o burla que podría ser pasada por alto. La mejor medida para identificar de qué se trata es ver cómo se siente su hijo respecto de ello. Si hay amenazas, se debe informar a las personas pertinentes para tomar medidas preventivas. Si es un compañero del colegio, adviértalo al tutor.
Para mayor claridad, aquí algunas formas que puede tomar el cyberbullying:
- Mandar mensajes amenazantes por e-mail o mensajes de texto.
- Colgar una imagen comprometedora montada o real, difundir información personal que pueda avergonzar o dañar, individual o públicamente.
- Crear o participar en grupos o páginas donde se inste a votar en una elección sobre quién es el más feo, tonto o cualquier otro calificativo.
- Crear un perfil falso como si fuera de la víctima, publicando “confesiones” y afectando la reputación de esta.
- Usar la dirección de correo electrónico de la víctima para que esta reciba spam o correos no deseados de desconocidos.
- Hackear el correo electrónico para impedir su uso, leer sus mensajes violando la intimidad.
- Provocar a la víctima y luego denunciarla por las agresiones que dio en respuesta.
- Envenenar con rumores sobre un supuesto comportamiento dudoso o desleal de la víctima, de forma que otros asuman, sin dudar, hacer represalias o exclusiones.
Supervisar el uso de la red
Ayude a su hijo a conocer mecanismos para tener seguridad de relacionarse con quienes realmente desea y con quienes quiere que se comuniquen con él. Estas funciones se encuentran usualmente en la configuración de privacidad de sus cuentas de Facebook u otras redes sociales. Otra forma de acompañarlo es hacerse amigo de su hijo en la red.
“Googlee” a su hijo
Haga un seguimiento de cómo se comporta su hijo en la red. “Googlee” a su hijo a través de sus nombres, nicks, correos, dirección, números de teléfono, blogs creados por él. Puede usar la función Google Alertas para que periódicamente le llegue información a su correo de lo que publica su hijo en línea.
Orientar acerca de lo que publica, coloca o trasmite en las redes sociales
En los jóvenes hay un afán por exhibirse, ser popular o figurar. Es preciso que sepa
que eso puede llevarlo a excederse en aquello que publica o hace en la red. Hay que conversar acerca de cómo lo que publique, coloque o trasmita (textos, fotos, videos, grabaciones de voz) puede hacerlo más vulnerable al acoso si alguien tuviera la intención de dañarlo.
Bloquear al remitente
Indique a su hijo el bloqueo inmediato del remitente del acoso, si le pareció agresivo o no respondió a su petición de silenciarse o a la advertencia de ser bloqueado. Los Instant Messenger, en general, tienen la función de bloqueo de remitentes o con-tactos. Si el acosador cambiara de nick o enviara mensajes a través de otro contacto, proceda de la misma manera.
Informar al proveedor de Internet
El uso de una red social implica la aceptación expresa de un conjunto de políticas de respeto y responsabilidad en el uso del sistema. La violación de esas políticas implica la cancelación de la cuenta. Cuando suceda un incidente, denuncie al remitente ante el proveedor. En Facebook, puede hacerlo con el comando “denunciar”. Puede leer con su hijo http://www.facebook.com/safety/ El acosador debe saber que estar delante de la pantalla no lo protege de ser denunciado.
Conversar acerca de los límites de la lealtad
Muchos jóvenes, en aras de mostrar lealtad o amistad, intercambian sus passwords. El hacerlo le confiere una responsabilidad sobre la eventual suplantación y mensajes que se envíen a partir de la cadena que se puede iniciar. El password debe ser siempre mantenido en reserva.
Informar a la escuela
La escuela continúa más allá de timbre final de clases por la tarde. Sigue en los celulares, en la movilidad, a través de los smartphones y las redes sociales. El cyberbullying puede ser un camino para llevar situaciones que se dan dentro del colegio a la red. Notifique al colegio. Ello puede darle más seguridad a su hijo. Si lo acosan, guarde las pruebas.
Conociendo a los acosadores
Basado en las ideas de Parry Aftab de WiredSafety.org
El ángel vengador
Es quien alguna vez fue víctima y quiere dar una lec-ción o quiere proteger a alguien que está siendo acosado. Usualmente aparece cuando no hay formas de expresar o denunciar acosos. Suele actuar solo.
El hambriento de poder
Interesado en demostrar que tiene poder y los compañeros hacen lo que él o ella quiere, o que puede controlar a través del miedo. Suele rodearse de audiencia, con la cual alardea de su poder. Disfruta de ver cómo se afecta la víctima y cómo los demás espectadores son manipulados en sus percepciones.
La venganza de los nerds
Su intención es asustar o avergonzar a sus víctimas y se ampara en el anonimato de internet y en el hecho de que nunca tiene que enfrentarse a ellas. Suele dedicarse a su víctima solo y mantiene sus acciones al margen de sus amigos. No tiene conciencia de la gravedad de lo que hace. Recurre al cyberbullying por poder. Debido a este impulso y a su dominio técnico, puede ser el más peligroso de todos los acosadores cibernéticos.
La regia
Busca acosar por entretenimiento, motivada por el ego y la inmadurez. Usualmente sus víctimas son otras chicas y se reúne en la habitación (pijamada) o la sala de la casa para cometer cyberbullying. Busca el reconocimiento de su poder intimidante. Cuando no resulta divertido, termina.
El acosador involuntario
Puede haber reaccionado a un mensaje de odio o de provocación recibido. No tiene intención de atacar, solamente responde sin pensar en las consecuencias de “presionar enter”. Los demás suelen sorprenderse de él cuando es identificado. Nadie lo podría creer.
Ayude a su hijo a conocer mecanismos para tener seguridad de relacionarse con quienes realmente desea y con quienes quiere que se comuniquen con él. Estas funciones se encuentran usualmente en la configuración de privacidad de sus cuentas de Facebook u otras redes sociales. Otra forma de acompañarlo es hacerse amigo de su hijo en la red.
“Googlee” a su hijo
Haga un seguimiento de cómo se comporta su hijo en la red. “Googlee” a su hijo a través de sus nombres, nicks, correos, dirección, números de teléfono, blogs creados por él. Puede usar la función Google Alertas para que periódicamente le llegue información a su correo de lo que publica su hijo en línea.
Orientar acerca de lo que publica, coloca o trasmite en las redes sociales
En los jóvenes hay un afán por exhibirse, ser popular o figurar. Es preciso que sepa
que eso puede llevarlo a excederse en aquello que publica o hace en la red. Hay que conversar acerca de cómo lo que publique, coloque o trasmita (textos, fotos, videos, grabaciones de voz) puede hacerlo más vulnerable al acoso si alguien tuviera la intención de dañarlo.
Bloquear al remitente
Indique a su hijo el bloqueo inmediato del remitente del acoso, si le pareció agresivo o no respondió a su petición de silenciarse o a la advertencia de ser bloqueado. Los Instant Messenger, en general, tienen la función de bloqueo de remitentes o con-tactos. Si el acosador cambiara de nick o enviara mensajes a través de otro contacto, proceda de la misma manera.
Informar al proveedor de Internet
El uso de una red social implica la aceptación expresa de un conjunto de políticas de respeto y responsabilidad en el uso del sistema. La violación de esas políticas implica la cancelación de la cuenta. Cuando suceda un incidente, denuncie al remitente ante el proveedor. En Facebook, puede hacerlo con el comando “denunciar”. Puede leer con su hijo http://www.facebook.com/safety/ El acosador debe saber que estar delante de la pantalla no lo protege de ser denunciado.
Conversar acerca de los límites de la lealtad
Muchos jóvenes, en aras de mostrar lealtad o amistad, intercambian sus passwords. El hacerlo le confiere una responsabilidad sobre la eventual suplantación y mensajes que se envíen a partir de la cadena que se puede iniciar. El password debe ser siempre mantenido en reserva.
Informar a la escuela
La escuela continúa más allá de timbre final de clases por la tarde. Sigue en los celulares, en la movilidad, a través de los smartphones y las redes sociales. El cyberbullying puede ser un camino para llevar situaciones que se dan dentro del colegio a la red. Notifique al colegio. Ello puede darle más seguridad a su hijo. Si lo acosan, guarde las pruebas.
Conociendo a los acosadores
Basado en las ideas de Parry Aftab de WiredSafety.org
El ángel vengador
Es quien alguna vez fue víctima y quiere dar una lec-ción o quiere proteger a alguien que está siendo acosado. Usualmente aparece cuando no hay formas de expresar o denunciar acosos. Suele actuar solo.
El hambriento de poder
Interesado en demostrar que tiene poder y los compañeros hacen lo que él o ella quiere, o que puede controlar a través del miedo. Suele rodearse de audiencia, con la cual alardea de su poder. Disfruta de ver cómo se afecta la víctima y cómo los demás espectadores son manipulados en sus percepciones.
La venganza de los nerds
Su intención es asustar o avergonzar a sus víctimas y se ampara en el anonimato de internet y en el hecho de que nunca tiene que enfrentarse a ellas. Suele dedicarse a su víctima solo y mantiene sus acciones al margen de sus amigos. No tiene conciencia de la gravedad de lo que hace. Recurre al cyberbullying por poder. Debido a este impulso y a su dominio técnico, puede ser el más peligroso de todos los acosadores cibernéticos.
La regia
Busca acosar por entretenimiento, motivada por el ego y la inmadurez. Usualmente sus víctimas son otras chicas y se reúne en la habitación (pijamada) o la sala de la casa para cometer cyberbullying. Busca el reconocimiento de su poder intimidante. Cuando no resulta divertido, termina.
El acosador involuntario
Puede haber reaccionado a un mensaje de odio o de provocación recibido. No tiene intención de atacar, solamente responde sin pensar en las consecuencias de “presionar enter”. Los demás suelen sorprenderse de él cuando es identificado. Nadie lo podría creer.
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sábado 16 de abril de 2011
Bullying: Dragones y Ratones

“No hay necesidad de apagar la luz del prójimo para que la nuestra pueda brillar”
El dragón y el ratón simbolizan los modos en que nuestros hijos pueden enfocar su mundo de relaciones sociales.
Por un lado, el dragón es un animal que va dañando por ahí con el fuego de su boca y que puede simbolizar: la posición “yo gano, tu pierdes” el intento constante de conseguir las cosas por la fuerza la imposición de los propios intereses sobre los demás la agresividad y el descontrol en el cuerpo y la boca la dificultad para comprender el impacto de la propia violencia sobre los otros.
Y, por otro lado, el ratón es un animal tímido que puede simbolizar: la posición “yo pierdo, tú ganas” la dificultad para expresar las insatisfacciones la vergüenza y el susto el abandono o postergación de los propios intereses, priorizando los de los otros el ser víctima del abuso de otros la dificultad para reconocer y detener la violencia de otros.
Ambos estilos (agresivo y pasivo) dificultan la posibilidad de llevarse bien con los demás y de convivir saludablemente en el mundo. La manera más adecuada de prevenir estos estilos es, ante todo, observarlos en los hijos, así como constituirnos en observadores de nosotros mismos y nuestras formas de proceder y concebir las relaciones sociales de los niños y jóvenes.
¿Qué situaciones podemos evitar o promover en el hogar para que no se consolide el estilo dragón o el estilo ratón? Aquí un listado de aquellas que parecen tener más peso:
Dragón
1. No permitir la exclusión de compañeros de las invitaciones a casa. Si hay una fiesta, estar alerta cuando de todos excluyen a uno o dos.
2. Evitar hacer comentarios negativos o desvalorizantes de otros niños o jóvenes frente a los hijos, éstos últimos podrían tomar acciones en aras de ser leales a sus padres o sentir que es válido sentir ira en nombre de sus padres.
3. No ser permisivos con la conducta agresiva de los hijos; la violencia usualmente se incrementa cuando no hay nada que la detenga.
4. No mezclar los problemas personales con otros padres de familia con las relaciones que puedan tener sus hijos o viceversa.
5. Estar alerta a los mensajes que envían a través del Facebook cuando estos son ofensivos, discriminatorios o estimulan a otros a unírseles en contra de alguien.
6. Acordar pocas reglas familiares. En caso de no cumplirlas, aplicar una consecuencia siempre. Es útil que los hijos sientan responsabilidad sobre sus actos y que sean conscientes de que éstos afectan a otros.
7. Evitar el uso excesivo del castigo o el hostigamiento (a través de un exceso de reglas), ya que los hijos suelen desplazar las acciones frente a ellos hacia otras personas.
8. Estar alertas a cómo los hijos perciben nuestros conflictos conyugales, cómo perciben nuestra forma de resolverlos: si es asertiva o si es quizá agresiva (como dragón) o pasiva (como ratón).
9. Estar atentos a cómo llegan a los hijos los mensajes de motivación al éxito y la concepción de competencia. Verificar si estos significan opacar a otros para sobresalir, para así evitar este tipo de mensajes.
10. Quizá algunas veces se vean provocados por algunos compañeros, pero deben comprender que no pueden evitar que sus compañeros se comporten como lo hacen. Sin embargo, él o ella sí puede controlar sus respuestas frente a estas situaciones.
11. Evitar mensajes en casa que estimulen, validen o alienten la violencia (física, verbal, psicológica o virtual) contra otros.
12. Si saben que sus hijos han ofendido a algún compañero, no dejen de intervenir, es una oportunidad para ayudarlos. Un niño o joven agresivo expresa la necesidad de ser ayudado a través de su conducta.
Ratón
1. No ignorar las señales de aviso como aislamiento y molestias sistemáticas de otros niños.
2. Estar alertas a mensajes que en el hogar intimiden, ridiculicen o desvaloricen a los propios hijos (todas ellas formas de rechazo), haciéndolos tolerantes a la violencia y a la exclusión de otros contra ellos.
3. Felicitar sus logros, pues al minimizarlos los invitamos a ser incompetentes o a ser alumnos brillantes, pero a un costo emocional alto. En ambos casos el mensaje es uno solo: “no eres suficientemente bueno para nosotros”.
4. Estar alerta en casa a acciones que perpetuán la pasividad (limitarles la independencia, liberarlos de responsabilidades, sobreprotegerlos, etc.), ello genera inseguridad en su propia capacidad de resolver sus problemas.
5. Observar las interacciones agresivas entre hermanos, verificar qué rol asume cada hijo en esos enfrentamientos y qué sentimientos tienen al final (estar atentos a sentimientos de sumisión o impotencia, o a molestar más para ganar atención de ellos).
6. Estimular respuestas de protección rápidas y seguras frente a la agresión (“No te permito que…”).
7. Conversar con los hijos acerca de lo que es permitido y no permitido en la relación con los compañeros, enseñarles acerca de sus derechos personales o derechos asertivos.
8. Lograr espacios con los hijos para conversar acerca de cómo se sienten y qué los estimula a sentirse así (no basta con respuestas de” bien”, “mal”, o ”más o menos”, es útil ir ampliando el lenguaje que describa sus emociones ). Hay que hacerles notar que sus padres son personas con las cuales pueden contar para hablar, con entera confianza, de lo que sienten y lo que les sucede.
Convertirse en humano es un proceso de aprendizaje de la tolerancia, del respeto y del amor, y un estar alerta a las ofertas de convertirse en dragón o ratón, para despercudirse de ellas. Este proceso de aprendizaje descansa en gran medida en la familia, otro tanto en la escuela y otro en la comunidad.
El dragón y el ratón simbolizan los modos en que nuestros hijos pueden enfocar su mundo de relaciones sociales.
Por un lado, el dragón es un animal que va dañando por ahí con el fuego de su boca y que puede simbolizar: la posición “yo gano, tu pierdes” el intento constante de conseguir las cosas por la fuerza la imposición de los propios intereses sobre los demás la agresividad y el descontrol en el cuerpo y la boca la dificultad para comprender el impacto de la propia violencia sobre los otros.
Y, por otro lado, el ratón es un animal tímido que puede simbolizar: la posición “yo pierdo, tú ganas” la dificultad para expresar las insatisfacciones la vergüenza y el susto el abandono o postergación de los propios intereses, priorizando los de los otros el ser víctima del abuso de otros la dificultad para reconocer y detener la violencia de otros.
Ambos estilos (agresivo y pasivo) dificultan la posibilidad de llevarse bien con los demás y de convivir saludablemente en el mundo. La manera más adecuada de prevenir estos estilos es, ante todo, observarlos en los hijos, así como constituirnos en observadores de nosotros mismos y nuestras formas de proceder y concebir las relaciones sociales de los niños y jóvenes.
¿Qué situaciones podemos evitar o promover en el hogar para que no se consolide el estilo dragón o el estilo ratón? Aquí un listado de aquellas que parecen tener más peso:
Dragón
1. No permitir la exclusión de compañeros de las invitaciones a casa. Si hay una fiesta, estar alerta cuando de todos excluyen a uno o dos.
2. Evitar hacer comentarios negativos o desvalorizantes de otros niños o jóvenes frente a los hijos, éstos últimos podrían tomar acciones en aras de ser leales a sus padres o sentir que es válido sentir ira en nombre de sus padres.
3. No ser permisivos con la conducta agresiva de los hijos; la violencia usualmente se incrementa cuando no hay nada que la detenga.
4. No mezclar los problemas personales con otros padres de familia con las relaciones que puedan tener sus hijos o viceversa.
5. Estar alerta a los mensajes que envían a través del Facebook cuando estos son ofensivos, discriminatorios o estimulan a otros a unírseles en contra de alguien.
6. Acordar pocas reglas familiares. En caso de no cumplirlas, aplicar una consecuencia siempre. Es útil que los hijos sientan responsabilidad sobre sus actos y que sean conscientes de que éstos afectan a otros.
7. Evitar el uso excesivo del castigo o el hostigamiento (a través de un exceso de reglas), ya que los hijos suelen desplazar las acciones frente a ellos hacia otras personas.
8. Estar alertas a cómo los hijos perciben nuestros conflictos conyugales, cómo perciben nuestra forma de resolverlos: si es asertiva o si es quizá agresiva (como dragón) o pasiva (como ratón).
9. Estar atentos a cómo llegan a los hijos los mensajes de motivación al éxito y la concepción de competencia. Verificar si estos significan opacar a otros para sobresalir, para así evitar este tipo de mensajes.
10. Quizá algunas veces se vean provocados por algunos compañeros, pero deben comprender que no pueden evitar que sus compañeros se comporten como lo hacen. Sin embargo, él o ella sí puede controlar sus respuestas frente a estas situaciones.
11. Evitar mensajes en casa que estimulen, validen o alienten la violencia (física, verbal, psicológica o virtual) contra otros.
12. Si saben que sus hijos han ofendido a algún compañero, no dejen de intervenir, es una oportunidad para ayudarlos. Un niño o joven agresivo expresa la necesidad de ser ayudado a través de su conducta.
Ratón
1. No ignorar las señales de aviso como aislamiento y molestias sistemáticas de otros niños.
2. Estar alertas a mensajes que en el hogar intimiden, ridiculicen o desvaloricen a los propios hijos (todas ellas formas de rechazo), haciéndolos tolerantes a la violencia y a la exclusión de otros contra ellos.
3. Felicitar sus logros, pues al minimizarlos los invitamos a ser incompetentes o a ser alumnos brillantes, pero a un costo emocional alto. En ambos casos el mensaje es uno solo: “no eres suficientemente bueno para nosotros”.
4. Estar alerta en casa a acciones que perpetuán la pasividad (limitarles la independencia, liberarlos de responsabilidades, sobreprotegerlos, etc.), ello genera inseguridad en su propia capacidad de resolver sus problemas.
5. Observar las interacciones agresivas entre hermanos, verificar qué rol asume cada hijo en esos enfrentamientos y qué sentimientos tienen al final (estar atentos a sentimientos de sumisión o impotencia, o a molestar más para ganar atención de ellos).
6. Estimular respuestas de protección rápidas y seguras frente a la agresión (“No te permito que…”).
7. Conversar con los hijos acerca de lo que es permitido y no permitido en la relación con los compañeros, enseñarles acerca de sus derechos personales o derechos asertivos.
8. Lograr espacios con los hijos para conversar acerca de cómo se sienten y qué los estimula a sentirse así (no basta con respuestas de” bien”, “mal”, o ”más o menos”, es útil ir ampliando el lenguaje que describa sus emociones ). Hay que hacerles notar que sus padres son personas con las cuales pueden contar para hablar, con entera confianza, de lo que sienten y lo que les sucede.
Convertirse en humano es un proceso de aprendizaje de la tolerancia, del respeto y del amor, y un estar alerta a las ofertas de convertirse en dragón o ratón, para despercudirse de ellas. Este proceso de aprendizaje descansa en gran medida en la familia, otro tanto en la escuela y otro en la comunidad.
martes 8 de marzo de 2011
Quien piensa claro, siente claro
Desde muy niño eres capaz de sacar conclusiones de la interacción con tu mundo, de las experiencias, del contacto con los demás, y de los mensajes que recibes. Así se va generando tu forma individual de pensar y enfocar las cosas, lo cual constituye tu lenguaje interno, el que usas en tus conversaciones contigo mismo. Tú eres la persona a las cual siempre estás oyendo, nunca cesas de hablarte.Pero, ¿Qué es lo que sueles decirte? ¿Qué has aprendido a decirte? ¿La conversación contigo mismo está llena de pensamientos positivos? ¿O por el contrario llena de pensamientos negativos que no proyectan la realidad?¿Cómo saber si nuestros pensamientos son negativos?
Los pensamientos negativos no se refieren a “malos pensamientos”, aunque sí pueden causar efectos desagradables, éstos suelen:
1) Usar muchas suposiciones no demostrables (“Voy a equivocarme, estoy seguro”).
2) Hablar de la realidad como si fueran catástrofes o dramas (“Es terrible no ser perfecto”)
3) Expresarse en términos de exigencias o demandas (“Los demás deben ayudarme”)
4) Producir emociones negativas de larga duración e intensidad (“Si no controlo todo será un caos”)
5) Interferir con la solución de los problemas o el logro de nuestras las metas (“Será mejor dejarlo para otro día”)
¿Pensar exageradamente puede ser considerado negativo?
Nuestros hijos, al igual que nosotros, también generan sus enfoques del mundo y los usan en sus diálogos internos.
He observado que uno que se presenta con frecuencia es el pensamiento EXTREMISTA. Este tipo de pensamiento se caracteriza por:
1) Ver las cosas en blanco y negro, sin considerar la existencia de intermedios o grises: bueno/malo, feliz/infeliz, amado/odiado, popular/impopular, perfecto/imperfecto, etc. Es un pensamiento de todo o nada, si algo no está perfecto está terrible y fatal. Por ejemplo: Papá me llama la atención, mamá sale en mi defensa, y pienso “mi padre es malo y mi mamá es buena”, me invitan a una fiesta del aula y pienso “soy popular”.
2) Desesperanzarse y abatirse por un solo hecho negativo que ocurre, y concluir que a partir de ello todo saldrá igual de mal o equivocado. Las palabras con las que suelen empezar estos pensamientos son: “siempre” o “nunca”, por ejemplo, salgo desaprobado en un curso y pienso “nunca voy a mejorar en este curso”, no encuentro mi hoja de trabajo para una tarea a entregar al día siguiente y pienso “ya repetí el año”.
3) Una pequeñez negativa oscurece los otros aspectos de la realidad, como un pequeño punto negro en una hoja blanca, como un poco de tinta negra en el agua clara, por ejemplo: comienzo una exposición con un error y pienso “ya fregué todo”, o sólo hay un compañero a la fiesta donde llego y digo “no la voy a pasar bien, esto va a estar monse”.
Me he dado cuenta de que esto me pasa a mí… pero también a mis hijos. ¿Qué puedo hacer frente al pensamiento extremista?
Así como te hablas, así sientes, actúas y decides. Nuestro lenguaje extremista tiene un poder tremendo en nuestra autoestima, a través de él podemos, programarnos para fracasar, perder, desesperarnos, juzgarnos y sancionarnos, descalificarnos, desvalorizarnos o angustiarnos.
Es prioritario, por salud emocional, aprender a modificar nuestros pensamientos para hacerlos más realistas, proporcionales a lo ocurrido y más estimulantes para enfrentar las situaciones o alcanzar nuestras metas.
1) En la vida no hay absolutos: entre el blanco y el negro tenemos una serie de matices extraordinarios. Nadie es completamente infeliz o feliz, bueno o malo, amado u odiado, popular o impopular, todos tenemos un poco o algo de todo. En lugar de calificar a la experiencia desde una visión total (“todo me sale mal”) es mejor optar por un visión puntual (“no me fue bien en el coloreo”, “creo que no expresé con claridad lo que le quise decir”). También ayuda mucho a evitar las calificaciones extremistas, medir en porcentajes el concepto que usamos, por ejemplo: si piensas “soy un completo inútil” podrías decir “soy un 30% inútil”.

Además ¿para qué esforzarse en hacerlo todo bien y perfecto? O ¿lo mejor posible y más aún?, mejor solo hacer esfuerzo en las cosas que son importantes y todo lo demás solo hacerlo, y disfrutar de aquello que nos gusta y vale la pena.
2) Si te sientes derrotado, busca pruebas –a ver si encuentras- que evidencien que siempre va a ser así. Por ejemplo: Cambia el pensamiento “nunca voy a ser feliz” por “hoy ha sido un día difícil” o “esta semana ha sido dura”. Convierte lo aparentemente estable en temporal.
3) Cambia el radar que selecciona sólo lo negativo y el error, para que alcance a todo el panorama. Considera que si usas contigo mismo el radar negro, lo más probable es que afectes tu sensación de valor personal, y para los otros será difícil valorar a alguien que no se valora.
4) Ten en cuenta un listado de tus habilidades y cuando tengas la tentación de usar tu radar negro, léela o recuérdala. Agradece cuando alguien te haga un cumplido, acéptalo como parte de la percepción positiva que el otro tiene de ti, quizá has hallado una nueva habilidad para poner en tu lista.
La salud mental no solamente se construye acumulando experiencias agradables, creándolas y viviéndolas intensamente. Es fundamental también tener pensamientos e interpretaciones claras y realistas acerca de lo que experimentamos, pues quien piensa claro, siente claro también. Enséñales a tus hijos a hacer lo mismo.
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2) Si te sientes derrotado, busca pruebas –a ver si encuentras- que evidencien que siempre va a ser así. Por ejemplo: Cambia el pensamiento “nunca voy a ser feliz” por “hoy ha sido un día difícil” o “esta semana ha sido dura”. Convierte lo aparentemente estable en temporal.
3) Cambia el radar que selecciona sólo lo negativo y el error, para que alcance a todo el panorama. Considera que si usas contigo mismo el radar negro, lo más probable es que afectes tu sensación de valor personal, y para los otros será difícil valorar a alguien que no se valora.
4) Ten en cuenta un listado de tus habilidades y cuando tengas la tentación de usar tu radar negro, léela o recuérdala. Agradece cuando alguien te haga un cumplido, acéptalo como parte de la percepción positiva que el otro tiene de ti, quizá has hallado una nueva habilidad para poner en tu lista.
La salud mental no solamente se construye acumulando experiencias agradables, creándolas y viviéndolas intensamente. Es fundamental también tener pensamientos e interpretaciones claras y realistas acerca de lo que experimentamos, pues quien piensa claro, siente claro también. Enséñales a tus hijos a hacer lo mismo.
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domingo 17 de octubre de 2010
La moda es estar flaca
Entonces, aparecen los trastornos (anorexia o bulimia), las jóvenes recurren a dejar de comer, a someterse a purgas mediante vómitos, diuréticos o laxantes; realizar ejercicios físicos de manera compulsiva o desgaste de zonas específicas de su cuerpo, poniendo en peligro su salud física y psicológica. Los adolescentes varones también pueden presentar estos trastornos, aunque en menor número.
Debemos estar alertas a los signos que nos indican que nuestra hija puede estar desarrollando un trastorno de este tipo, estos signos sugieren que se puede haber instalado una asociación estrecha entre delgadez y bienestar emocional. Algunos que voy a mencionar se detectan al dialogar y al estar atentos a sus emociones:
•Preferir comer a solas.
•Contar las calorías o gramos de grasa en los alimentos.
•Decir que se siente gorda, a pesar de no ser así.
•Realiza dietas excesivas.
•Comer grandes cantidades de alimento en un periodo corto de tiempo.
•Inducirse a vomitar después de comer o tomar algo.
•Pesarse varias veces al día.
•Manifestar tristeza o desagrado cuando se observa en el espejo.
•Comer cuando está ansiosa, deprimida o se siente sola.
•Hacer ejercicio en exceso.
•Utilizar laxantes, pastillas para bajar de peso o diuréticos cada semana.
•Sentirse frecuentemente deprimida o infeliz consigo misma.
•Considerar como muy importante el tema del peso en sus conversaciones con el grupo que la rodea.
•Observarla preocupada o con sentimientos de culpa acerca de lo que come y cuánto come.
•Aislarse de la familia y los amigos. Dejar de participar en actividades que solían ser de su agrado.
•Alterarse cuando hacemos comentarios relacionados con su alimentación
•Manifestar que siente que otros lo presionan para que adelgace.
•Expresar de alguna manera que el peso es una de las pocas cosas en las cuales puede tener control. Expresar que las personas pueden “meterse” en todo, menos en lo concerniente a su alimentación.
¿Qué podemos hacer los padres para prevenir estos trastornos?
Oriente a su hija para que:
•Reconozca y exprese sus sentimientos.
•Identifique sus necesidades propias y las satisfaga sin perjudicar a otros.
•Aprenda a vestirse cómodamente, antes que a la moda.
•Rompa el hábito de comparar su apariencia con la de los o las demás.
•Acepte su cuerpo, lo cuide y lo quiera.
•Acepte que nadie es perfecto y que toda persona comete errores.
•Cuando se mire al espejo, se asegure de percibir qué es lo que le gusta y se lo recuerde a sí misma.
•Cuando conozca a otros se centre en algo concreto al margen de su apariencia: esforzarse por ser interesante, ingeniosa, agradable o receptiva.
•Elogie a las personas por otras razones que no sean la apariencia física.
•Cuide entrenamientos y dietas, sobre todo si es atleta.
•Evite hacer dietas sin el consejo de un médico.
•Participe en las comidas familiares que estrechan los lazos de afecto entre los miembros.
•Rechace la moda de la delgadez como una llave al éxito y a la aceptación social.
•Critique aquellos mensajes (en medios de comunicación o a su alrededor) que la hagan sentir mal con su cuerpo y su aspecto.
Por otro lado, hay que:
•Estar alerta a los mensajes que le damos a nuestra hija, que de alguna manera la programen o estimulen a la delgadez como patrón de salud o como medio de aceptación social: “Si sigues comiendo así, te vas a convertir en una gorda”, “Deja ya de comer, después no te quejes si no te invitan a…”, etc.
•Observar en nosotros mismos, si como personas estamos muy pendientes de nuestra figura, y eso puede también crear una expectativa en nuestra hija.
•Velar porque la familia consuma alimentos sanos.
•Evitar sobredimensionar la apariencia física de su hija como factor de valor personal, apréciela por lo que es, más que por la forma en que luce.
Los trastornos alimenticios provocan un deterioro de la autoestima, de los sentimientos de independencia y del control de la propia vida, de los vínculos familiares y sociales y pueden, incluso, provocar la muerte.
Por ello es importantísimo observar y detectar sus signos a tiempo, dándoles su real magnitud. No sirve de nada encubrir el problema. Leer más...
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sábado 17 de julio de 2010
¿Cómo ayudar a mis alumnos que no atienden en clase?
1. De las instrucciones de una en una, éstas deben ser concretas, cortas y en un lenguaje positivo. Con el objetivo de facilitar el cumplimiento de las instrucciones por parte del alumno será necesario, en primer lugar, que se establezca contacto ocular o proximidad física con é, asegurando así su atención, y en segundo lugar, pídale de vez en cuando y privadamente que las repita, para asegurarse de que ha captado la información, no de por hecho que la ha captado. Esta sugerencia puede ayudar con todo el aula, incluso con aquellos que no tienen dificultades atencionales.
2. Explique a todos el vocabulario empleado en las instrucciones de los ejercicios o fichas, eso implica verificar si tiene claros los conceptos previos.
3. Asegúrese de que su alumno dispone de todo el material necesario para realizar la tarea y así evitar que se levante o se disperse.
4. Acuerde con el adolescente una clave gestual para cuando necesite llamarle la atención. Si interrumpe mucho ofrézcale la norma por escrito o a través de un dibujo en un lugar visible para él (“para intervenir es necesario estar en silencio, bien sentado en la mesa y con la mano levantada”) ó pacte con él señales silenciosas como recordatorio (tocar, mirar, hacer un guiño) y mantenerse a menudo cerca de él.
5. Incentive el subrayado.
6. Divida la presentación de tareas en pequeñas partes y pídalas en cortos espacios de tiempo. Eso le ayudará a que se marque objetivos concretos y cortos.
7. Promueva las actividades visuales y dinámicas en la metodología de clase. Identificar el estilo de aprendizaje del alumno, si es un aprendiz visual le será útil practicar el uso de esquemas y resúmenes previa a las evaluaciones, si es auditivo las conversaciones acerca de los temas son un interesante medio y si es kinestésico les será funcional el hacer cosas o experimentar con la información para aprender.
8. Intente prever momentos clave en que sabe que pierde fácilmente la atención: los momentos de transición de una clase a otra, tareas en aula poco planificadas, introducción a un tema nuevo, recordar algo que ya se hizo, momentos sin actividad, etc.
9. Si está llevando terapia, pactar previamente con el adolescente señales de recordatorio para aplicar las técnicas de autocontrol o relajación, cuando observemos que es necesario ejecutarlas, el maestro puede ofrecerse para funcionar como un radar. Una de las características de las dificultades atencionales es que imposibilita la capacidad para ser consciente del propio descontrol.
10. Revise con frecuencia sus tareas, establecer comunicación con los padres para la supervisión por ambas partes.
11. Animar a utilizar la agenda de forma sistemática, supervisarle y felicitarle por su uso.
12. Asegurarse de que dedica un tiempo al estudio, al repaso diario y a organizar sus apuntes y tareas diarias en casa, en muchos casos los papás no están en casa y hay poca o ninguna supervisión, tenga la garantía que quien le ayuda en casa no le está dando demasiadas ayudas para hacer sus tareas, que enfatice más en enseñarle estrategias más que darle respuestas.
13. Una estrategia escolar para el manejo de la desconcentración en la resolución de tareas en clase consiste en: Parar, Mirar alrededor, Qué tengo que hacer, Cómo lo haré, Me concentro, Lo hago, auto-reforzamiento o Repaso desde el punto de fracaso. Ser guía de sí mismo es uno de los desafíos de los alumnos con dificultades atencionales. Dele el modelo a todo el aula y hágala ejercitarse. En gran medida las dificultades atencionales obedecen a una dificultad para hablarse a sí mismo y darse instrucciones para alejar los distractores y persistir en una tarea no obstante el tedio, es preciso ayudarle a saber qué es lo que va a hacer antes de iniciar algo, a pensar en las consecuencias (qué ocurriría si ...), guiarse a sí mismo, pensar en cómo puede corregirse a sí mismo cuando va haciendo las cosas (tengo que ir más lento, cálmate ...), y de auto-elogio (¡lo estoy haciendo “bacán”!).
14. Es preciso vigilar la ingesta de alimentos ricos en azúcar tanto en la lonchera como los que compra en el kiosko; el azúcar, la comida chatarra o el exceso de calorías provee de una energía adicional que en un alumno con dificultades atencionales no lo predispone a mantenerse tranquilo. Leer más...
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viernes 9 de julio de 2010
Las Vuvuzelas y el poder del lenguaje positivo
A veces como un zumbido de abejas, a veces como un coro de elefantes, todo ello para influir positivamente en su equipo, para motivarlos a emprender la batalla como abejas o como elefantes, organizados y enérgicos, con un solo objetivo y bajo una misma estrategia.
Los deseos positivos tienen un poder inmenso sobre quienes los reciben. De alguna manera programan sus mentes y los predisponen al éxito. El lenguaje tiene un gran poder: el poder de invitar al cambio.
En esta corta nota, quiero reflexionar acerca de cómo venimos usando nuestra vuvuzela en los diálogos con nuestros hijos, dicho de otra manera, cómo venimos usando nuestro lenguaje, este delicado instrumento, para alentarlos al cambio.
Los padres tenemos una influencia intransferible sobre nuestros hijos. Según un estudio que llegó hace unas semanas a mis manos, hemos vuelto a ser los principales referentes de nuestros hijos (hinchas y directores técnicos) aún por encima de los amigos. Nuestro lenguaje y nuestra forma de actuar son los medios privilegiados para comunicar y moldear una visión del mundo, pero también, moldean la visión de sí mismos que tienen nuestros hijos. Luego, desde ese molde valoran y juzgan al mundo y, también, a sí mismos.Si nuestros hijos experimentan con frecuencia la motivación positiva de nuestras palabras, éstas les sirven de modelo para expresar más fácilmente el afecto y aliento a otros a través de las propias, así como a hablarse positivamente a sí mismos, y en esos momentos difíciles, a través de su propio lenguaje alentador y optimista, a sobreponerse a las adversidades.
Las palabras expresadas en sentido positivo, imprimen una energía especial y permiten acceder a una lectura o percepción diferente de las cosas, usualmente más intensa y estimulante, como el mapa de la búsqueda del tesoro en vez de un mapa de secretos mortales que evitar.
Aquí pongo algunos ejemplos, que tienen las limitaciones del lenguaje escrito, pero que con las inflexiones emotivas de su voz podrían invitar a sentir y a hacer diferente. Intentemos probar un uso diferente de nuestro lenguaje en situaciones en las que acostumbramos usar un lenguaje atemorizante, desalentador o sarcástico. Evitemos el uso de la palabra “no” (que suele tener un efecto boomerang) al inicio de nuestros diálogos:
“La siguiente vez no salgas jalado” cambiarla por “La próxima vez seguro que tus notas mejorarán”
“No sé cómo lo lograste” por “Eso es lo que yo esperaba de ti”
“No te equivoques” por “Yo sé que lo harás”
“Es bien raro que hagas eso, ¿qué te pasó?” por “¡Qué sorpresa tan buena me diste!”
“No deseo que te pase nada malo” por “Quiero para ti lo mejor”
“No demores” por “Sé puntual”
“No estuvo mal lo que hiciste” por “Me siento orgulloso de ti”
“No te quedes callado” por “Dile lo que piensas”
“No noto avances rápidos” por “Cada día eres mejor”
“No sé si creerte esta vez” por “Creo en lo que me estás diciendo y sé que lo lograrás”
“Nunca cambias” por “Intenta una vez más. Estoy seguro de que te saldrá mejor esta vez”
“¿No entiendes, caramba?” por “Ven y te explico”
“Cállate y no llores” por “Ven, cálmate, respira y explícame lo que deseas”
“No te distraigas ni canses” por “Mantente atento a cada detalle y participa”
Vuvuzela significa en lenguaje zulú “baño de sonido”, ¿qué tanto nuestro lenguaje es un baño de sonidos y mensajes alentadores para nuestros hijos?. Intentemos probar el uso de un lenguaje positivo en algún momento en que nos hayamos acostumbrado a no hacerlo y observemos el efecto que tiene este cambio. Leer más...
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sábado 19 de junio de 2010
Si todas las teclas del piano sonaran igual …
Hay ocasiones en que nos quedamos absortos mirando el sueño de nuestros hijos y nos preguntamos cuán amados serán en el futuro, deseando que hallen personas que los quieran tanto como nosotros. Sin embargo, lo real es que a medida que los hijos crecen, perdemos el control del mundo en el que viven. De hecho, este no es tan protector como el de la familia o la escuela. Por esto es importante que los ayudemos a reducir los riesgos que implica este “salir afuera”. Ser tolerante hoy en día es remar contra la corriente. Ayudarlos a forjar compañerismo y amistad mutua es una empresa complicada cuando los mensajes que se reciben en los medios de comunicación sobre la forma de relacionarnos tratan de excluir, chismear, “maletear”, “franelear”, aprovecharse del otro, coludirse en contra del diferente o fanatizarse en una especie de logia, distorsionando el sentido de la amistad y las relaciones sociales, y adjudicándole al niño o joven un rol equivocado que puede asumir como su estilo de vincularse con las personas. ¿En qué medida nuestras acciones contribuyen a que esos mensajes calen más rápido o se agudicen en nuestros hijos? Evitemos apoyar acciones o actitudes en ellos que, a corto o mediano plazo, inviten a que las personas que los rodean les muestren lo peor de sí mismas.Ayudémosles a ser tolerantes con los demás. Tolerar es una forma de invitar al otro a “ser parte de”. Cuando nuestros hijos están en contacto con diferentes formas de ser y vivir, aprenden a aceptar con naturalidad las diferencias y los enfoques diversos de las personas. Estas podrían tener razón además de una propia concepción especial de la felicidad.
Si todas las teclas del piano sonaran igual, no se podrían crear armonías musicales. Quizá por ello, cuando se compone una pieza musical, se habla de “arreglos”, pues las notas deben “arreglárselas” para armonizar en una hermosa convivencia. La posibilidad de la convivencia radica en el respeto y la valoración de las diferencias, en aceptar que los demás son como son y no en pretender que sean como nosotros quisiéramos que sean. Cuando tratamos de descubrir lo mejor que hay en los demás, esa visión selectiva nos abre el panorama hacia nosotros mismos, como un boomerang, permitiéndonos hallar lo mejor de nosotros mismos también. En ese sentido adquiere valor el pensamiento “dime qué odias en los demás y te diré qué es lo que no aceptas de ti”. La tolerancia es una invitación para el afecto y aprecio de los demás. Es una fuente de integración que permite forjar amistades íntimas y de apoyo mutuo. Educar a nuestros hijos en tolerancia implica estimularlos a entender a los demás, a cooperar, a ser sensibles a las necesidades del otro. También supone enseñarles a estar alerta y ser críticos ante la intolerancia, la discriminación y los abusos. Quien aprende a pensar de forma tolerante nunca deja de pensar así.
“Los problemas eran los mismos, queríamos paz en la tierra, amor y tolerancia entre las personas de todo el mundo. Hemos aprendido que el cambio es lento”. Paul McCartney Leer más...
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Autoestima = Aceptación incondicional
Las primeras imágenes que forman nuestros hijos de sí mismos y de sus acciones son construidas con información que viene del mundo que los rodea. Nuestras palabras para ellos no son meras opiniones y críticas, son sus realidades. Por ejemplo, las apreciaciones de que es “lento, enfermizo ó inútil” o la forma en que los demás se relacionan con ellos, les llegan como verdades, más aún si se trata de personas significativas. La autoestima no solo se refiere a las características que definen a alguien, sino también a cómo se siente acerca de esa imagen que va construyendo de sí mismo, es decir uno se puede sentir contento y satisfecho con esa imagen, quizá no tanto, o quizá la mire con desagrado. La principal alerta de una baja autoestima es la necesidad imperiosa y excesiva dependencia de la aprobación o afecto de parte de los demás. El niño o joven con baja autoestima crea formas en aras de lograr aprobación y el afecto que desea. Lo hace a través de formas que van de lo agresivo a lo sutil, usando: el chantaje, el alarde, la lástima, la transformación, la exigencia de justicia, o por medio de amenazas.

Estos pensamientos se expresan a través de auto críticas e insatisfacción consigo mismo, mostrando sensibilidad a la crítica (resintiéndose con quien hizo la crítica o achacando la responsabilidad a otros), evitando arriesgarse o tomar decisiones, tratando de hacer todo con perfección obsesiva, explotando en cólera por cosas de poca importancia, expresando que nada le es suficiente (todo le decepciona, nada está a la altura de como quiere las cosas), viendo todo oscuro, incluso a sí mismo.
Cuando la capacidad de razonar se va desarrollando con el paso de los años, sucede algo eminentemente humano, el niño se habla a sí mismo, su propio lenguaje se convierte en una gran influencia, entonces es preciso enseñarle a tener cuidado acerca de lo que dice sobre sí.
Hay que enseñarle a juzgar sus conductas y actitudes pero no su esencia, él es valioso incondicionalmente. Y para ello, tiene que aprender a cambiar en su lenguaje el verbo “ser” por el verbo “tener”. Por ejemplo:

Si el niño califica o juzga su esencia, se invita a sí mismo a reflejar eso al mundo, se inhibirá de hacer algunas cosas, justificándose en que “soy así”, “es mi manera de ser”.
En los diálogos que tenga con su hijo dele la esperanza o la realidad de no reconocerse permanente en algo (como una etiqueta), de que diferencie sus acciones de su persona, si ha incurrido en un error, no es un tonto o un fracasado; si ha obtenido bajas calificaciones, no es un flojo; si le ha ido exitósamente en algo, nos pone contentos como padres, pero no significa que va a tener éxito en todo, ni tampoco se debe sentirse obligado a ello; etc.
Si se cree las etiquetas que él mismo generó sobre sí mismo y que lo califican negativamente, no hará esfuerzos por aprender formas nuevas de comportarse, porque irán en contra de su “forma de ser”. Ayúdele a valorarse comenzando por enseñarle a diferenciar sus conductas de su persona, sus conductas pueden ser juzgadas como buenas o malas, productivas o no, exitosas o erradas, útiles o no, en algún porcentaje y bajo ciertas condiciones, pero, su esencia como persona es valiosa incondicionalmente. Leer más...
Estos pensamientos se expresan a través de auto críticas e insatisfacción consigo mismo, mostrando sensibilidad a la crítica (resintiéndose con quien hizo la crítica o achacando la responsabilidad a otros), evitando arriesgarse o tomar decisiones, tratando de hacer todo con perfección obsesiva, explotando en cólera por cosas de poca importancia, expresando que nada le es suficiente (todo le decepciona, nada está a la altura de como quiere las cosas), viendo todo oscuro, incluso a sí mismo.
Cuando la capacidad de razonar se va desarrollando con el paso de los años, sucede algo eminentemente humano, el niño se habla a sí mismo, su propio lenguaje se convierte en una gran influencia, entonces es preciso enseñarle a tener cuidado acerca de lo que dice sobre sí.
Hay que enseñarle a juzgar sus conductas y actitudes pero no su esencia, él es valioso incondicionalmente. Y para ello, tiene que aprender a cambiar en su lenguaje el verbo “ser” por el verbo “tener”. Por ejemplo:
Si el niño califica o juzga su esencia, se invita a sí mismo a reflejar eso al mundo, se inhibirá de hacer algunas cosas, justificándose en que “soy así”, “es mi manera de ser”.
En los diálogos que tenga con su hijo dele la esperanza o la realidad de no reconocerse permanente en algo (como una etiqueta), de que diferencie sus acciones de su persona, si ha incurrido en un error, no es un tonto o un fracasado; si ha obtenido bajas calificaciones, no es un flojo; si le ha ido exitósamente en algo, nos pone contentos como padres, pero no significa que va a tener éxito en todo, ni tampoco se debe sentirse obligado a ello; etc.
Si se cree las etiquetas que él mismo generó sobre sí mismo y que lo califican negativamente, no hará esfuerzos por aprender formas nuevas de comportarse, porque irán en contra de su “forma de ser”. Ayúdele a valorarse comenzando por enseñarle a diferenciar sus conductas de su persona, sus conductas pueden ser juzgadas como buenas o malas, productivas o no, exitosas o erradas, útiles o no, en algún porcentaje y bajo ciertas condiciones, pero, su esencia como persona es valiosa incondicionalmente. Leer más...
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Hijos en medio de las discusiones de sus padres
En la semana varios de nuestros alumnos me conversaron acerca de lo mal que la pasan cuando viven en medio de un ambiente familiar con discusiones, peleas y agresividad, me describieron cómo se sienten paralizados, atemorizados, con ganas de escapar, de no estar allí, con muchas fantasías negativas y en algunos casos con sentimientos de culpa.
Ser testigo de este tipo de enfrentamientos les afecta mucho. Sin embargo, las discusiones son naturales en la vida de pareja, y hay que aprender a discutir y tomar en cuenta algunas pautas para que en ese proceso de llegar a “acuerdos”, no se vean afectados emocionalmente sus hijos.
Hay algunas sugerencias que deseo expresarle para minimizar el daño que hacen las discusiones a sus hijos:Explíquele a sus hijos que es natural tener opiniones diferentes y discutir, pero que hay maneras de hacerlo bien. Aprenda a discutir sin gritos ni insultos, sin echarle la culpa al otro y aceptando los puntos de vista de su pareja aunque no los comparta.
Los problemas de pareja deben de discutirse en privado, sin que los escuchen, para así evitar todo tipo de fantasías y dolor en ellos. Protéjalos de ver escenas de violencia. Por ello acuerde discutir en otro momento o lugar. Postergar también ayuda a calmarse y pensar mejor los argumentos para discutir.
Evite colocar a sus hijos al medio, tratando de que tomen una posición a favor de uno de ustedes o preguntándoles de qué lado están. Eso los hará sufrir mucho, pues ellos aman a sus dos padres y no pueden decidir a quién quieren más. Se sentirán como Túpac Amaru, paralizados, sin poder resolver nada. Ellos tienen derecho a tener a sus dos papás con imágenes sólidas y admirables.
Evite convertir a sus hijos en su apoyo emocional, haciéndoles oír sus problemas de pareja, eso quizá le haga sentir bien a usted, pero, sus hijos conocerán mucha información que no deberían, por el impacto emocional que les puede causar (impotencia de no poder hacer mucho para ayudarle o rabia en contra del otro padre). Asimismo, les dará mucho poder, usted y su hijo se pondrán al mismo nivel. Mejor converse con alguien de su confianza, un amigo que le pueda entender.
Esté atento a cómo expresa su violencia en las discusiones (arrojando cosas, poniendo cara rabiosa, con insultos o mentiras), ya que sus hijos, por más pequeños que sean están atentos a todos esos detalles. Es preciso discutir con responsabilidad, ello implica ver dónde lo hacemos y además ver cuál es el impacto de estas discusiones en quienes nos rodean.
Si la discusión comenzó por alguna discrepancia respecto de la crianza (porque su pareja fue demasiado fuerte o blanda desde su punto de vista), converse con su hijo para aclararle que él no es culpable de que discutan o peleen, quizá pudo haberse iniciado por eso, pero, acepte que no supieron cómo manejar su discusión y por ello se comportaron de manera violenta, que habían otras maneras de arreglar las cosas.
Los niños y adolescentes poseen mucha imaginación, esté atento pues pueden concluir que hay una posibilidad de separación, y sentirse muy inseguros y temerosos.
Esté atento también cuando parece que no les afecta nada, muchos niños y jóvenes deciden ocultar sus sentimientos, para no generar más problemas a sus padres y agravar las cosas.
Si vive una relación en la que las discusiones y las peleas son constantes, en una escalada de violencia, con sufrimiento para ambos miembros de la pareja, imagine lo que sentirán sus hijos. Busque ayuda profesional para afrontar la recuperación de su relación o para que la separación suceda de manera ordenada y con las menores consecuencias en sus hijos. Puede haber fracasado como pareja, pero no puede darse además el lujo de fracasar como padre. La Terapia Familiar Sistémica considero es una forma de intervención muy útil para el manejo de estas situaciones que afectan a todo el hogar.
Tener como pareja bajo el mismo techo a dos personas con diferentes maneras de pensar, sentir y ser, es el lugar propicio para potenciales discusiones y enfrentamientos. Sin embargo, el amor que los unió les confiere la responsabilidad de crear un ambiente seguro, cálido y de valoración para todos sus miembros. Leer más...
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Hijos al poder
El desafío de nuestros hijos en el transcurso de su pubertad y adolescencia es ganar el autocontrol con la ayuda de sus padres, quienes tienen la responsabilidad de ponerle límites.
Los modelos de crianza basados en la violencia o la entera libertad no ayudan para ello. La permisividad y la sobreprotección son tendencias comunes en las familias actuales y en esos contextos los hijos obtienen mucho poder sobre sus padres, la autoridad de sus padres se desdibuja, y no se sabe quién es quién.
Poner límites no significa limitar o cuadricular, cuando ponemos límites a los chicos lo hacemos con el único afán de protegerlos.
Imagine usted, en una carretera, las líneas, señales de tránsito, barandas de contención ó luces no están dispuestas para limitarlo, están para protegerlo.Existe la idea de que para poner límites uno debe hacerlos sentir con violencia o castigando con el silencio, el ensañamiento no tiene que ver con poner límites, como tampoco actuar de acuerdo con el estado de ánimo, por ejemplo soy más duro cuando estoy de mal humor y sumamente condescendiente cuando estoy bien.
Los chicos entienden así que las reglas dependen del humor de los padres sin quedarle claro qué es lo que ellos realmente desaprueban. Antes de poner un límite es preciso tener bien claro lo que se va a decir y estar de acuerdo ambos padres, de tal manera que los chicos reciban un único mensaje. Quizá nos podemos preguntar antes de decir algo al joven: ¿Cómo este límite puede ayudar a mi hijo a vivir mejor?
Por otro lado, trate usted de vivir lo que quiere enseñar, sea congruente, por ejemplo: cuando usted le exige apagar el videojuego a su hijo a una hora, limitando el tiempo de diversión, él no entenderá cuando usted llega a casa de una fiesta, mucho después de la hora que señaló para su regreso.
Si uno desea ser firme debe dar el mensaje de que los límites son fijos y es preciso al establecerlos no sentirse culpable. Primero analice porqué se siente usted culpable (quizá está sintiendo que es un capricho suyo o está siguiendo la voz de un tercero y usted no está muy convencido).
Segundo, los límites (las reglas y los “basta ya”) se dan con afecto y firmeza, en aras de lograr disciplina, que no es más que esa capacidad de postergar una satisfacción inmediata por una responsabilidad y tomar en cuenta los derechos de las otras personas. Poner límites implica:
1)Hablar con los chicos sobre la importancia de regular su comportamiento (para hacer cosas o dejar de hacerlas), su participación, opinión y negociación es importante para comprometerlos.
2)Recordarle la existencia de los límites y las cercanías a romperlos usando algo así como las señales de tránsito en una carretera (curva peligrosa, disminuir la velocidad, etc.) y si se da el caso.
3)Aplicar las consecuencias acordadas (que deben estar previamente definidas entre ambos también), cuando hay un acuerdo y se procede según lo acordado, no hay buenos ni malos en la escena.
Un entorno con límites claros y básicos ayuda mucho a los chicos a adaptarse a otros entornos: laboral, educativo, de pareja, etc.
Recuerde que en su familia el joven aprende lo que puede esperar del mundo, pero también lo que le puede hacer al mundo.
En la familia obtiene sus primeros aprendizajes, hay que estar alerta a éstos, pues de ser inadecuados pueden ser indicadores de potenciales problemas en las relaciones consigo mismo y el entorno, en un corto plazo.
Además de los límites claros, otros factores que protegen a los jóvenes son las relaciones afectuosas y constructivas con sus padres y amigos, sentirse hábil o competente en algún área o pericia, y servir o hacerse responsable de otros, así como sentir que su presencia motiva o influye positivamente en otros. Usted es el gran amor de su hijo, y no hay mayor responsabilidad que ser el gran amor de otra persona.
Poner límites proyecta interés y amor por los chicos, tanto como el afecto, el respeto, y la comunicación positiva. Leer más...
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¿Cómo saber y qué hacer si mi hijo consume drogas?
Cuando hablo de drogas me refiero a aquellas sustancias aceptadas socialmente como el alcohol o el tabaco, hasta las consideradas ilegales como la marihuana, pasta básica, cocaína, las de diseño como el éxtasis, entre otras.
No siempre es fácil detectar las señales que indican que nuestros hijos están usando drogas, ya que algunos de éstas son comunes en el comportamiento de adolescentes normales.
Los efectos de las drogas dependen de varios factores: qué droga se consume, la dosis, la frecuencia y las características de quien las consume. En general todas las drogas son peligrosas para ciertos individuos a determinadas dosis, incluso pequeñas, algunas son más peligrosas que otras. El uso de cualquier droga significa asumir un riesgo.
Aunque no hay ninguna señal instantánea y concreta que indique claramente que un joven pudiera estar consumiendo drogas, las siguientes que les expongo pueden ser indicios de un posible problema con nuestros hijos, y pueden ser el inicio para que usted haga un seguimiento muy cuidadoso:Cuando hablo de drogas me refiero a aquellas sustancias aceptadas socialmente como el alcohol o el tabaco, hasta las consideradas ilegales como la marihuana, pasta básica, cocaína, las de diseño como el éxtasis, entre otras.
No siempre es fácil detectar las señales que indican que nuestros hijos están usando drogas, ya que algunos de éstas son comunes en el comportamiento de adolescentes normales.
Los efectos de las drogas dependen de varios factores: qué droga se consume, la dosis, la frecuencia y las características de quien las consume. En general todas las drogas son peligrosas para ciertos individuos a determinadas dosis, incluso pequeñas, algunas son más peligrosas que otras. El uso de cualquier droga significa asumir un riesgo.
Aunque no hay ninguna señal instantánea y concreta que indique claramente que un joven pudiera estar consumiendo drogas, las siguientes que les expongo pueden ser indicios de un posible problema con nuestros hijos, y pueden ser el inicio para que usted haga un seguimiento muy cuidadoso:
. Inasistencias al colegio o bajo rendimiento académico.
. Desmotivación, aislamiento, depresión o fatiga.
. Falta de interés en su apariencia personal.
. Hostilidad o falta de cooperación.
. Comportamiento violento, con sus compañeros y profesores.
. Falsificación de notas o firmas tanto de profesores y/o directivos como de familiares.
. Permanentes dificultades. A causa de mentiras, robos en su aula u otras aulas, peleas, citas a los padres.
. Pedir dinero prestado con frecuencia o tener dinero en efectivo extra.
. Alejamiento de la familia, de los amigos o de los pasatiempos y deportes favoritos.
. Guardar “secretos” sobre sus acciones, posesiones, su paradero o amistades.
. Cambios físicos (nariz persistentemente congestionada, ojos rojos, pupilas dilatadas o contraídas, dedos amarillos).
. Cambio en los hábitos de comida y sueño (hacerlo más o menos de lo normal) o en el peso.
. Jergas que aluden al consumo
. Cambios en su círculo de amistades. Los compañeros que permanecen mayor tiempo con el estudiante en riesgo tienen características peculiares como: bajo rendimiento, dicen ser los más “bacanes” del aula, son repitentes o han llevado cursos de cargo, manejan dinero, carecen de normas de convivencia, etc.
. Evidencia de drogas o de accesorios asociados al consumo (por ejemplo, papeles para enrollar cigarrillos o cigarrillos sin filtro, goteros, encendedores, palos de fósforo rotos, pipas, colirios, etc.).
. Desaparición de objetos de casa.
. Olor a alcohol en la respiración.
. Uso repentino y frecuente de caramelos de menta para mejorar el aliento.
. Uso de incienso o desodorantes ambientales o uso repentino de perfumes o colonias fuertes.
. Hallazgo de botellas con licores diluidos en agua.
Las acciones para observar como para intervenir en estos problemas deben respetar la dignidad de nuestros hijos. Es preciso que usted esté siempre dispuesto para recibir toda la información que su hijo le dé. Pero también debe dejarle en claro que continuará manteniendo su actitud frente al uso de las drogas (eso depende de cuál sea el nivel de tolerancia suya o el de su familia frente a ellas, quizá sea preciso pensar eso entre los adultos del hogar).
Su primera reacción podría ser angustiarse y no saber qué hacer. Lo primero que debe hacer es averiguar por qué su hijo está consumiéndolas. Quizás está pasando por un momento difícil en casa o en la escuela. El siguiente paso es hacerle saber a su hijo que usted no aprueba su uso o posesión de drogas, que está realmente desilusionado (que sepa que usted no está de acuerdo con el uso de drogas y que no aprueba que él las use). Que sepa que lo ama y siempre va a apoyarlo y guiarlo, pero no quiere que consuma drogas. Explíquele que no quiere que tome decisiones malas y que por ello le sucedan cosas malas en su vida.
Convérsele que con las drogas nunca estará saludable, ni será feliz, que puede perder muchas cosas. Señálele que aunque esté decepcionado con él porque las usó, le agradece que confíe en usted. Que quiere que le diga siempre la verdad. Que a usted no le interesa si otros lo hacen. Que su labor es asegurarse que tenga una infancia y juventud felices, pero que su principal labor es que llegue a ser un adulto responsable, y sabe que está seguro que lo podrá hacer. Pero si usa drogas, no lo logrará.
Este tema es difícil de abordar en pocas líneas, por ello sugiero busque información adicional en Internet, tanto de los efectos de las drogas legales (alcohol y tabaco) así como de las ilegales en jóvenes. Además es preciso estar alerta a cómo nosotros mismos solemos ser quienes propiciamos el consumo de drogas legales en nuestros hijos a edades tempranas, cuando sus cuerpos aún no se hallan maduros para metabolizar, por ejemplo, alcohol. Las estadísticas señalan que a menor edad de inicio en el consumo de drogas (tanto legales como ilegales) mayor riesgo de tener posteriormente problemas con ellas o generar adicciones.
Es fundamental, por lo tanto, tratar de retrasar lo más posible el momento del primer contacto. Leer más...
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jueves 9 de julio de 2009
El éxito contra todo pronóstico
Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de leche. Inmediatamente sintieron que se hundían, las dos patalearon intentando llegar al borde del recipiente, pero, era inútil. Una de ellas dijo: “No puedo más, es imposible salir de aquí. Ya que voy a morir, no veo para qué prolongar este dolor ... qué sentido tiene morir agotada en un esfuerzo inútil”. Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez.La otra rana se dijo: “¡No hay caso! Nada se puede hacer para avanzar. Sin embargo, ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi último aliento”. Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar. De pronto de tanto patalear y batir la leche ésta se transformó en mantequilla. La rana dio un salto y llegó hasta el borde del recipiente. Alegremente regresó a su casa.
En los momentos más complicados lo único que no podemos perder es la esperanza.
Esa capacidad interior del ser humano para hacer frente a las adversidades, superarlas y ser transformado positivamente por ellas, se llama resiliencia.
La resiliencia es la capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves. Es un ajuste saludable a la adversidad.
Pero, ¿cómo es el lenguaje que usamos para referirnos a las adversidades y la actitud que tomamos frente a éstas en el hogar? Las posturas que asumimos son magníficos modelos para que nuestros hijos enfrenten las propias.
Cuando son menores es frecuente que nosotros hagamos la lectura o interpretación de la adversidad que les sucede. Usando un lenguaje poco esperanzador, alarmante, o una actitud pasiva y resignada, así les enseñamos a no tener esperanza.
Cuando se pierde la esperanza surge una sensación de estancamiento, aceptamos una vida problemática como normal, y algunas veces llegamos al nivel de hacernos tolerantes al daño sobre nosotros mismos, es como si ya nos diéramos por perdidos, y ya qué más da. Sin embargo la actitud que se tome ante la adversidad puede convertir a ésta en una oportunidad para descubrir el propio potencial, conocer nuevos recursos en uno mismo y crear oportunidades interesantes.
La energía para transformarse, para motivarse a un cambio, sólo es posible si hay una sensación de inconformidad, si no sabemos contra qué rebelarnos no habrá el salto hacia el cambio.
Una amiga y psicóloga, Liliana Mayo, ha logrado construir con el paso de los años una gran institución, el Centro Ann Sullivan del Perú, un centro dedicado a un proyecto de integración a la vida para personas con habilidades diferentes, diagnosticadas con Síndrome de Down, Síndromes del Espectro Autista y Parálisis Cerebral y Retardo Mental, personas que muchos dirían que no tienen mucha esperanza de éxito. Pese a todo, ella junto con su equipo ha logrado el éxito de sus alumnos y sus familias, y contra todo pronóstico, los ha inducido a pensar que “Juntos hacemos posible lo imposible”. Muchos de ellos trabajan en empleos reales e incluso mantienen a sus familias.
Según las investigaciones no todos somos resilientes, pero creer que “sí se puede” e impulsar a otros a creerlo sí es una capacidad humana muchísimo más frecuente. Sin embargo, creo que a veces, si vamos en esa línea, cruzamos límites insospechados de logro.
Crear en nuestros hijos ese lenguaje interior que los motive a avanzar, demanda que nuestro lenguaje sea un modelo para que ellos creen su propia voz optimista, una que vislumbre sueños, los induzca a seguirlos, los alerte de los desvíos, y también los felicite por los logros alcanzados. Lo que nos decimos a nosotros mismos es nuestra principal fuente de influencia para el cambio.
Es una gran y hermosa labor el hacerles ver que el pasado ya no se puede volver a tocar y que el futuro sólo se puede predecir construyéndolo.
En este medio año que nos queda, pongámonos a analizar el entorno, vislumbremos lo que deseamos que suceda para nosotros y nuestros hijos y pongámonos a trabajar, y si miramos para atrás, que sea con el retrovisor, y sólo para ver cómo nos sirvió de experiencia.
¡Nuestro destino puede ser diferente!, ¿por qué debería ser como lo la lógica de las estadísticas, los pronósticos y progresiones dicen? ¿Por qué no intentar arriesgarse a lograr un destino diferente, a tener éxito contra todo pronóstico?
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jueves 18 de junio de 2009
Cyberbullying
El cyberbullying es el ataque recurrente o el acoso psicológico entre personas de la misma edad mediante amenazas, insultos, etiquetas, humillaciones, expresiones de odio, etc. a través del uso de internet, telefonía móvil y videojuegos online. Frente a ello, como medidas de seguridad y prevención les recomiendo estos 7 puntos:
1. Observar y orientar a sus hijos en el uso que le dan a sus perfiles personales en Facebook, Hi5 o My Space, chats como MSN y Yahoo Messenger, asi como, cuentas de correo electrónico, de tal manera que no se constituyan en medios para ofender, intimidar u hostigar a otras personas.
2. Conversar acerca de los mensajes o imágenes colocadas por ellos que podrían hacer que otros se sientan mal.
3. Si saben que sus hijos han ofendido a algún compañero, no dejen de intervenir, es una oportu-nidad para ayudarlos. Un niño o joven agresivo a través de su conducta expresa su necesidad de ser ayudado.
4. Preguntarles si han sido objeto de hostigamiento u ofensa en estas páginas.
5. Enseñarles a no responder a mensajes que los intimiden y a bloquear contactos de sus listas o a personas que los estén molestando, esas personas tienen algún problema y no es necesario darles atención.
6. Enseñarles cómo proteger su privacidad en internet y enseñarles a respetar la privacidad e integridad de las otras personas.
7. Enseñarles que en caso de ser hostigados, siempre el responsable es quien está hostigándolos. Explicarles que si los molestan tienen derecho a ser escuchados y deben solicitar ayuda, que no se lo callen, y que tienen en ustedes a personas en quienes confiar.
El cyberbullying afecta emocionalmente tanto al agresor como a la víctima. Por un lado, le permite al agresor aprender a disfrutar del hostigar y causar daño a otro, y por otro lado, a la víctima la intimida, le da una sensación de vivir en peligro, afecta su autoestima y sentimiento de seguridad en sí misma.
Hagamos esfuerzos para que nuestros niños y jóvenes se desarrollen saludables tanto física como psicológicamente, aprendan el sentido de la convivencia armoniosa y el respeto por los demás, así como a disfrutar de las emociones positivas que se experimentan en la relación con sus pares.
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1. Observar y orientar a sus hijos en el uso que le dan a sus perfiles personales en Facebook, Hi5 o My Space, chats como MSN y Yahoo Messenger, asi como, cuentas de correo electrónico, de tal manera que no se constituyan en medios para ofender, intimidar u hostigar a otras personas.
2. Conversar acerca de los mensajes o imágenes colocadas por ellos que podrían hacer que otros se sientan mal.
3. Si saben que sus hijos han ofendido a algún compañero, no dejen de intervenir, es una oportu-nidad para ayudarlos. Un niño o joven agresivo a través de su conducta expresa su necesidad de ser ayudado.
4. Preguntarles si han sido objeto de hostigamiento u ofensa en estas páginas.
5. Enseñarles a no responder a mensajes que los intimiden y a bloquear contactos de sus listas o a personas que los estén molestando, esas personas tienen algún problema y no es necesario darles atención.
6. Enseñarles cómo proteger su privacidad en internet y enseñarles a respetar la privacidad e integridad de las otras personas.
7. Enseñarles que en caso de ser hostigados, siempre el responsable es quien está hostigándolos. Explicarles que si los molestan tienen derecho a ser escuchados y deben solicitar ayuda, que no se lo callen, y que tienen en ustedes a personas en quienes confiar.
El cyberbullying afecta emocionalmente tanto al agresor como a la víctima. Por un lado, le permite al agresor aprender a disfrutar del hostigar y causar daño a otro, y por otro lado, a la víctima la intimida, le da una sensación de vivir en peligro, afecta su autoestima y sentimiento de seguridad en sí misma.
Hagamos esfuerzos para que nuestros niños y jóvenes se desarrollen saludables tanto física como psicológicamente, aprendan el sentido de la convivencia armoniosa y el respeto por los demás, así como a disfrutar de las emociones positivas que se experimentan en la relación con sus pares.
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miércoles 3 de junio de 2009
En la vida escolar la magia no existe …sólo trucos
Luego de procesar información de hábitos de estudio de mis alumnos, observé la tendencia de ellos a reportar dificultades para organizar su tiempo de estudio fuera del colegio: con pocas rutinas, con postergaciones del trabajo, dedicando tiempo a lo más placentero, con periodos de descanso sin control, con poca planificación de la tarde. Ello nos alerta a observar cómo organizan el tiempo de tareas y estudio fuera del colegio.Carecer de una rutina organizada en casa y hacer las cosas sólo en la medida que los motive, los hace más propensos a que cuando llegue el momento de controlar sus fatigas, el estrés frente a la responsabilidad o la sensación de monotonía, abandonen aquello que les parezca difícil, frustrante, tedioso, o que requiera persistencia. A través de la desorganización del tiempo y del entorno los chicos enseñan a sus cuerpos y capacidades perceptuales (discriminación, focalización, atención sostenida) a desorganizarse y a ceder con facilidad ante los pequeños o grandes desafíos.
Los pequeños momentos de descanso de cinco minutos muchas veces se alargan y se convierten en una incontrolable hora improductiva.
Ayudarles a tener una rutina y supervisarla contribuirá a generar más orden en sus pensamientos, tolerancia a la presión y a priorizar sus responsabilidades sobre las cosas placenteras.
Por otro lado, hay una tendencia a rodearse de muchos distractores cuando se estudia: celular, televisión, MSN, iPod, teléfono, equipo y asimismo la tendencia a colocar primero las diversiones y luego las tareas.
Si se permiten muchos distractores, poca rutina para estudiar en casa durante la tarde y además hay una supervisión ineficiente de la calidad de los trabajos y del tiempo para cumplir con las responsabilidades, se combinan las condiciones necesarias para tener problemas en el colegio. Estas situaciones pueden construir las condiciones para el autosabotaje escolar.
Estos autosabotajes pueden darles la percepción de que no “sirven” para estudiar, pues usualmente estos acaban en experiencias de fracaso, las cuales podrían reforzar más su sensación de ineficiencia.
En las conversaciones que mantengo con los alumnos con ciertos problemas de rendimiento observo que aspiran a mejorar sus calificaciones, pero no les entusiasma mucho la idea de arriesgarse a cambiar la forma en que hacen las cosas (hábitos). De hecho, algunos tienen poca conciencia de que si permanecen haciendo lo mismo, entonces obtendrán los mismos resultados escolares. Aquí la confrontación de ideas es clave, pues hay que cambiar la forma de hacer las cosas para que los resultados sean diferentes, y les reitero: la magia no existe, solo los trucos.
Les sugiero a los maestros y padres de familia proponerles espacios definidos para estudiar, de 25 a 30 minutos de trabajo sin despegarse del asiento por 5 a 10 minutos de break, para iniciarse en la organización personal, así como brindar la supervisión sobre la calidad y puntualidad en la entrega de los trabajos, y en el caso de los maestros la retroalimentación más rápida.
Este es un primer paso en que debemos ayudarles, el colocarse frente al trabajo (tareas y estudio) el tiempo necesario, y conversar con ellos acerca de las situaciones que lo seducen y alejan, o le estimulan a postergar la responsabilidad por lo más agradable (procrastinación). Luego hablaremos de cómo usar ese tiempo cuando ya está frente al trabajo, pues para estudiar no basta con estar motivado, se requiere también estrategias.
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sábado 25 de abril de 2009
Construyendo seguridad en nuestros hijos: defender los propios derechos
Gina, una adolescente, descubrió esta semana que sus padres han leído su diario; Sebastián se queda callado después de que su profesor lo ha castigado injustamente; Andrea se da cuenta de que una compañera ha estado regando información falsa sobre ella, afectando su reputación, y Alonso es segregado por su compañeros porque dicen que “al participar en clase los opaca y los hace quedar mal delante del profesor”. En todas estas pequeñas historias, los protagonistas experimentan la trasgresión de sus derechos: el derecho a la intimidad, a protestar cuando se es tratado de manera injusta, a ser tratado con respeto y dignidad, y a progresar, aun superando a los demás. Sin embargo, estos jóvenes pueden asumir como tolerables, aceptables y normales esas maneras con que el mundo se relaciona con ellos. Es preciso evaluar cómo los contextos que los rodean, tanto familiar como educativo y amical, pueden contribuir a esta forma de pensar. Sólo el niño o joven que siente que no es correcta la forma en la que es tratado podrá expresarse al respecto. Muchos no reconocen que deben ser tratados con igualdad y que son sujetos de múltiples derechos: derecho a que los demás preserven su integridad física y emocional, su honor y reputación, así como su intimidad y secreto; derecho a expresarse libremente de manera oral y escrita, así como a crear; derecho a la paz y tranquilidad, a la defensa de sí mismo, a tener una oportunidad, a equivocarse y corregirse, a que respeten su propiedad, a ser y pensar de acuerdo con sus propias convicciones, derecho a la libertad y a la vida. Algunos chicos se inundan de miedo al ser expuestos a circunstancias de trasgresión de sus derechos; se paralizan y silencian, se muestran temerosos y sumisos y postergan sus propios intereses. Otros responden de manera agresiva y violenta hacia los demás con explosiones de cólera, aparentemente más seguros, pero culminan en trasgresiones mayores a las que lo provocaron a actuar de esa manera. No es raro que encuentren que el ser más violento es un medio para obtener un cambio rápido en las situaciones y personas, pero con un costo social tremendo. Aprenden que para ser escuchados, debe gritar y, prontamente, que para escuchar deben ser gritados.
Uno de los aspectos que podemos desarrollar en nuestros hijos, como parte de su crecimiento en autonomía, seguridad en sí mismos y ciudadanía es la habilidad de expresar sus quejas e insatisfacciones, así como a defender sus derechos de manera clara, enérgica y respetuosa.
Hay un dicho en Perú, “el que no llora no mama”, que refiere a esa relación condicional que hemos establecido de que hay que quejarse para ser sujeto de un trato igualitario. Algunos amigos y yo coincidimos en que la cantidad de estímulos que recibimos para poner en uso la habilidad de “expresar una queja” es mayor acá que la experimentada en otros países, lo cual puede ser un indicador de cuán trasgresores podemos ser.
Pero ¿habrá un punto de partida, un proceso para enseñar a nuestro(a) hijo(a) a expresar insatisfacciones o defender sus derechos? Esbozaré un proceso:
Paso 1. El cuerpo suele avisar que está insatisfecho con algo o que está siendo tratado de manera injusta: hay tensión muscular, sube la presión arterial, cosquillea el estómago. En el caso de los chicos, es preciso hacerle pensar en qué ha sucedido para que se sienta así: ¿están dejándole de lado, faltándole el respeto, tomándole el pelo, aprovechándose de él?
Paso 2. Que decida ante quién se quejará, ya que los problemas se intentan arreglar primero con el infractor. Nuestros hijos a veces conversan de sus insatisfacciones con otros amigos, los cuales suelen coludirse con él; en otros casos, en aras de sentirse más tranquilos o con poder sobre esa persona, hablan a sus espaldas o, en otros casos, no le cuentan a nadie, sufren y alimentan su inseguridad.
Paso 3. Quejarse ante esa persona teniendo en cuenta cómo lo hará, si será amable, sereno, pausado o enérgico; en el acto o en otro momento; si lo hará en privado o en público; mirándolo a los ojos o a través de una llamada telefónica, etc.
Paso 4. Plantear una sugerencia para resolver lo que está sucediendo. Esto marca una diferencia frente al solo hecho de lamentarse; refleja nuestras expectativas sobre el comportamiento de la otra persona. Finalmente, para cerrar, puede preguntar si el trasgresor está de acuerdo con lo propuesto.
Cuando oriento a los chicos acerca de este punto en particular, enseño la técnica de cuatro tiempos, que consiste en: Yo me siento (emoción)…, cuando tú haces (describir el comportamiento del que trasgrede…, pues eso significa que (qué mensaje o interpretación le atribuimos a dicha conducta)…, por lo tanto necesito que (sugerencia)… .
Ejemplos: “Papás, me siento muy decepcionada desde que supe que ustedes revisan mi diario, eso significa que no confían en mí y que no respetan mi privacidad. Si ustedes desean saber algo personal, pregúntenmelo a mí, yo les responderé”.
“Profesor, me siento muy confundido cuando usted me responsabiliza sin escucharme de algo en lo cual, estando cerca, no tuve nada que ver. Eso para mí significa que no respeta mi derecho a ser escuchado y defenderme, déjeme explicarle lo sucedido”.
“Yo me siento molesto cuando me pateas como broma. Yo creo que no te importa si me dañas; si quieres bromear, que sea solo de palabras”.
“Yo me siento presionado cuando ustedes dicen que me quede callado en clase porque los hago quedar mal, cuando en realidad deseo preguntar y participar. Para mi familia, es un gran esfuerzo que yo venga acá y he venido a aprender. Creo que a ustedes eso les importa poco, yo respeto que ustedes se queden callados, ustedes respeten mi deseo de participar”.
Defender nuestros derechos exige más valentía, audacia, rapidez, inteligencia y a veces picardía que las expresadas por los que los trasgreden. De hecho, esto es mejor que quedarse en silencio o responder con una agresión física o verbal.
Esto que he esbozado es solo una forma de hacerlo. Imagino que usted tendrá otras estrategias, pero ya sea de una u otra forma, hay una secuencia que incluye: un reconocimiento emocional y mental del abuso, la puesta en evidencia de la conducta del otro como trasgresora y la exigencia de un cambio.
Es preciso recordar que toda habilidad social mientras más sea practicada, llevará a que más cómoda y hábil se sienta quien la ponga en práctica. Cuanto más modelos eficientes haya, más fácil se aprenderá y, si se obtienen resultados positivos modificando las actitudes del otro, mejor aún; sin embargo, aquí el objetivo es quedar bien con uno mismo y defender las propias convicciones acerca de lo se cree que es lo correcto y justo.
Enseñarles a nuestros hijos a defender sus derechos y manejar estas situaciones les ayudará a construir seguridad y respeto por sí mismos. Un requisito para “rebelarse” es tener conciencia de que hay algo que no están haciendo bien con nosotros las personas que nos rodean, de que estamos siendo objeto de abuso o coerción, de que está siendo trasgredido un derecho y que eso no es normal ni tolerable. El otro lado de todo esto es enseñarles a nuestros hijos que hay también deberes para con los otros. Esto les enseñará a respetarlos y considerarlos también como sujetos de derechos. Esto se llama reciprocidad.
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lunes 20 de abril de 2009
El significado y construcción de la amistad
Un hermano es un amigo obligado, un amigo es un hermano elegido. Al hablar de amistad, no puedo evitar filtrar mis propios conceptos respecto de esta, basados en los vínculos construidos con aquellas personas que, con el tiempo, he venido a llamar amigos. Uno no puede predecir con quiénes crecerá. El inicio de una amistad, así como la manera de enriquecerla y las formas como alcanza su madurez son variadas. Sin embargo, creo identificar algunos elementos que, como un patrón, permanecen relativamente constantes en este proceso que hace que un desconocido se constituya en un hermano elegido. Indagué con respecto de la historia de algunas amistades célebres y hallé las de Plácido Domingo y José Carreras, Leonardo Da Vinci y Nicolás Maquiavelo, Albert Einstein y Marcel Grossmann, Papa Juan Pablo II y el Cardenal Ratzinger, Ludwig van Beethoven y Franz Schubert, entre otras. En estos vínculos percibí algunos puntos de partida y motivaciones interesantes para la amistad: la gratitud profunda, la admiración mutua, el servicio desinteresado al otro, la responsabilidad asumida en la misma fe, la estimulación y el aprecio constantes.
Nos toca como padres revisar nuestras propias concepciones y vivencias acerca de la amistad, y orientar a nuestros hijos en el momento en que les ha tocado vivir dentro de su proceso de maduración social. En esta etapa les toca aprender a ser amigos, y es una gran responsabilidad educarlos en la confianza, el compromiso, la reciprocidad, y en el brindar y recibir afecto.
Una de las actividades que trabajo en los talleres que realizo consiste en la construcción de un radar de confianza. Es común hallar que quienes no tienen a nadie o muy pocas personas en su círculo más cercano tienden a ser desconfiados de los demás y, por lo tanto, resultan menos confiables a los otros. He observado que son personas más enfadadas, molestas con el mundo, irritadas o cínicas, y tienden a echarles la culpa a los demás de sus problemas. Cuando uno confía en otro lo inspira e invita a hacer lo mismo; la imagen de confiabilidad no se gana “contando la vida”, lo cual hasta puede resultar sospechoso. Más bien, se construye sobre la base a la credibilidad, en el proyectar que tenemos buenas intenciones con el otro, en la amabilidad y la lealtad. Si uno muestra poca confiabilidad, recibirá desconfianza de los demás. Mahatma Ghandi expresó:”Si confías, puedes ser herido, pero si no confías, nunca aprenderás a amar”. ¿Cuán confiables son nuestros hijos a los ojos de sus pares?
La sociedad nos impulsa (y a veces no hacemos mucho para detenerla) a chocar con las personas más que a comprometernos con ellas, lo cual limita nuestra posibilidad de construir relaciones significativas. Una amistad se compromete, pero no hace las cosas por el otro, no recorre la vida por el prójimo, no lleva a la persona a traicionarse a sí misma. ¿Cómo se comprometen nuestros hijos con los otros?, ¿expresan lealtad, servicio y dan lo mejor de sí o priorizan lo material a las personas?, ¿tienden a valorarlas por lo que son o por lo que significan? Si están dando más importancia a las segundas opciones de cada dilema, hay más posibilidades de que sus vínculos sean superficiales y frágiles.
En la infancia y la adolescencia uno perfila lo que puede esperar de las personas, pero también lo que les puede brindar a las personas. Es un tiempo de excelencia para desarrollar la habilidad de relacionarse, y también es donde suceden las fracturas del aprendizaje de dichas habilidades.
La historia de Pinocho describe bien ese proceso de convertirse en persona. Desde mi punto de vista el hada real de Pinocho fue Gepetto, pues el carpintero le dio la oportunidad de experimentar lo más sublime que alguien puede hacer por otro: arriesgar la vida al ir en su búsqueda. Pinocho, al impactarse y sensibilizarse por ese gesto y al decidir hacer lo mismo en reciprocidad al altruismo del anciano, se trasformó cualitativamente, dejó de ser de madera para ser humano, dejó de ser el títere que otros movían para ser el niño con motivaciones internas. El hada solo validó lo que ya Gepetto había hecho con la magia de su amor. Es importante que en muchas ocasiones los padres hagamos de Pepe Grillo para interpretarles a nuestros hijos el significado de las acciones positivas de quienes los rodean y, sobre ello, educar la gratitud y la reciprocidad. ¿Qué tan expuestos están nuestros hijos a la bondad de otros y qué tanto están aprendiendo a ser recíprocos?
La amistad es una gran oportunidad para crecer como personas y hacernos cada vez menos egocéntricos, al impulsarnos a salir de nosotros mismos. La enemistad sostenida, el abuso, la indiferencia, el poco respeto, la insensibilidad y marginación hacia otros en la infancia y adolescencia significan un retraso en la oportunidad de crecer emocional y socialmente. Ante ello hay que estar atentos pues nuestros hijos pueden estar aprendiendo mal la lección de cómo ser amigo y ser persona.
Un amigo es leal. Es confiable, pues puedes estar seguro de él y de que pensará en cuidarte, incluso sin que tú lo sepas. Siempre hace más de lo que le pides o esperas, incluso disculparte o sacrificar su propio tiempo y beneficio. Es fácil ser trasparente con él, pues te sientes aceptado como eres, quizá no avalado en muchos casos, pero sí comprendido. Entre amigos hay admiración, hay un reconocimiento de las cosas que te hacen y lo hacen valioso. Entre amigos se prioriza el afecto y el vínculo frente a los errores y malos entendidos. La maduración de la amistad toma su tiempo, estimula lo mejor de las personas y, en verdad, quien la halla, encuentra un tesoro, un ángel, un hermano.
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martes 17 de marzo de 2009
Ser dueño de uno mismo
* ser protagonista de tu propia historia, único, sin ser copia de nadie, con amor, protección (amable contigo mismo) y respeto hacia ti mismo, con un cuerpo que te obedece en las cosas que te propones y que no te controla.
* conocerte a ti mismo (por un lado, tus fortalezas, las cuales cultivas y, por otro, las cosas que debes cambiar).
* ser responsable de las consecuencias de tus actos (al no pertenecer a nadie), centrado en hacerte cada vez más dueño de ti que en adueñarte de los demás.
* tener fe en ti mismo (tú eres uno de tus mejores amigos) y, como te sientes así, exigir a los demás el respeto hacia ti.
* ser generoso (pues te conoces lo suficiente como para reconocer con facilidad lo que sienten los otros).
* encolerizarte por la injusticia hacia alguien y tratar de hacer lo correcto a pesar de que no es fácil.
¿Algunas de estas características ya las tienes?, ¿piensas que falta algo aquí?. Esto es progresivo y se va aprendiendo.
¿Y qué significará no ser dueño de uno mismo?
* quizá ser esclavo de los otros –lo que suele ser agradablemente engañoso-. Puedes ser esclavo de tus amigos, de tus impulsos o esclavo de los objetos con:
* poca autoestima y respeto por ti mismo (te desanimas rápido de ti mismo o cedes a pesar de que no estés de acuerdo).
* descontrol de boca y acciones (tu cuerpo no te obedece).
* pobres aspiraciones.
* poca fe en ti mismo (no te arriesgas, pues sientes que te va a ir mal de todas maneras).
* poca responsabilidad sobre ti (echándole la culpa a los otros de las cosas que haces o que te pasan producto de tus decisiones, o evadiéndote).
Pero lo más fuerte es que pierdes la esperanza de que algo mejor está por venir. Como ya está todo determinado y sientes que no podrás lograr mucho, te dejas arrastrar por las decisiones o manipulaciones de otros, incluso las de la TV.
Como ves, hay mucho que perder si uno no se hace dueño de uno mismo.
En tu adolescencia exiges libertad, pero tienes que tener claro de qué quieres liberarte. Me atrevo a plantearte esto: ¡Libérate de todo aquello que pone freno a tu desarrollo personal y a tus talentos!
La adolescencia es el periodo donde se construye tu personalidad. Elige, como sugiere Judy Garland, ser “… siempre una versión de primera clase de ti mismo, en lugar de una versión de segunda clase de otra persona”.
Paracelsus no fue un líder de guerras, fue más bien un científico, pero su frase es inspiradora para las batallas más fuertes: las batallas interiores.
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jueves 5 de febrero de 2009
De Perro a Amo, de Amo a Maestro
Hace unos días vi en el reportaje de un programa dominical, el ritual de bienvenida a los “perros” de la Escuela de Sub-Oficiales de la Policía en Chímbote, un ejemplo de bullying en educación superior.Como ciudadano y educador considero que un maestro de policías tiene la función y obligación de entrenar a su grupo de policías en formación en: estrategia, justicia, autocontrol, liderazgo, respeto, prevención del delito, inteligencia, amor a sí mismo, honor, servicio, esto que vi el no se qué tanto contribuye con dicho aprendizaje.
En época de guerra, no creo que en condición de prisioneros sean sometidos a rampear en basura o les obliguen a tragar tierra, no podemos negar que en esos momentos quienes pasen a dicha condición sean maltratados, pero, para poder sobrellevar dichas torturas -imagino- se realizará un proceso de preparación física y psicológica, de “vacunación” contra el estrés asociado a dicha experiencia, esa preparación también imagino se dará durante el paso de los años, no como parte de su ceremonia de bienvenida. Esto que se difundió sólo fue una expresión de la deplorable situación de la vocación docente de algunos maestros en el Perú, quieralo o no estos tipos al mando son docentes, docentes que permiten que un alumno superior abuse de uno menor, amparados en la tradición y la diversión.
Por el lado de los perros, esta experiencia afianza la idea de que el abuso es normal, relativiza el sentido de respeto a sí mismo, y por el lado de los “amos”, refuerza la sensación de poder, de dominio, de gozo en el abuso, incrementa la desensibilización (pérdidad de sensibilidad) por el dolor del otro, esta última es la emoción base o requisito para dañar a otros con facilidad o menos escrúpulo.
Hay investigaciones que sostienen que los juegos de video violentos no instigan a las personas a ser más agresivas, pero, sí las hacen menos sensibles a los sentimientos de los otros, los hacen menos empáticos, imaginemos el impacto de este tipo de actos en los “amos” y la calidad de relación que establecen con las personas dentro de su institución y fuera con la comunidad, por ejemplo Ud. o yo.
Este año, quienes fueron “perros” serán “amos” de otros “perros”.
En estos sucesos, considero que tanto “perros” como “amos”, ambos fueron víctimas de algo peor: de un maestro que enseñó mal su lección.
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