17/8/12

La lucha diaria con las tareas escolares (1)

Tips para solucionar problemas comunes relacionados a las tareas

Se olvida de copiar las tareas en la “libreta”
1. Pregúntele qué clases ha tenido para que recuerde las tareas asignadas; no llame a sus compañeros para que le dicten la tarea.
2. Enséñele a afrontar el incumplimiento de tareas y sus consecuencias; no lo justifique.
3. Hable con él o ella, no le grite ni amenace y establezca nuevas formas de ayudarlo a no olvidar de anotar las tareas (que las copie al término de cada clase, que lea su libreta antes de la salida, etc.).
4. Póngale una meta "Copiar las tareas en la libreta todos los días", que ha de cumplir a lo largo de 15 días o un mes para observar sus logros. Deben crear juntos un cuadro grande y colocarlo en un lugar visible. Además, ambos deben revisarlo y acordar juntos el premio (una hora más de TV, un amigo se queda a dormir, etc.) o la sanción (no salir a jugar con los amigos del barrio, no ver un programa favorito, etc.).
5. Establezca con su hijo(a) que, si no ha copiado las tareas en su libreta de deberes o no tiene ninguna ese día, igual deberá emplear el tiempo asignado para hacer tareas repasando algún tema, releyendo o practicando más ejercicios.
6. Una técnica muy útil para los niños y que utilizamos constantemente en primaria consiste en pegar un sticker o un dibujo en su carpeta con un símbolo que signifique “copiar las tareas” (un lápiz por ejemplo). De esta manera se evita que el profesor sea quien le haga el recordatorio al alumno y se fomenta su autonomía.

Se demora demasiado o empieza muy tarde a hacer las tareas
1. Acuerde un horario fijo de tareas incluyendo pequeños descansos. Este horario deberá ser ubicado en un lugar visible.
2. Recopile datos, averigüe las razones de su demora, tal vez no entiende algo, o no sabe por dónde empezar. Plantéele: ¿Quién se perjudica? ¿Puedes solucionarlo?
3. Aconséjele empezar por los cursos que considere más difíciles.
4. Observe su lugar de trabajo, quizá haya muchos distractores en él o se ubica hacia la calle donde se escuchan muchos ruidos que distraen.

¿Por qué asignan tareas los profesores?


Porque las tareas le sirven a su hijo para:

1. Practicar el trabajo independiente.
2. Repasar lo aprendido en clase.
3. Prepararse para la siguiente clase.
4. Afianzar el empleo de diversos recursos: la biblioteca, los materiales de referencia y sitios en Internet, bajo una mirada selectiva (discriminando lo que es de utilidad y lo que es secundario).
5. Indagar con profundidad algunos puntos de interés sobre un tema que no se abordó plenamente en clase.
6. Aplicar habilidades que ha adquirido, pero a situaciones nuevas.
7. Estimular la autodisciplina y la responsabilidad (hacer las cosas a tiempo y con calidad).


"Si la tarea no contribuye a crear seres autónomos y a favorecer el aprendizaje de los educandos, entonces que desaparezca, porque está ayudando al aprendizaje de formas de corrupción". Patricia Ganem A.

20/6/12

¿Es o no es bullying?

Si bien el abuso sistemático entre escolares se ha dado desde que han existido escuelas, creo que su alta incidencia ahora se debe a la confluencia de algunos factores que se han exacerbado en nuestra cultura:

Causas

1) La creciente incapacidad de las personas para pensar o intuir cómo afecta su conducta a los otros; estamos más expuestos a oportunidades para insensibilizarnos o desensibilizarnos frente al dolor humano,
2) la constante duda acerca de nuestro valor personal y la constante comparación para verificar que valemos más que otros, con conclusiones angustiantes,
3) una sociedad con menos límites ante lo que se dice o hace a otros, con adultos, familias o instituciones flexibles frente a conductas ofensivas e irrespetuosas, en algunos casos alentándolas con el ejemplo o las prácticas, y
4) una tendencia a vivir como si intentáramos sobrevivir (haciendo cosas de tal manera que lo mejor sea para mí y lo menos bueno o lo peor sea para los otros), cuando lo que nos toca ahora es aprender a convivir.

Tal como sucede en las familias, en las sociedades los afectados iniciales y visibles de una dinámica enferma suelen ser los niños o jóvenes. El maltrato entre compañeros se está expresando en las escuelas de nuestra sociedad, pero creo que nuestros hijos no son más que los corderos que están asumiendo los síntomas de una dinámica social complicada, muy diferente a la que nosotros hemos vivido durante nuestra propia vida escolar. 

¿Cómo identificarlo? 

Aquí algunas ideas con datos derivados de las conversaciones con sus hijos en tutoría. ¿Qué es el maltrato entre compañeros o bullying? Veamos cuáles son las características del maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares: 

• Es sistemático. Tiene que darse de manera continua o reiterada, no se trata de un incidente aislado, por ello hay que diferenciarlo del conflicto entre estudiantes, que surge en un momento y se soluciona en poco tiempo. 
• Busca dañar a propósito. Las agresiones no son casuales e intentan desde provocar soledad y miedo hasta lesiones físicas. 
• Es injusto y abusivo. Hay un desequilibrio de poder, ya sea por fuerza o tamaño, número de gente movilizada, inteligencia u otra habilidad (como la facilidad para insultar) que usa el agresor para someter a la víctima. 
• El agresor obtiene beneficios. Se siente orgulloso, gana aprecio de los espectadores, le otorga poder o le permite preservarlo delante del grupo. 
• Provoca sufrimiento sin consentimiento y con indefensión en la víctima. La víctima no pide ser maltratada, no pide sentirse como se siente, insegura, ansiosa, molesta, deprimida o desesperanzada. 
• El o los agresores justifican la agresión. Pretenden minimizar sus acciones a través de discursos como “todos lo hacen”, “no le afecta en verdad, es más, se ríe”, “él lo provoca”. 
• Se da con indiferencia o complicidad de otros. Los compañeros de alguna manera participan, desde aquel que da la espalda y dice “no es mi problema” o aquel que informa al agresor de las cosas que hace la víctima para que sea atacado, hasta aquel que agrede visiblemente o almacena información como un “cerebro” y que organiza las acciones de abuso. 
• Se da a espaldas de los adultos. Los chicos suelen cometer sus acciones de maltrato fuera de la vista de los maestros u ocultárselo a sus padres (ante quienes aparecen como víctimas), o crean las condiciones de chantaje a la víctima para que se retracte o mantenga silencio y así se perpetúe el maltrato.

¿Qué formas toma el maltrato entre compañeros? 

• Bloqueo o exclusión social (aislamiento o quiebre de la red de relaciones). Por ejemplo, instigar a los compañeros a dejarlo de lado o hacerse amigo de sus mejores amigos y hacer que no lo elijan para algo ni le permitan participar de alguna actividad. A través de estas actividades el agresor provoca sentimientos de soledad en su víctima. 
• Hostigamiento (desprecio o discriminación). Por ejemplo, ponerle apodos, ridiculizarlo, burlarse de sus intervenciones, insultarlo, imitarlo, hacer caricaturas de él. El agresor, al descalificar, afecta la autoestima de la víctima. 
• Manipulación (envenenar a los otros en contra de la víctima). Por ejemplo, levantar rumores negativos del compañero, exagerar negativamente las cosas que hace, minimizar sus logros, atribuirle cosas que no hizo (esconder cosas de otros en la mochila de la víctima), reunirse con otros para chismear expresamente de la víctima, todo ello en aras de crear una imagen que no la haga elegible socialmente. 
• Coacción (torcer la voluntad de la víctima). Por ejemplo, hacer que haga cosas en contra de sus principios, capacidad de disfrute o seguridad (obsequiar su lonchera o dar dinero al agresor, pegarle a otro por indicación del agresor quien prometió dejar de molestarlo si le obedecía, abstenerse de participar en una actividad por prohibición del agresor, etc.). Otra forma común de coacción es provocar a la víctima para que reaccione agresivamente, y luego el agresor se victimice delante de los adultos y exija sanción para el compañero. 
• Intimidación y amenazas (provocar miedo a través de actos físicos o psicológicos). Por ejemplo, esconder las cosas de la víctima que luego aparecen rotas o garabateadas, golpes, empujones, daños en general que se justifican ante los adultos como casualidades, advertirle que si se queja le va a ir peor o que van a “meterse con su familia” (aunque algunos ya lo hacen como parte del maltrato), etc. 
• Cyberbullying (atormentar, hostigar o humillar en la red o por medios electrónicos). Por ejemplo, hackear la cuenta de la víctima (de correo o Facebook) y enviar mensajes suplantándola, crear páginas en contra de la víctima, opinar o incitar a otros a opinar negativamente de la víctima en la red, etc. 

Nuestro colegio está pendiente de este fenómeno. Los profesores, el personal administrativo, el personal de mantenimiento y los choferes de las movilidades han sido capacitados para identificar y reportar sucesos que podrían estar relacionados con casos de maltrato escolar y así activar el proceso de intervención. El colegio luego de la corroboración necesaria tomará las medidas correctivas y formativas correspondientes. Los padres deben tomar con mucha serenidad un eventual reporte en el que se vieran involucrados sus hijos. Uno de los objetivos de este artículo es brindarles herramientas para que ustedes mismos puedan ver si el hecho reportado cumple con los requisitos para ser considerado maltrato escolar, pues lo más probable es que se trate solo de un conflicto entre compañeros. 

En los dos posts anteriores (“Mensajes vivientes” y “Envidia en la escuela”) escribí acerca de qué hacer para prevenir el bullying desde el hogar. Considero que este tema debe ser conversado una tarde con sus hijos. Creo además pertinente hablar sobre la capacidad de empatía, la autoestima y el asumir responsabilidad sobre sus actos (lo que hacen y dicen) como principales factores de protección frente al maltrato entre compañeros. Finalmente, les recordamos que, de diversas maneras, estamos comunicando a los alumnos el interés que tenemos en que nuestra escuela continúe siendo un lugar donde vengan a aprender con alegría, y que es fundamental que ellos también permitan a sus compañeros hacer lo mismo. 

Queremos ser un colegio en donde cada quien pueda brillar sin necesidad de apagar la luz de otro.

Envidia en la escuela: las víctimas del bullying

¿Quiénes son las posibles víctimas de maltrato por parte de otros compañeros? 

Aunque se dice que las víctimas suelen ser los niños o jóvenes con gustos y estilos distintos a los de los otros, que tienen baja competencia social, que no se defienden ante las bromas o burlas y que en general proyectan una imagen de ser vulnerables, las investigaciones señalan que cualquiera que destaque, quite protagonismo o despierte celo en otro, puede constituirse en víctima. La víctima suele despertar en el agresor sentimientos reiterados de inferioridad y envidia, pues le recuerda (sin ella saberlo) sus propios fracasos, frustraciones y debilidades, y el agresor reiteradamente se organiza u organiza a otros para matar social o psicológicamente a la víctima por envidia. 

¿Qué señales de alerta pueden indicarme que mi hijo(a) es víctima? 

• Manifiesta temor de ir a la escuela. 
• Se aísla respecto de sus pares. 
• Presenta síntomas emocionales o psicosomáticos (asistencia continua a la enfermería por dolores inexplicables o ansiedad, en especial en el recreo). 
• Si se le pregunta sobre algún hecho relacionado, lo niega, se angustia o entra en incongruencias. 
• Se percibe a sí mismo como indefenso (con la sensación de que nadie lo puede ayudar) y desvalorizado (con sentimientos de no ser tan bueno como quisiera en algún aspecto, a pesar de existir razones por las cuales podría sentirse orgulloso de sí mismo). 
• Habla del maltrato vivido por otros compañeros, tratando de probar cuál sería la reacción de sus padres ante la posibilidad de que estos se enteren de que él es víctima de maltrato. 

¿Hay niveles en la experimentación de ser víctima? 


Sí, en efecto, hay niveles progresivamente más peligrosos:

1. Objeto de juego (la víctima se siente confundida: “¿será esto en broma o en serio?”). 
2. Víctima resistente (se siente hostil: “me enfurece que me hagan esto, voy a responderle(s)”). 
3. Víctima indefensa (se siente ansiosa: “me siento muy inseguro y no hay nadie que pueda ayudarme”). 
4. Sometido autocrítico (se siente ineficiente: “quizá tenga(n) razón, algo malo debo tener para que me trate(n) así, creo que me lo merezco”). 
5. Enfermo destructivo (entra en depresión: “destruiré a mi(s) agresor(es)” o “me destruiré a mí mismo para solucionar esto”).

¿Hay cosas que puedo considerar para prevenir esto? 

Para prevenir puedo repensar junto con la familia sobre algunas cosas que hay que hacer y otras que hay que dejar que hacer: 
• Tener cuidado de no humillar o tratar a los hijos con ironía. Si se sienten tratados así en casa, les parecerá normal recibir un trato similar por parte de sus compañeros en la escuela. 
• Evitar el mensaje “no eres suficientemente bueno para mí”. Alentar la conducta o logro esperado. Criticar solo las conductas no deseadas del niño en vez de calificarlo de una manera general, como malo e ineficiente. 
• En las conversaciones dar mensajes claros dirigidos a potenciar el valor personal (“eres tan valioso como los otros”, “tienes el derecho a ser como eres”, “debes estar seguro de que si alguien te maltrata, no te mereces un trato así y de hecho, no eres el culpable de ello”. 
• Los hijos tienen que saber que deben contar a sus padres lo que les suceda. 
• El uso de la violencia física como respuesta ante el maltrato, puede llevarnos a un terreno peligroso; pues recomendar a los hijos que se defiendan agrediendo físicamente, invita al otro a hacer algo más en respuesta. Tengamos en cuenta que no podremos controlar las consecuencias en adelante. 
• Atender al eventual aislamiento y quejas, evitar minimizar estas situaciones. 
• Observar la relación entre hermanos que podría alimentar la sumisión. 
• Estimular la propia capacidad para resolver las cosas, si la situación no es muy grave como un bullying, sino sólo un conflicto entre compañeros, esperar lo prudencial para que se las arreglen entre ellos. Muchos padres no saben diferenciar entre abuso y conflicto, lo que puede llevarlos a percibir el hecho desproporcionadamente. 
• Estimular el aprendizaje de respuestas de protección ante la agresión (quejarse con el compañero, cuadrarlo con energía, bromear acerca de su intento por agredirlo, “guapearlo criollamente”, y el arma más fuerte, dejar en evidencia el motivo de la envidia o celo del agresor). 
• Dialogar acerca de lo permitido y no permitido en una relación entre compañeros. Es común que los chicos (sin ser víctimas) no puedan diferenciar ello, y se muestran flexibles con cosas que en realidad les molestan. 
• Finalmente, constituirnos en los principales depositarios de la confianza de nuestros hijos, para que (en especial) en los momentos más críticos seamos los principales canales de escucha y fuentes de consejo en su proceso de maduración.

29/3/12

Mensajes vivientes: los agresores en el bullying

Entre el año 2000 y el 2011 el número de denuncias por violencia familiar en el Perú llegó a aproximadamente 300,000 (lo cual no incluye la violencia vivida en secreto). Ante este registro me preguntaba por las personas involucradas tras estas situaciones denunciadas: hombres y mujeres, padres e hijos, agresores y víctimas, personas reales. 300,000 agresores que alguna vez fueron niños, que se sentaron en una mesa familiar, que fueron a una escuela, que estuvieron en contacto con adultos, los cuales, en alguna medida, vivieron atentos a ellos, algunos desconectados, otros “atentos”, pero, sin decir una palabra, minimizando, justificando o negando las faltas mientras sus niños iban entrenándose en maltratar a otros de acuerdo con su edad y perfeccionándose en sus formas de hacerlo.

Es que los humanos vivimos siempre con la posibilidad de ser dañados, es innegable, pero tenemos a la par una gran capacidad para dañar a otros. Creo que hay algunas acciones que pueden ayudar desde el hogar para disminuir las probabilidades del uso de esa capacidad en nuestros hijos. Enfatizo en el poder de nuestras acciones y de los diálogos (preventivos algunos y otros de confronte cuando la situación lo requiera) para orientarlos y acompañarlos en el proceso de aprender a convivir con las personas que los rodean.


• Enseñarles que siempre es posible controlarse: la ira, la envidia o, los celos son emociones de todo ser humano. Es imposible controlar la aparición de estas fuerzas de la naturaleza humana en nosotros, pero sí podemos decidir qué tiempo se quedan con nosotros y cómo manejarlas.
• Reflexionar con ellos acerca de cómo podrían estar viviendo a diario de acuerdo con la “ley del embudo”, todo lo ancho y cómodo para que pase yo, pero el paso angosto y difícil para los demás, o tratando de quedar bien a costa de dejar mal a otros (difamando, ridiculizando, manipulando, subestimando, discriminando, incluso golpeando); o todo lo bueno para mí y lo menos bueno para el otro; sintiéndose orgullosos de su hazaña. Denles la oportunidad o fuércenlos a hacer acciones en beneficio de otros. Complaciéndose de cooperar con otros, de ser artífices de la alegría de otros, les ayudará a descentrarse de sí mismos, pues, los que viven la “ley del embudo” como filosofía de vida, suelen pensar que son “el último chizito de la matiné” o “la medida de todas las cosas”.
• Reflexionar con ellos acerca de que el otro es un bien en sí mismo, que es amado por muchas personas como lo son ellos, y que tiene el derecho a estar bien. Al hacer algo en contra de una persona, están yendo en contra de la gran fuerza de amor de todos aquellos que lo respaldan.
• Muchos niños tienen la idea de que “si no ataco primero, los demás siempre van a abusar de mí”. Es importante reflexionar con ellos al respecto, nuestros hijos podrían estar viviendo asustados, tratando de asegurarse de que nadie los trate como tontos o débiles, llegando incluso a dudar de las buenas intenciones de la gente, todo el perfil de una persona paranoide. A partir de la pubertad cuando se inicia el interés por desarrollar amistades genuinas, su soledad podría agudizarse, pues los demás ya no lo aceptarán como amigo, porque es (dentro de su esquema) incapaz de confiar en los demás, y la confianza es un elemento fundamental para la construcción de las amistades.
• Encender el radar ante la manipulación de cerebros maquiavélicos. Aunque no los exime de responsabilidad, nuestros hijos muchas veces hacen daño manejados por otro que odia a la víctima. Ellos creen todo lo que les dice el manipulador. Si observamos en nuestros hijos esta fragilidad para dejarse envenenar, debemos actuar pronto. Quien ahora cede con facilidad ante la presión o a la persuasión absurda y falaz, más adelante será candidato a ceder rápidamente ante la presión para realizar acciones más dañinas. Hay que fortalecer su capacidad de autonomía, incluso su capacidad para valientemente decir “yo pienso diferente y por lo tanto hago diferente”.
• Estar atentos a cómo nosotros podemos ser modelos o incitadores de aquellas actitudes o acciones que precisamente intentamos que nuestros hijos no posean. Si hablamos mal de otros padres o de los compañeros de nuestros hijos, ellos pueden sentir que al maltratar a estas personas están siendo leales con nosotros. También podemos ser modelos de violencia cuando maltratamos a personas que viven en el hogar o incluso a nuestros propios hijos, a través de la desaprobación, las amenazas, la falta de disponibilidad en la vida de ellos, al exponerlos a corrupción, al pedirles resultados más allá de la perfección, al privarlos de cuidados básicos (teniendo el dinero para hacerlo) o al programar su vida, sin considerar su opinión.


Formar una actitud a favor de la convivencia positiva es un ejercicio que demanda un autoanálisis acerca de cómo actuamos para prevenir y de cómo intervenimos cuando hay incidentes. Por su parte, a nuestros hijos les demanda valentía para detectar y enfrentar o abandonar discursos violentos a tiempo, so pena de convertirse desde ya en un candidato óptimo a formar parte de una estadística como la expuesta al principio, y peor aún, arrastrando a otros a su infelicidad. Los niños son mensajes vivientes que enviamos al futuro, en ese sentido, creo que hay mucho por hacer tanto en la escuela como en la familia; estamos a tiempo, total, aún son niños.


Recomiendo ver estos videos:
Los niños ven, los niños hacen
Make your influence positive

21/9/11

El circuito del bullying y las emociones asociadas

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Cyberbullying: ¿En qué orientar a nuestros hijos o alumnos?


El cyberbullying es el uso de internet, celulares y videojuegos online para atormentar, amenazar, hostigar, humillar o molestar a otro. Al igual que el bullying, es sistemático, busca dañar a propósito, provocar un daño evitable, es injusto, reivindica la superioridad del agresor y provoca sufrimiento sin consentimiento y con indefensión en la víctima.

Según estadísticas, el 12,1% de los chicos entre 10 y 18 años de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela ha experimentado alguna forma de cyberbullying; y el 13% de los chicos de las mismas regiones reconoce haber realizado bullying con su celular o en la red.

Este es un tema que debe considerarse más como de sentido común y comunicación que como uno de tecnología. Aquí algunas sugerencias acerca de cómo intervenir.

Identificar si es cyberbullying o un conflicto entre compañeros

Tome las cosas con serenidad. Evite, a partir de tomar conocimiento del incidente, iniciar una batalla en la red. Trate de identificar si es acoso o un conflicto ocasional entre compañeros. Trate de descubrir quién o quiénes están detrás del supuesto acoso.

Tenga en cuenta que el lenguaje usado en la red puede confundirse con acoso, quizá se trate solo de una broma o burla que podría ser pasada por alto. La mejor medida para identificar de qué se trata es ver cómo se siente su hijo respecto de ello. Si hay amenazas, se debe informar a las personas pertinentes para tomar medidas preventivas. Si es un compañero del colegio, adviértalo al tutor.

Para mayor claridad, aquí algunas formas que puede tomar el cyberbullying:

  • Mandar mensajes amenazantes por e-mail o mensajes de texto.
  • Colgar una imagen comprometedora montada o real, difundir información personal que pueda avergonzar o dañar, individual o públicamente.
  • Crear o participar en grupos o páginas donde se inste a votar en una elección sobre quién es el más feo, tonto o cualquier otro calificativo.
  • Crear un perfil falso como si fuera de la víctima, publicando “confesiones” y afectando la reputación de esta.
  • Usar la dirección de correo electrónico de la víctima para que esta reciba spam o correos no deseados de desconocidos.
  • Hackear el correo electrónico para impedir su uso, leer sus mensajes violando la intimidad.
  • Provocar a la víctima y luego denunciarla por las agresiones que dio en respuesta.
  • Envenenar con rumores sobre un supuesto comportamiento dudoso o desleal de la víctima, de forma que otros asuman, sin dudar, hacer represalias o exclusiones.

Supervisar el uso de la red
Ayude a su hijo a conocer mecanismos para tener seguridad de relacionarse con quienes realmente desea y con quienes quiere que se comuniquen con él. Estas funciones se encuentran usualmente en la configuración de privacidad de sus cuentas de Facebook u otras redes sociales. Otra forma de acompañarlo es hacerse amigo de su hijo en la red.

“Googlee” a su hijo
Haga un seguimiento de cómo se comporta su hijo en la red. “Googlee” a su hijo a través de sus nombres, nicks, correos, dirección, números de teléfono, blogs creados por él. Puede usar la función Google Alertas para que periódicamente le llegue información a su correo de lo que publica su hijo en línea.

Orientar acerca de lo que publica, coloca o trasmite en las redes sociales
En los jóvenes hay un afán por exhibirse, ser popular o figurar. Es preciso que sepa
que eso puede llevarlo a excederse en aquello que publica o hace en la red. Hay que conversar acerca de cómo lo que publique, coloque o trasmita (textos, fotos, videos, grabaciones de voz) puede hacerlo más vulnerable al acoso si alguien tuviera la intención de dañarlo.

Bloquear al remitente
Indique a su hijo el bloqueo inmediato del remitente del acoso, si le pareció agresivo o no respondió a su petición de silenciarse o a la advertencia de ser bloqueado. Los Instant Messenger, en general, tienen la función de bloqueo de remitentes o con-tactos. Si el acosador cambiara de nick o enviara mensajes a través de otro contacto, proceda de la misma manera.

Informar al proveedor de Internet

El uso de una red social implica la aceptación expresa de un conjunto de políticas de respeto y responsabilidad en el uso del sistema. La violación de esas políticas implica la cancelación de la cuenta. Cuando suceda un incidente, denuncie al remitente ante el proveedor. En Facebook, puede hacerlo con el comando “denunciar”. Puede leer con su hijo http://www.facebook.com/safety/ El acosador debe saber que estar delante de la pantalla no lo protege de ser denunciado.

Conversar acerca de los límites de la lealtad
Muchos jóvenes, en aras de mostrar lealtad o amistad, intercambian sus passwords. El hacerlo le confiere una responsabilidad sobre la eventual suplantación y mensajes que se envíen a partir de la cadena que se puede iniciar. El password debe ser siempre mantenido en reserva.

Informar a la escuela
La escuela continúa más allá de timbre final de clases por la tarde. Sigue en los celulares, en la movilidad, a través de los smartphones y las redes sociales. El cyberbullying puede ser un camino para llevar situaciones que se dan dentro del colegio a la red. Notifique al colegio. Ello puede darle más seguridad a su hijo. Si lo acosan, guarde las pruebas.

Conociendo a los acosadores
Basado en las ideas de Parry Aftab de WiredSafety.org

El ángel vengador
Es quien alguna vez fue víctima y quiere dar una lección o quiere proteger a alguien que está siendo acosado. Usualmente aparece cuando no hay formas de expresar o denunciar acosos. Suele actuar solo.

El hambriento de poder
Interesado en demostrar que tiene poder y los compañeros hacen lo que él o ella quiere, o que puede controlar a través del miedo. Suele rodearse de audiencia, con la cual alardea de su poder. Disfruta de ver cómo se afecta la víctima y cómo los demás espectadores son manipulados en sus percepciones.

La venganza de los nerds
Su intención es asustar o avergonzar a sus víctimas y se ampara en el anonimato de internet y en el hecho de que nunca tiene que enfrentarse a ellas. Suele dedicarse a su víctima solo y mantiene sus acciones al margen de sus amigos. No tiene conciencia de la gravedad de lo que hace. Recurre al cyberbullying por poder. Debido a este impulso y a su dominio técnico, puede ser el más peligroso de todos los acosadores cibernéticos.

La regia
Busca acosar por entretenimiento, motivada por el ego y la inmadurez. Usualmente sus víctimas son otras chicas y se reúne en la habitación (pijamada) o la sala de la casa para cometer cyberbullying. Busca el reconocimiento de su poder intimidante. Cuando no resulta divertido, termina.

El acosador involuntario
Puede haber reaccionado a un mensaje de odio o de provocación recibido. No tiene intención de atacar, solamente responde sin pensar en las consecuencias de “presionar enter”. Los demás suelen sorprenderse de él cuando es identificado. Nadie lo podría creer.

16/4/11

Bullying: Dragones y Ratones


“No hay necesidad de apagar la luz del prójimo para que la nuestra pueda brillar”

El dragón y el ratón simbolizan los modos en que nuestros hijos pueden enfocar su mundo de relaciones sociales.Por un lado, el dragón es un animal que va dañando por ahí con el fuego de su boca y que puede simbolizar: la posición “yo gano, tu pierdes” el intento constante de conseguir las cosas por la fuerza la imposición de los propios intereses sobre los demás la agresividad y el descontrol en el cuerpo y la boca la dificultad para comprender el impacto de la propia violencia sobre los otros.

Y, por otro lado, el ratón es un animal tímido que puede simbolizar: la posición “yo pierdo, tú ganas” la dificultad para expresar las insatisfacciones la vergüenza y el susto el abandono o postergación de los propios intereses, priorizando los de los otros el ser víctima del abuso de otros la dificultad para reconocer y detener la violencia de otros.

Ambos estilos (agresivo y pasivo) dificultan la posibilidad de llevarse bien con los demás y de convivir saludablemente en el mundo. La manera más adecuada de prevenir estos estilos es, ante todo, observarlos en los hijos, así como constituirnos en observadores de nosotros mismos y nuestras formas de proceder y concebir las relaciones sociales de los niños y jóvenes.
¿Qué situaciones podemos evitar o promover en el hogar para que no se consolide el estilo dragón o el estilo ratón? Aquí un listado de aquellas que parecen tener más peso:

Dragón

1. No permitir la exclusión de compañeros de las invitaciones a casa. Si hay una fiesta, estar alerta cuando de todos excluyen a uno o dos.
2. Evitar hacer comentarios negativos o desvalorizantes de otros niños o jóvenes frente a los hijos, éstos últimos podrían tomar acciones en aras de ser leales a sus padres o sentir que es válido sentir ira en nombre de sus padres.
3. No ser permisivos con la conducta agresiva de los hijos; la violencia usualmente se incrementa cuando no hay nada que la detenga.
4. No mezclar los problemas personales con otros padres de familia con las relaciones que puedan tener sus hijos o viceversa.
5. Estar alerta a los mensajes que envían a través del Facebook cuando estos son ofensivos, discriminatorios o estimulan a otros a unírseles en contra de alguien.
6. Acordar pocas reglas familiares. En caso de no cumplirlas, aplicar una consecuencia siempre. Es útil que los hijos sientan responsabilidad sobre sus actos y que sean conscientes de que éstos afectan a otros.
7. Evitar el uso excesivo del castigo o el hostigamiento (a través de un exceso de reglas), ya que los hijos suelen desplazar las acciones frente a ellos hacia otras personas.
8. Estar alertas a cómo los hijos perciben nuestros conflictos conyugales, cómo perciben nuestra forma de resolverlos: si es asertiva o si es quizá agresiva (como dragón) o pasiva (como ratón).
9. Estar atentos a cómo llegan a los hijos los mensajes de motivación al éxito y la concepción de competencia. Verificar si estos significan opacar a otros para sobresalir, para así evitar este tipo de mensajes.
10. Quizá algunas veces se vean provocados por algunos compañeros, pero deben comprender que no pueden evitar que sus compañeros se comporten como lo hacen. Sin embargo, él o ella sí puede controlar sus respuestas frente a estas situaciones.
11. Evitar mensajes en casa que estimulen, validen o alienten la violencia (física, verbal, psicológica o virtual) contra otros.
12. Si saben que sus hijos han ofendido a algún compañero, no dejen de intervenir, es una oportunidad para ayudarlos. Un niño o joven agresivo expresa la necesidad de ser ayudado a través de su conducta.


Ratón


1. No ignorar las señales de aviso como aislamiento y molestias sistemáticas de otros niños.
2. Estar alertas a mensajes que en el hogar intimiden, ridiculicen o desvaloricen a los propios hijos (todas ellas formas de rechazo), haciéndolos tolerantes a la violencia y a la exclusión de otros contra ellos.
3. Felicitar sus logros, pues al minimizarlos los invitamos a ser incompetentes o a ser alumnos brillantes, pero a un costo emocional alto. En ambos casos el mensaje es uno solo: “no eres suficientemente bueno para nosotros”.
4. Estar alerta en casa a acciones que perpetuán la pasividad (limitarles la independencia, liberarlos de responsabilidades, sobreprotegerlos, etc.), ello genera inseguridad en su propia capacidad de resolver sus problemas.
5. Observar las interacciones agresivas entre hermanos, verificar qué rol asume cada hijo en esos enfrentamientos y qué sentimientos tienen al final (estar atentos a sentimientos de sumisión o impotencia, o a molestar más para ganar atención de ellos).
6. Estimular respuestas de protección rápidas y seguras frente a la agresión (“No te permito que…”).
7. Conversar con los hijos acerca de lo que es permitido y no permitido en la relación con los compañeros, enseñarles acerca de sus derechos personales o derechos asertivos.
8. Lograr espacios con los hijos para conversar acerca de cómo se sienten y qué los estimula a sentirse así (no basta con respuestas de” bien”, “mal”, o ”más o menos”, es útil ir ampliando el lenguaje que describa sus emociones ). Hay que hacerles notar que sus padres son personas con las cuales pueden contar para hablar, con entera confianza, de lo que sienten y lo que les sucede.

Convertirse en humano es un proceso de aprendizaje de la tolerancia, del respeto y del amor, y un estar alerta a las ofertas de convertirse en dragón o ratón, para despercudirse de ellas. Este proceso de aprendizaje descansa en gran medida en la familia, otro tanto en la escuela y otro en la comunidad.

8/3/11

Quien piensa claro, siente claro

Desde muy niño eres capaz de sacar conclusiones de la interacción con tu mundo, de las experiencias, del contacto con los demás, y de los mensajes que recibes. Así se va generando tu forma individual de pensar y enfocar las cosas, lo cual constituye tu lenguaje interno, el que usas en tus conversaciones contigo mismo. Tú eres la persona a las cual siempre estás oyendo, nunca cesas de hablarte.

Pero, ¿Qué es lo que sueles decirte? ¿Qué has aprendido a decirte? ¿La conversación contigo mismo está llena de pensamientos positivos? ¿O por el contrario llena de pensamientos negativos que no proyectan la realidad?¿Cómo saber si nuestros pensamientos son negativos?


Los pensamientos negativos no se refieren a “malos pensamientos”, aunque sí pueden causar efectos desagradables, éstos suelen:


1) Usar muchas suposiciones no demostrables (“Voy a equivocarme, estoy seguro”).


2) Hablar de la realidad como si fueran catástrofes o dramas (“Es terrible no ser perfecto”)


3) Expresarse en términos de exigencias o demandas (“Los demás deben ayudarme”)


4) Producir emociones negativas de larga duración e intensidad (“Si no controlo todo será un caos”)


5) Interferir con la solución de los problemas o el logro de nuestras las metas (“Será mejor dejarlo para otro día”)


¿Pensar exageradamente puede ser considerado negativo?
Nuestros hijos, al igual que nosotros, también generan sus enfoques del mundo y los usan en sus diálogos internos.


He observado que uno que se presenta con frecuencia es el pensamiento EXTREMISTA. Este tipo de pensamiento se caracteriza por:


1) Ver las cosas en blanco y negro, sin considerar la existencia de intermedios o grises: bueno/malo, feliz/infeliz, amado/odiado, popular/impopular, perfecto/imperfecto, etc. Es un pensamiento de todo o nada, si algo no está perfecto está terrible y fatal. Por ejemplo: Papá me llama la atención, mamá sale en mi defensa, y pienso “mi padre es malo y mi mamá es buena”, me invitan a una fiesta del aula y pienso “soy popular”.


2) Desesperanzarse y abatirse por un solo hecho negativo que ocurre, y concluir que a partir de ello todo saldrá igual de mal o equivocado. Las palabras con las que suelen empezar estos pensamientos son: “siempre” o “nunca”, por ejemplo, salgo desaprobado en un curso y pienso “nunca voy a mejorar en este curso”, no encuentro mi hoja de trabajo para una tarea a entregar al día siguiente y pienso “ya repetí el año”.


3) Una pequeñez negativa oscurece los otros aspectos de la realidad, como un pequeño punto negro en una hoja blanca, como un poco de tinta negra en el agua clara, por ejemplo: comienzo una exposición con un error y pienso “ya fregué todo”, o sólo hay un compañero a la fiesta donde llego y digo “no la voy a pasar bien, esto va a estar monse”.

Me he dado cuenta de que esto me pasa a mí… pero también a mis hijos. ¿Qué puedo hacer frente al pensamiento extremista?


Así como te hablas, así sientes, actúas y decides. Nuestro lenguaje extremista tiene un poder tremendo en nuestra autoestima, a través de él podemos, programarnos para fracasar, perder, desesperarnos, juzgarnos y sancionarnos, descalificarnos, desvalorizarnos o angustiarnos.
Es prioritario, por salud emocional, aprender a modificar nuestros pensamientos para hacerlos más realistas, proporcionales a lo ocurrido y más estimulantes para enfrentar las situaciones o alcanzar nuestras metas.


1) En la vida no hay absolutos: entre el blanco y el negro tenemos una serie de matices extraordinarios. Nadie es completamente infeliz o feliz, bueno o malo, amado u odiado, popular o impopular, todos tenemos un poco o algo de todo. En lugar de calificar a la experiencia desde una visión total (“todo me sale mal”) es mejor optar por un visión puntual (“no me fue bien en el coloreo”, “creo que no expresé con claridad lo que le quise decir”). También ayuda mucho a evitar las calificaciones extremistas, medir en porcentajes el concepto que usamos, por ejemplo: si piensas “soy un completo inútil” podrías decir “soy un 30% inútil”.



Además ¿para qué esforzarse en hacerlo todo bien y perfecto? O ¿lo mejor posible y más aún?, mejor solo hacer esfuerzo en las cosas que son importantes y todo lo demás solo hacerlo, y disfrutar de aquello que nos gusta y vale la pena.

2) Si te sientes derrotado, busca pruebas –a ver si encuentras- que evidencien que siempre va a ser así. Por ejemplo: Cambia el pensamiento “nunca voy a ser feliz” por “hoy ha sido un día difícil” o “esta semana ha sido dura”. Convierte lo aparentemente estable en temporal.


3) Cambia el radar que selecciona sólo lo negativo y el error, para que alcance a todo el panorama. Considera que si usas contigo mismo el radar negro, lo más probable es que afectes tu sensación de valor personal, y para los otros será difícil valorar a alguien que no se valora.


4) Ten en cuenta un listado de tus habilidades y cuando tengas la tentación de usar tu radar negro, léela o recuérdala. Agradece cuando alguien te haga un cumplido, acéptalo como parte de la percepción positiva que el otro tiene de ti, quizá has hallado una nueva habilidad para poner en tu lista.


La salud mental no solamente se construye acumulando experiencias agradables, creándolas y viviéndolas intensamente. Es fundamental también tener pensamientos e interpretaciones claras y realistas acerca de lo que experimentamos, pues quien piensa claro, siente claro también. Enséñales a tus hijos a hacer lo mismo.

17/10/10

La moda es estar flaca

Bombardeadas por mensajes de “la moda es estar flaca”, las chicas pueden llegar a desarrollar una imagen distorsionada de su cuerpo, viéndose a sí mismas gordas, a pesar de llegar a estar peligrosamente delgadas. Cuando comparan la propia imagen corporal con el ideal interiorizado, surgen sentimientos de insatisfacción, ansiedad y una necesidad compulsiva de cambio físico.

Entonces, aparecen los trastornos (anorexia o bulimia), las jóvenes recurren a dejar de comer, a someterse a purgas mediante vómitos, diuréticos o laxantes; realizar ejercicios físicos de manera compulsiva o desgaste de zonas específicas de su cuerpo, poniendo en peligro su salud física y psicológica. Los adolescentes varones también pueden presentar estos trastornos, aunque en menor número.

Debemos estar alertas a los signos que nos indican que nuestra hija puede estar desarrollando un trastorno de este tipo, estos signos sugieren que se puede haber instalado una asociación estrecha entre delgadez y bienestar emocional. Algunos que voy a mencionar se detectan al dialogar y al estar atentos a sus emociones:

•Preferir comer a solas.
•Contar las calorías o gramos de grasa en los alimentos.
•Decir que se siente gorda, a pesar de no ser así.
•Realiza dietas excesivas.
•Comer grandes cantidades de alimento en un periodo corto de tiempo.
•Inducirse a vomitar después de comer o tomar algo.
•Pesarse varias veces al día.
•Manifestar tristeza o desagrado cuando se observa en el espejo.
•Comer cuando está ansiosa, deprimida o se siente sola.
•Hacer ejercicio en exceso.
•Utilizar laxantes, pastillas para bajar de peso o diuréticos cada semana.
•Sentirse frecuentemente deprimida o infeliz consigo misma.
•Considerar como muy importante el tema del peso en sus conversaciones con el grupo que la rodea.
•Observarla preocupada o con sentimientos de culpa acerca de lo que come y cuánto come.
•Aislarse de la familia y los amigos. Dejar de participar en actividades que solían ser de su agrado.
•Alterarse cuando hacemos comentarios relacionados con su alimentación
•Manifestar que siente que otros lo presionan para que adelgace.
•Expresar de alguna manera que el peso es una de las pocas cosas en las cuales puede tener control. Expresar que las personas pueden “meterse” en todo, menos en lo concerniente a su alimentación.

¿Qué podemos hacer los padres para prevenir estos trastornos?
Oriente a su hija para que:
•Reconozca y exprese sus sentimientos.
•Identifique sus necesidades propias y las satisfaga sin perjudicar a otros.
•Aprenda a vestirse cómodamente, antes que a la moda.
•Rompa el hábito de comparar su apariencia con la de los o las demás.
•Acepte su cuerpo, lo cuide y lo quiera.
•Acepte que nadie es perfecto y que toda persona comete errores.
•Cuando se mire al espejo, se asegure de percibir qué es lo que le gusta y se lo recuerde a sí misma.
•Cuando conozca a otros se centre en algo concreto al margen de su apariencia: esforzarse por ser interesante, ingeniosa, agradable o receptiva.
•Elogie a las personas por otras razones que no sean la apariencia física.
•Cuide entrenamientos y dietas, sobre todo si es atleta.
•Evite hacer dietas sin el consejo de un médico.
•Participe en las comidas familiares que estrechan los lazos de afecto entre los miembros.
•Rechace la moda de la delgadez como una llave al éxito y a la aceptación social.
•Critique aquellos mensajes (en medios de comunicación o a su alrededor) que la hagan sentir mal con su cuerpo y su aspecto.

Por otro lado, hay que:
•Estar alerta a los mensajes que le damos a nuestra hija, que de alguna manera la programen o estimulen a la delgadez como patrón de salud o como medio de aceptación social: “Si sigues comiendo así, te vas a convertir en una gorda”, “Deja ya de comer, después no te quejes si no te invitan a…”, etc.
•Observar en nosotros mismos, si como personas estamos muy pendientes de nuestra figura, y eso puede también crear una expectativa en nuestra hija.
•Velar porque la familia consuma alimentos sanos.
•Evitar sobredimensionar la apariencia física de su hija como factor de valor personal, apréciela por lo que es, más que por la forma en que luce.
Los trastornos alimenticios provocan un deterioro de la autoestima, de los sentimientos de independencia y del control de la propia vida, de los vínculos familiares y sociales y pueden, incluso, provocar la muerte.
Por ello es importantísimo observar y detectar sus signos a tiempo, dándoles su real magnitud. No sirve de nada encubrir el problema.